domingo 11 de abril de 2010

INFERNO de Roberto Ramos Perea

ROBERTO RAMOS-PEREA



INFERNO


Inspirado en la Primera Parte de
La Divina Comedia de Dante Alighieri.
© Roberto Ramos-Perea 2006
Derechos Reservados por la Ley

A mi hermano Santiago Martín Bermúdez,
uno de los mejores dramaturgos de España
y un Dante, como yo

San Juan, Puerto Rico
2006


Se estrenó el día 9 junio de año 2006, Teatro del Ateneo, San Juan, PR como parte del XXIX FESTIVAL DE TEATRO DEL ATENEO PUERTORRIQUEÑO
en dirección del autor.

Reparto en orden de aparición:
Beatriz....................................Naymed Calzada
El Senador............EDGAR QUILES FERRER
La Beba...............................Paloma Gutiérrez
Dante Casanova, poeta.......WILLIE DENTON
Julia de Burgos, poeta..............Melissa Reyes
Mariposa, poeta.........................Phannie Díaz
El Agente...........................Luis Javier López
El Bartender........................... Doel A. López
El Crítico posmoderno................ David Ávila
DVD Man, pornógrafo.......ADRIÁN GARCÍA
Caronte................................... Doel A. López
Paolo..............................Víctor Manuel Vélez
Francesca.........................Jessyka Rodríguez
El Bichote...............Nelson Alvarado Jiménez
El Reverendo...........................Luis A. Bordoy
ÉL....................................Jessyka Rodríguez
Las almasperdidas........Verónica Rubio, Lourdimar Martínez Nadal, Julia Malavet, Julia Pizarro,
Ricardo M. Santiago, Johannes Ortiz,
Marihíta Cruz, Luis A. Bordoy.
Los agentes.......Víctor Manuel Vélez, Doel A. López


Personajes:
Dante Casanova, poeta
Julia de Burgos, poeta
Beatriz
Su Marido, el senador
La Beba
El Bichote
Paolo
Francesca
El Crítico
El Reverendo
Mariposa, poeta
DVD Man, pornógrafo
El Agente
EL
Caronte
El Bartender
Las almasperdidas
Los agentes

ACTO PRIMERO

Una voz de mujer recita un poema de Julia de Burgos.
De la oscuridad del teatro sale Beatriz huyendo de su marido con un libro en la mano. Este la alcanza, la hala por el pelo y le da una violenta bofetada con la que ella cae al suelo. Ella se voltea a defenderse pero el hombre, en violenta iracundia, saca un revólver, lo carga. Apunta a Beatriz, luego de una pausa, en la que Beatriz acepta su destino, el Marido dispara. Entra La Nena, se detiene. Mira fríamente.
LA BEBA: Ahora dame el dinero. (El Marido no contesta.) ¡Yo cumplí mi parte, cabrón! ¡Dame el dinero o te mato!
MARIDO: ¿Por qué me hiciste esto, Beatriz? ¿Por qué las mujeres traicionan así a los hombres?
LA BEBA: Bueno que te haya pasado... ahora dame el puñetero dinero. ¡Avanza! ¡Dime donde está!
MARIDO: ¿Por qué, Beatriz? (Comienza a llorar como un niño, se lleva lentamente la pistola a la boca)
LA BEBA: ¡No! ¡No! (Un disparo. Todo a negro. Se escucha la voz dulce que recita a Julia de Burgos y luego una sirena a lo lejos.)
(Una luz azulosa ilumina a Dante. De 40 años, fuerte y alto, de piel negra y rostro duro, vestido con la elegancia de un artista moderno.)
DANTE: Beatriz es mía.
(Camina despacio hasta el lugar donde la música, algo alta, hace bailar en desenfreno a algunos como en un caldero infernal. Diferentes luces breves irán cayendo sobre los personajes.
Aparece Julia de Burgos que lo observa desde alguna esquina. Julia es muy joven, 24 años quizá. Está vestida con un traje modesto de los años 50 y peinada de la misma forma. Lleva un pequeño libro en la mano, su libro, “El Mar y tú”. Dante parece cruzar una breve mirada con ella, pero en su tribulación, llega a la barra y pide un trago.
Luego de ser servido, la vista de Dante se enfoca en El Agente; un hombre de baja estatura, negro, de gafas. Vestido pulcramente, que lo observa desde una esquina. Dante decide caminar hacia él, pero la gente que baila se lo impide. El hombre ha desaparecido a una segunda mirada.
Dante da la vuelta y se dirige al baño. En la misma puerta del baño, Paolo y Francesca, apretujados en un rincón, con las ropas semiabiertas, se besan con intensa pasión. Dante los ve, ellos lo miran, pero continúan. Paolo en suprema lujuria, baja su bragueta y con la otra mano levanta la corta falda de Francesca y la penetra delante de Dante sin ningún disimulo. Francesca goza y ríe y se deja ir. Dante se voltea, aprehensivo y regresa al bar.
Una joven mujer, Mariposa, vestida de negro ajustado, de pelo recogido en una banda roja, fumando agitada, presa de noches desveladas que se muestran en sus ojerosos ojos, discute con el bartender.
MARIPOSA: Otro, te digo.
BARTENDER: No. ya tuviste suficiente.
MARIPOSA: (A Dante.) ¿Y tú, qué me miras? ¿Me conoces?
DANTE: Sé que eres poeta.
MARIPOSA: Fui poeta.
BARTENDER: Y ahora es una borracha. ¡Vete a tu casa!
MUJER: (Intensa y rabiosa.) ¡Dije que me sirvas otro!
BARTENDER: ¡Y yo digo que te largues de aquí ahora!
MUJER: Maldito maricón, ¡si pudiera te mataba aquí ahora mismo! (Tira el vaso contra la barra y va a salir)
Julia de Burgos a visto a Mariposa dando severos traspiés. Se le acerca, la toma en brazos, la obliga a mirarla. Mariposa mira sin comprender, y luego suelta un llanto apagado pero poderoso. Dante ha visto todo esto. Julia, luego de mirar a Dante, saca a Mariposa del Bar.
Sorpresivamente, el crítico, un amanerado hombre delgado de unos 40 años, bien vestido, con una corbata escandalosa, maquillado como mujer y con una larga peluca rubia femenina, llega junto a Dante.
CRITICO: ¡Hola!
DANTE: (Mirándolo brevemente) ¿Ahora me hablas?
CRITICO: Voy a decírtelo en una sola frase, y lo más cordial que puedo. Tu nuevo libro es una mierda grande y apestosa. Vomité sobre cada verso. Jamás en mi vida había leído tanto excremento llamado “poesía”. ¡De veras! Eres el peor escritor de esta maldita colonia y te pido encarecidamente, que no le hagas tanto daño a la pobrecita literatura puertorriqueña, digo, si es que existe tal cosa. ¡Versos patrióticos y versos de Amor, a estas alturas! ¡Deconstrúyete! Ese hiperrealismo cotidiano de la nación elusiva, ¡qué poroso! Eres una impostura subvertida, un vago sujeto sin discurso. No tienes idea de lo difícil que fue para mi escribir los míseros tres párrafos que mi periódico me obligó a dedicarte. Retírate de la literatura, niño, por Dios... y hazlo en silencio. Chao. (Sale a bailar.)
BARTENDER: ¿Le repito el trago, profesor? (Dante asiente, sonriendo, y el bartender hace lo propio.)
El “DVD man” se acerca a Dante. Es un hombre viejo, de greñas blancas. Mal vestido y sucio, pero sin parecer vagabundo. Fuma despacio. Trae unos DVD caseros en la mano.
DVD MAN: ¿Qué le pasa, maestro? Está como triste, ¿le pasó algo?
DANTE: No.
DVD MAN: P'a que se alegre, tenga... mire... baratos, a $20. DVD. Este tiene... sabroso, maestro... como de trece añitos... mantequilla... a $20. DVD, a $20. Y este de acá, la grabó un panita mío con una nena, prietita, como de 12... en este se vale tó, maestro. A $20. DVD. A $20... las tengo más nenas, si quiere... (Dante ya no puede más y sale.)
(Entra el Bichote, empujando a La nena, quien viene rabiosa y peleando a gritos.)
LA BEBA: ¡Puñeta mano, te juro que busqué por toda la casa! El mismo día que él la mato.
BICHOTE: De eso hace una semana. Tuviste tiempo de más pa' robarme, cabrona.
LA BEBA: ¡No! Cangri, ¿Cómo te voy a robar a tí? ¿Tú eres loco?
BICHOTE: Soy el rey de los locos.
LA BEBA: Te juro que no te robé, coño, mátame si quieres, haz lo que quieras conmigo... pero yo no te robé esos chavos.
BICHOTE: (Saca la pistola.) Si te mato, cabrona, nadie me va a decir dónde están los chavos.
LA BEBA: Papito, yo nunca los vi, él los tenía, el me los iba a dar pa` tí.
BICHOTE: Tú sabes dónde están... no me lo quieres decir... así que te meteré un tiro en una pata, otro en el brazo... después te cortaré los bembes de la crica con una gen... ¡qué se yo!
LA BEBA: No... no...
BICHOTE: Qué jodienda, porque yo te quiero, puta. Te tengo cariño y eso es algo que yo no le doy a nadie.
LA BEBA: Papi... papi, mi chulo...
BICHOTE: Uno se pasa la vida perdiendo cosas... dejando que te roben. Los que más uno quiere se aprovechan de uno. Tienes algo... alguien siempre te lo quita. Y entonces tienes que matar al que te roba pa' que aprenda, pero la cosa es que después que lo matas, lo que te robaron no vuelve... la venganza es una mierda, nena... son muchos chavos, medio milloncito... Tu coges el gatillo así, mira mai, así... aprietas el deo un poquito pa darte babilla, ¿vihte?... apuntas a la cabeza de la rata que te robó y si a la rata le explotan los sesos, el fantasma del cabrón... o de la cabrona... no te va a decir donde están los chavos... ¡porque la vida solo es una! Y es una mierda. Una mierda. ¿Dónde están los chavos? (Le pone la pistola en la cabeza.) ¿Dónde? A la una... no me dejes contar, coño, que yo te quiero. .
LA BEBA: El me dijo que Beatriz, su mujer, sabía de los chavos.
BICHOTE: ¡Pero su mujer está muerta también!
LA BEBA: El amante. El que la preñó... el negro ese... ¡ese negro debe saber! Ella debe habérselo dicho.
BICHOTE: Estás inventando. Dímelo, Nena. A las dos...
LA BEBA: (Saca un revólver de su minifalda y le dispara al Bichote en su pecho. Este cae, sentado, mirándola.) A las tres... (Huye.)
(Luz de recuerdo. Beatriz y Dante miran las estrellas.)
DANTE: Es muy fácil ser romántico.
BEATRIZ: (breve sonrisa.) Es muy fácil ser estúpido.
DANTE: ¿Es estúpido que te ame tanto?
BEATRIZ: Yo no soy pura, Dante.
DANTE: No quiero tu pureza, te deseo a ti.
BEATRIZ: Ya me has tenido. ¿Qué más quieres?
DANTE: No lo sé.
BEATRIZ: Entonces, para saberlo, deberás perderme.
Beatriz se pierde en la sombra. Oscuro dulce.
VOZ DE DANTE: A la mitad del camino de mi vida, me encontraba ante una selva oscura, porque había perdido el rumbo...
DANTE: (Luz repentina sobre él. Gritando.) ¡No puedo perderte! (Suave) He perdido tanto, he sufrido tanto por perder... Todos los días se llora lo que se ha perdido. Todos los días perdemos...
LA BEBA: (Aparece, pistola en mano, siguiendo a Dante. Dante la mira un momento.) ¿Cómo te llamas?
DANTE: ¿Por qué tengo que decirte?
LA BEBA: Porque voy a matarte.
DANTE: ¿Por qué?
LA BEBA: ¿Donde están los chavos?
DANTE: No sé de qué hablas.
LA BEBA: ¿Donde están los chavos? Ella tiene quien habértelo dicho.
DANTE: ¿Quién?
LA BEBA: Beatriz, la mujer del senador. ¡Tu amante, pendejo!
DANTE: Te juro por lo más sagrado, qué no sé de qué hablas.
LA BEBA: (La Nena apunta) ¿Donde están los chavos? Dime o te mato.
DANTE: Si yo lo supiera, no deberías matarme.
LA BEBA: ¡Dime, cabrón, dime! (Le apunta histérica. Se escucha un disparo, la Nena recibe el impacto y cae. Dante corre hasta ella, y ve como la una sombra en la noche se escapa. El trata de seguirla. Sirenas a los lejos. Entran Julia y Beatriz.)
BEATRIZ: Mi querida Julita de Burgos. Yo te escojo. Yo tenía tu libro entre mis manos cuándo mi marido me disparó. Buscaba en tus poesías la razón de ser mujer.
JULIA: Eso no me halaga. Muchos hombres también me mataron. Mi vida no fue... virtuosa.
BEATRIZ: ¡Pero fue vida!
JULIA: Beatriz, por favor... ¡Yo no puedo hacer que tu amante abandone sus deseos por ti! Lo he visto. Él...
BEATRIZ: ¡Se hace daño! ¡Y me hace daño! Cada lágrima que derrama por mí, es un puñal que me abre en dos el alma.
JULIA: No puede pensar si no te nombra. Te mira en cada mujer que se le acerca, grita tu nombre en la noche... ¡está vivo, Beatriz! Y los vivos sólo aspiran a tener, a poseer...
BEATRIZ: (Para sí.) Dante amado. Libérame.
JULIA: ¿Crees que yo no sé lo que se sufre por amar así?
BEATRIZ: ¡Ayúdalo! Llévalo a mi, libre de sus deseos y de sus culpas.
JULIA: ¡Deseo y culpa! Eso no es poca cosa.
BEATRIZ; ¡No quiero que me llore más!
JULIA: ¡Hay lágrimas de Amor que son un mar!
BEATRIZ: Yo sólo quiero verlo libre.
JULIA: Quien está vivo, no entiende el desapego.
BEATRIZ: ¡Pues tendrá que intentarlo!
JULIA: ¡Es como si lo mataras!
BEATRIZ: ¡Quiero que se perdone!
JULIA: El mal Amor no perdona.
BEATRIZ: ¡Y el mal Amor asesina! Y de eso sabemos mucho las dos. (Pausa.) ¡Quiero que se perdone las miles de veces en que sus deseos pudieron más que su razón! En que sus pasiones pudieron más que su paz. ¡Enséñale a que me olvide! Porque es en ese olvido, donde siempre me encontrará.
JULIA: A pesar de todo... lo que me pides es muy hermoso.
BEATRIZ: Solo tú podrás hacerlo.
JULIA: Pero para conseguirlo, mujer... ¡hay que atravesar el infierno!
BEATRIZ: ¡El primer infierno del hombre es su propio deseo!
JULIA: ¿Y cómo yo... que fui la mujer que más deseó... podría lograr que un hombre deje de hacerlo?
BEATRIZ: Cuando Dante vea los estragos del mal Amor, del deseo... sabrá que esa no es la senda. Dante está a la mitad de su vida. Su corazón es una selva oscura, y debe encontrar el camino. Ayúdalo a cruzar este infierno.
JULIA: Sólo si tú vas tras de mi.
BEATRIZ: Está bien. Pero hasta que no llegue al final de su viaje, él no podrá verme. Si me ve o me habla antes de completar su camino, ¡tendrá que volver a empezar! Tendrá que dedicar otra vida suya, ¡a olvidarme!.
(Julia acuerda con una sonrisa y junto a Beatriz salen hasta Dante que bajo una luz cegadora se lleva las manos a los ojos.)
BEATRIZ: Dante... Dante... ¿todavía me amas?
DANTE: Ven... déjame verte.
BEATRIZ: Eso no será posible por ahora.
DANTE: Beatriz... ¿Cómo puedo vivir si no estás? ¿No debería yo haber muerto en tu lugar? ¡Déjame verte!
BEATRIZ: Dante querido... deseo intenso me hizo seguir tu voz, soledad poderosa me hizo creer en tus promesas... despecho terrible y hasta vergüenza de mi misma me llevaron a tu cama...
DANTE: ¿Por qué dices eso?
BEATRIZ: Y he tenido que morir por manos salvajes, para saber que hay un Amor que libera, un Amor que sana, el Amor amigo que no fallece nunca, el Amor único y verdadero, que es el Amor que no parece Amor, sino olvido...
DANTE: ¿Me pides qué te olvide cuando sólo vivo por ti?
BEATRIZ: Si esta que fue pobre mujer, apegada, vergonzosa, sucia de pasiones...
DANTE: ¡Eran también mis pasiones!
BEATRIZ: Si esa mujer que fue perezosa, torpe, engañadora, infiel...
DANTE: ¡Eras un ángel!
BEATRIZ: Si esa mujer que fue desconsiderada, egoísta, loca...
DANTE: ¡Beatriz no!
BEATRIZ: Si fue esa la única razón de tu existencia... ¡qué terrible vida te esperaba! ¿Y como puede alguien tan brillante como tú, escoger Amor de tan mala manera?
DANTE: Nunca fuiste eso para mi. ¡Y si lo fuiste, yo soy peor!
BEATRIZ: Creaste una imagen de Beatriz que nada tenía que ver con el Amor. Moldeaste a tu manera mi figura, impusiste sobre mis demonios, los ángeles de tu necesidad. ¡Ay, Dante, no hay peor cosa que un hombre que se engaña a sí mismo!
DANTE: Cuanto quisiera en este instante meterme un tiro en la cabeza, envenenarme, cortar mis venas... ¡sólo para mirarte a los ojos y decirte cuánto mientes!
BEATRIZ: ¡Porque te amo más que a nada, te libero!
DANTE: Ni siquiera Dios, si es que existe... puede liberarme de ti.
BEATRIZ: Porque te amo más que a nada, te pido que me olvides, ¡que no me desees más, Dante!
DANTE: ¿Cómo se puede amar sin desear?
BEATRIZ: Porque te amo más que a nada, velaré por tí.
DANTE: ¿Cómo demonios se puede amar sin condiciones, sin apegos, sin las malditas pasiones que no hacen humanos, que nos hacen sentir vivos y vibrantes?
BEATRIZ: ¿Y tú crees que siempre vas a ser “humano”?
DANTE: Yo daría la salvación de mi alma, por volver a sentir el sabor de tu boca.
BEATRIZ: En este momento mi boca es un podrido criadero de gusanos.
DANTE: ¡Estoy vivo! ¡Late! Siéntelo... se agita violento. ¡Mi respiración... un poco más y es huracán! Mi mirada de fuego... mi piel caliente... mi boca es un mar de ti... Beatriz, ¡te deseo más que a la vida! ¡No eres mi piedad! Eres mi maldición, mi bendita maldición que acepto como el regalo más glorioso que haya podido darme la existencia. ¡No me pidas que deje de ser humano! Eres mía, Beatriz, ¡mía, por siempre! (Se voltea a mirarla.)
BEATRIZ: Porque te amo más que a nada, tengo el deber, ¡tengo el Amor... ¡de enseñarte a amar! (Desaparece.)
JULIA: Para aprender esa lección, deberás atravesar el infierno.
DANTE: ¿El infierno? ¿Qué peor infierno que el que acabo de sentir?
JULIA: . Caminarás conmigo. Podrás preguntar lo que quieras, podrás decir lo que quieras, podrás incluso llorar y temer, y créeme que lo harás... pero de cada cosa que veas... de cada grito y dolor que oigas, construirás una nueva definición de Amor.
DANTE: ¿Cómo te llamas? ¿Por qué te escogió ella para guiarme?
JULIA: Escribí versos, como lo haces tú. Y soy una mujer que deseó mucho. Eso te bastará por ahora. Sígueme.
DANTE: ¿Está Beatriz con nosotros?
JULIA: Justo a tu lado. Pero recuerda, no puedes mirarla y sólo le hablarás a través de mi.
DANTE: ¿Por qué?
JULIA: ¿Cómo puedes olvidar si recuerdas todo el tiempo? Ven.
(Música. Cambio de luz. Se ilumina la entrada del Infierno.)
DANTE: Pensé que hablabas de un infierno metafórico, de un infierno personal, íntimo... no de un lugar real.
JULIA: (Ríe suave.) Dime poeta, ¿te has preguntado porqué hacemos metáforas?
DANTE: Porque la realidad es muy dura hay que embellecerla.
JULIA: Hacemos metáforas porque sabemos que no existe la belleza. Solo es cierto nuestro deseo de que exista. Que todo es duro y es simple. Pero más que nada, es real. Sí, Dante, el infierno no es una idea, no es un verso, no es un pensamiento. Es un lugar que algunos se merecen. Y esta es su entrada.
DANTE: (Leyendo) Por mi se va a la ciudad doliente,
por mi se va al eterno dolor, por mi se va a la gente condenada....
¡Los que aquí entren, abandonen toda esperanza!
(Para sí) ¡Abandonar toda esperanza! De sólo pensarlo me estremezco.
JULIA: Aquí es donde se empieza a temer. Sígueme.
(Música. Se escuchan gritos y alaridos de gentes. Comienza a verse una neblina oscura y un pequeño barco, sobre el que Caronte, un hombre, lleno de tatuajes, peludo y de rostro animal, abate con sus remos a algunos que tratan de subir.)
CARONTE: ¡A la mierda, maldita peste! (Golpea con un remo a los que tratan de subir) Fuera, saquen sus asquerosas manos de mi barca... inmundos pellejos, ¡Mierda humana! Aquí no suben sin pagar, cabrones, malditas putas, escoria.... (Al ver a Dante, Julia y Beatriz que se acercan) ¿Y ustedes... a qué vienen? ¿Ya se les asignó su número? ¡Tú estás vivo! ¿Qué quieres aquí? ¿Quién te dejó entrar?
JULIA: ¿Podrías llevarnos al otro lado del río?
CARONTE: Maldita puta... ¿qué te crees? ¿De qué vivo? ¿De qué como? A la mierda... y este vivo... que busque un barco más fuerte que el mío si quiere pasar.
BEATRIZ: Tu nos llevarás.
CARONTE: ¿Quién lo manda?
BEATRIZ: ¡El Amor! El Amor... que es quien más manda.
CARONTE: ¿Crees que hay ley de Amor en el infierno?
JULIA: ¿No te gustaría averiguarlo? (Caronte gruñe.)
CARONTE: ¡Mierda Amor! Peste Amor... amargo Amor...
JULIA: ¡Pero Amor al fin!
CARONTE: (Pausa.) No soy responsable de lo que pase. Suban...
LA BEBA: (A Caronte que la mira inquiriendo.) Tengo mi número... (Le enseña la palma de la mano. Caronte asiente y La Beba se monta en el barco. Julia y Dante suben al bote.)
JULIA: (A Beatriz)¿No subes? Dijiste que irías conmigo.
DANTE: ¡Dile que no me abandone! (La busca. Julia se interpone para que Dante no la vea.)
BEATRIZ: Estaré cerca... ¡pero no me busques, no me pienses! Te lo suplico. (Desaparece.)
LA BEBA: ( A Julia.) Dile a tu novio que no me mire. ¡Díselo!
CARONTE: ¡Nos vamos!
(El bote es impulsado por aquellas almas perdidas que eran azotadas por el remo de Caronte. El viaje se realiza en medio de una música mortal de tambores y agudos. La voz de Caronte se escucha violenta.)
CARONTE: ¡No toquen mi barca! Fuera, cabrones, putas sucias, escoria, ¡Fuera...! ¡Fuera...!
ALMAPERDIDA 1: ¡Dános al vivo!
ALMAPERDIDA 6: ¡Mi hijo, dime cómo está mi hijo!
ALMAPERDIDA 2: ¡No lo dejes entrar!
ALMAPERDIDA 3: ¡Caronte cabrón, dános esa carne!
CARONTE: ¡Silencio ratas inmundas!
ALMAPERDIDA 2: ¡Nos va matar a todos!
CARONTE: ¡Ustedes ya no pueden morir más, hijos de puta!
ALMAPERDIDA 4: ¡Tenemos hambre!
ALMAPERDIDA 5: ¡Déjanos salir, quiero salir!
ALMAPERDIDA 6: ¡Mi hijo, quiero a mi hijo!
VARIAS ALMAPERDIDAS A LA VEZ: ¡Sacanos de aquí!, ¡Mi hijo!¿Dónde está mi hijo?¡Nos mata! ¡Está vivo! ¡Tengo hambre!
CARONTE: ¡Silencio escoria! ¡Silencio ya!
(Las almas perdidas que empujaban el bote se silencian y siguen empujandola a resistencia.)
CARONTE: (A Dante.) ¡Ahora que estás entre los muertos... ahora vas a saber lo que es la vida! ¡Aprovéchalo, poeta! (La barca llega a su destino. Dante y Julia salen de ella y caminan unos pasos. Caronte ve a La Beba que no se mueve de su lugar.) ¡Tú, puta! ¿Qué pasa que no sales? Tienes un número, sabes dónde ir. Vamos, mueve tu asqueroso culo. (La Beba lo mira enfurecida y salta del barco huyendo en las sombras.) ¡Por ahí no se va a tu número imbécil! Malditas putas... (Caronte desaparece y las almas perdidas, se unen a otras que abrazándose y tocándose van por el camino en extremo dolor de lujuria.)
(La terrible música de la travesía es sustituída por una música melosa de saxofón y la voz seductora de una mujer que canta en un incomprensible inglés. Una caravana de almasperdidas, se retuerce una contra otra, en ansiosa pero débil lujuria.)
DANTE: ¿Y esto que oigo?
JULIA: Los deseos traen su propia música. Este balcón que ves a la misma entrada del Infierno, Dante... es el primer lugar del dolor: la carne. Carne que busca saciarse en sí misma y en la de otros.
DANTE: ¿Por qué algo tan hermoso como un roce, un beso, una caricia... puede ser tan doloroso?
JULIA: ¿A quién besas cuando besas? ¿A quién tocas cuando tocas?
DANTE: (Confundido.) ¿No es el cuerpo lo que entregamos cuando el alma rebosa de Amor y de ternura?¿Qué otra cosa tenemos para decir Amor?
JULIA: Yo sólo preguntaba.
DANTE: ¿Y por qué están todas estas almas aquí si su única falta ha sido amar con sus cuerpos?
JULIA: ¿A quién amas cuando amas? (Julia se retira un poco de Dante.)
DANTE: ¡Poeta, no me dejes solo!
JULIA: Mira esos dos. ¿Los reconoces? Estaban allí aquella noche. Los viste. (Paolo y Francesca se separan del grupo. Con las ropas semiabiertas y sin que su desnudez sea el signo de su desgracia interior, sus dolorosos cuerpos se entorbellinan uno contra otro, con el castigo evidente de que no pueden mirarse a los ojos nunca.)
PAOLO: (Recita de un libro, por lo bajo: el Poema 15 de Pablo Neruda.)
FRANCESCA: (Comienza a hablar con él como trasfondo.) No me perdona el Amor, ...ni yo misma me perdono. ¿Quién eres que puedes mirarme y yo mirarte?
DANTE: ¡Soy un poeta!
FRANCESCA: Pues entonces eres un asesino y no es éste tu lugar. (Inicia mutis)
DANTE: ¡Espera! ¿Asesino?
FRANCESA: Oh, sí. El asesino que carga el arma más poderosa... las palabras. (A Julia.) Y de esto tú pareces saber, chiquita...
DANTE: ¿Por qué estás aquí?
FRANCESCA: Fui asesinada. (Señala a Paolo, que se detiene un momento y luego continúa.) No por su mano, sino por su culpa. Este muchachito es mi cuñado. Vago, sentimental, deprimido y solo. Se metía en mi casa todo el día para escaparse conmigo en las noches. Ambos huyendo de la vista de su hermano, mi esposo. ¿Y cómo lo lograba? ¿Cómo me conseguía? (Paolo cierra el libro.) ¡No! No pares, sigue... vamos poeta, dile que siga... (Paolo continúa otro poema de su libro.) Un noche... un noche sacó ese oscuro libro que nos persigue con sus canciones desesperadas.
DANTE: ¡Son poemas de luz!
FRANCESCA: ¡Son puñales! ¡Venenos!
DANTE: ¡No culpes a la poesía por tu debilidad!
FRANCESCA: ¡Palabras... palabras de lo hombres, malditas trampas lujuriosas!
DANTE: Amor, escrito en fuego en el corazón...
FRANCESCA: Sí... sí, y entonces... (Ríe suave, luego se va acercando a Dante en seducción.) Ya no oigo palabras, solo veo labios que se mueven, sonidos que son labios, boca suave y seductora hecha caricia, labios que son besos empujados por palabras... labios, besos, afanes, pasiones, delirios... que van de uno al otro hasta que ya los ojos no van a ningún otro lugar sino a los de él. Mirándonos, mirándonos, así como te estoy mirando ahora, poeta... Mira tú también, ¡mira qué fácil he caído ante tí! Estoy en tus brazos, rendida y deseosa por las palabras que ha escrito otro, ... ay poeta, ¡qué cara es mi debilidad! ¡Qué trágica, qué ineludible, es tu mirada fatal!
DANTE: Pero te estoy mirando con todo mi Amor.
FRANCESCA: ¿Es Amor ese fuego?
DANTE: ¡Sí!
FRANCESCA: ¿Es a mí a quien amas, poeta?
DANTE: (Dudoso.) Sí.
FRANCESCA: Y aquí estoy respondiendo; desnuda, mirándote con los ojos bien abiertos, con el alma abierta, mi cuerpo entero abierto y rendido a cualquier cosa... y entonces por todo lo que tú me deseas, ¡me asesinas! (Llora con intensa alegría.) ¡Y qué feliz era en esa muerte! ¡Qué feliz era en mi mentira! ¡Qué feliz era! ¡Qué feliz!
DANTE: Mujer... ¡perdóname!
FRANCESCA: (Luego de un largo silencio en que Francesca se desliza por el cuerpo de Dante hasta caer al suelo. Llorando.) No hay dolor más grande que el recordar los tiempos felices en la desgracia. (Francesca vuelve a enroscarse en el cuerpo de Paolo sin poder mirarlo.) Adiós, poeta. No me olvides.
DANTE: ¡Perdóname Beatriz! ¡Perdóname todas las palabras asesinas!
(Los cuerpos se pierden en las sombras, mientras la voz de Paolo continua su tenue recitar. Dante llora.)
JULIA: Río Grande... de lágrimas. Llanto grande aún te espera. Vamos.
(Caminan. Dante la sigue desfallecido. Beatriz aparece, despacio mirándolos irse.)
(El grupo de almasperdidas que Dante y Julia atraviesan, comienzan de pronto a reírse en mofa y burla, mientras Dante y Julia se colocan en otro espacio de visión.)
DANTE: ¿Quiénes son estos? ¿De qué se burlan con tanta fuerza?
JULIA: Se burlan de tí.
DANTE: ¿ Por qué? ¿Qué les he hecho?
(Música de strip-tease. Una súbita luz cenital cae sobre el crítico. Vestido grotescamente con ropa interior femenina, ligueros, medias de vedette y una bufanda peluda de colores en su cuello que juega como experto del show bis.)
CRITICO: ¡Poets and playwrights! ¡Poetas y dramaturgos! Ha habido un error radical. Ha ocurrido una desgracia cuántica. Estoy en el sitio equivocado. (Pausa.) ¡Son los poetas y los dramaturgos los que deberían estar AQUÍ! (Pausa.) Es cierto que no me porté bien alguna que otra noche, pero el infierno... es too much. Una desmesura al parecer irreversible. Además nunca creí que existiera este lugar. ¿Cómo puedo estar en un lugar en el que no creo? ¡No existe! ¡Es solo una impostura caótica, un sujeto hiperrrealista de mi imaginario defectuoso! (Pausa.) Este sitio es definitivamente patriarcal y machista. (Pausa.) Quisiera cantar en “kitsch”, pero estoy agotado. (Pausa.) ¡YO SOY UN SOLIPSISTA! Nada de lo que me rodea, existe en verdad. Especialmente la literatura puertorriqueña. (Pausa.) ¡Ah, mira quien vino a visitarnos! Dante querido, ¿te mandaron a mi Club de los escritores consagrados? No, no puede ser. No me han pedido mi valoración. A ver, libros afuera. (Las almas perdidas sacan libros y los abren.)
DANTE: ¿Por qué tengo que escuchar a este imbécil?
JULIA: La historia de los tontos, tiene que mucho que ver con nosotros.
DANTE: (Mirándolos leer y reír. Al crítico.)¿Qué lees?
CRITICO: Tus versos, cretino.
Almaperdida 1: (Con afectación.) “La patria, corona de espinas sagrada, que me lleva al más deseado calvario...” (Risas.)
Almaperdida 2: Amor que asfixia, Amor que trastorna, Amor que salva... (Risas.)
Almaperdida 3: “Dejaste tu Amor en mi Amor como una sombra mustia sobre otra...” (Risas.)
Alma perdida 5: “Tu Amor, Beatriz, que es mi perfección.” (Risas.)
JULIA: (Al ver que Dante se inquieta.) Tranquilizate.
CRITICO: Y tú, puta... ¿Quieres algo de lo tuyo? ¡Ahí te va, pendeja!
Almaperdida 4: “Ya las gentes murmuran que soy tu enemiga porque dicen que en versos doy al mundo tu yo...” (Risas.)
Almaperdidas 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7 y 8: “Mienten, Julia de Burgos, mienten!”
CRITICO: ¡Valoración! ¡Vamos, niños, Valoración! (Julia enfurecida, sale del lugar, pero no se marcha. Dante se acerca al crítico.) ¡No te vayas, mi linda, que no he terminado contigo, putita borracha!
DANTE: ¡Ya basta!
CRITICO: ¡Ay, Dante, Dante! ¡Admítelo ya! Es poesía pasé. Hueca, sin forma. Pura emoción con demasiado contenido. No hay fricción, no hay ruptura, no hay innovación estructural, no hay nada que no se haya dicho ya... la poesía, como género muerto, todavía sigue ganando imbéciles que la practican. ¡Maldita repetición de palabras inútiles! ¡Palabras, palabras, palabras! Dante... ¿es esto lo que has hecho de tu llamado “talento”?¿Ser poeta? ¡La emoción es mierda!
DANTE: ¡Ser poeta es el oficio más noble del alma! La poesía explica el alma, ¡pero a ti no puede explicártela porque no la tienes!
CRITICO: ¡La poesía es mierda! ¿A dónde te llevó? ¿A ser el maldito esclavo de tus depresiones? ¿A matar a una mujer con tus versos? ¡Maníaco depresivo! (A Julia.) ¡Vamos, tu también, puta esquizofrénica, dime, no me vires la cara!¿De qué te sirvió ser poeta si te recuerdan más por tu puterío que por tus versos? (A Dante.) Y como estabas muerto en vida, ¡me necesitaste, Dante, ¡como el aire!. Mi opinión de tu obra lo era todo para tí. Los demás, lo que piensan los demás... Ustedes dos están más muertos que yo. ¡Muertos de anonimato! (A Dante.) Mira negrito, ven acá. Hagamos un trato. Estoy dispuesto a cambiar mi opinión de tu poesía... y de la de ella, si me ayudas a salir de aquí. ¿Ah? Escribiré tres columnas diciendo lo genial que eres. Diré que la literatura puertorriqueña todavía tiene salvación. ¿Um? Lo diré con tal convicción que parecerá cierto, te lo juro. ¿No te has fijado que un poeta es, lo que un crítico puede decir de él? (Las almasperdidas aplauden.)
DANTE: ¿Te has preguntado por qué el crítico nunca es recordado y el poeta sí?
CRITICO: ¡Parásitos! ¡Ustedes son nada sin mi!
JULIA: Tal vez por eso estás aquí... y no en otro lugar. Vamos, Dante. Tenemos que seguir bajando y ya empieza a hacer frío. (Se cubre con una estola roja. Salen. Beatriz aparece delante del crítico.)
CRITICO: Ah... Beatriz. ¡El motivo de la poesía! No... no eres linda. Eres vulgar.... No. No tengo espacio para tí aquí. (Enfurecido.) ¡Fuera, puta! (Beatriz sale sin decir nada. El Crítico comienza a bailar y desaparece. Mientras las almasperdidas desaparecen por igual y la música se torna triste y melancólica. Dante alcanza a Julia, con la mirada perdida.)
JULIA: ¡Qué lugar desolador! ¡Qué amargura tan viva!
DANTE: ¿Por qué tú?
JULIA: No había otra, lo siento.
DANTE: ¡No!... Por el contrario... caminar junto a ti se me hace inmerecido.
JULIA: ¿Por qué?
DANTE: ¡Tus versos han sido por mucho tiempo mis oraciones!
JULIA: No desvaríes. Aquí no es buena la herejía. (Camina un poco.)
DANTE: Julita... (Julita se detiene.) ¡Alma marina!
JULIA: (Sonríe brevemente) Gracias por tu admiración, poeta. Continuemos.
DANTE: ¡Tú hiciste este viaje antes de mi! (Julia se detiene. Sin mirarlo.)
JULIA: Sí, mucho antes que tú. Lo hice las mil veces que me insultó, que me humilló. Una vez rompió mi ropa de un manotón... estaba borracho. Me había golpeado y salía sangre de mi boca... casi desnuda, de rodillas en medio de la calle, ebria, violada... ¡pensé en Dios! En Dios, Dante. ¿Tu piensas en Dios?
DANTE: No tengo más Dios que Beatriz.
JULIA: (Grita.) ¡Dios! ¡Dios! Mi grito no puede llamar su atención, ni mi pena, ni mi angustia, ni la inutilidad... nada puede hacer que venga cuando estoy enloqueciendo con mis propios versos.
DANTE: ¡Julita!
JULIA: A veces digo “Dios¨ muy bajito, pero no sé porqué lo digo.
DANTE: Se nos escapa sin querer.
JULIA: Me parece que cuando mi boca se entreabre y suspiro dulcemente la palabra “Dios”... el corazón se me destroza en un ensueño delicado, sutil... en un dolor tiernecito que busca la compasión de mí misma. No... no tengo miedo a Dios. Tengo miedo de aquello... ¡en lo que lo hemos convertido!
(El Reverendo -que habla muy rápido- se ilumina de repente. Junto a él, una silla alta, sentada en ella, algo indecorosamente de espaldas al público, Beatriz.)
REVERENDO: ¡Aleluya! ¡Gloria al señor Dios, todopoderoso! Pasa, te estaba esperando. Dios me dijo que vendrías hoy. Dios todo lo puede. Acércate. ¡Aleluya! Bienvenido.
DANTE: (Se acerca. Julia se queda algo lejos.)¿Quién eres?
REVERENDO: ¿No me recuerdas? A mi nunca se me olvida una cara. Aquella noche, en el Bar, en el Viejo San Juan. Yo... perdón. Bailaba. Es decir, pecaba. ¡Gloria al señor! Con una sucia puta que vino al Templo a entregarse. Perdón. Tú me viste. ¡Pecaba! Varios feligreses me vieron. Me gritaron pervertido. ¡Pero yo me arrepentí! Lloré mares de lágrimas frente a mis feligreses... mira, lloré algo como así... (Llora. Trata de ser sincero y se vuelve patético.) “¡Pido perdón por mis flaquezas humanas... sé que forniqué, ¡Forniqué! ¡Forniqué! ¡Forniqué! ¡oh, Dios, cómo forniqué! ¡Maldita fornicación! ¡Me arrepiento en el corazón de Cristo!” (Se rinde de su actuación.) Pero me gustaba... Bueno, ¡esa maldita fornicación, coño! ¡Aleluya! Sé que no soy simpático. (Se acerca.) Todo lo perdí. Mi programa de televisión... la Cadena del ClAmor a Dios, aleluya. Yo estaba seguro de que mi Jesús, (Acentúa con melodramatismo.) ¡Mi amado Jesús!, ...me salvaría. Había mandado a construir un Templo con una Torre y un museo de Dinosaurios, muy alta, muy alta, para llegar hasta Dios... tenía tiendas, un periódico, un complejo de viviendas que mi hijo maneja. Ayudé en una campaña antiabortos, soy un dedicado militante contra la pornografía. Quisiera acribillar a balazos todos los demoníacos homosexuales de este lugar. Y siempre que puedo... ¡levanto mis manos!... ¡Levanto mis manos, aunque no tenga fuerzas!... Siento el gozo, el gozo de mi alma... ¡Tengo la cabeza llena del reino de Dios! (Pausa.) ¿Por qué me trajeron aquí si soy de verdad un buen hijo de Dios y discípulo de Cristo Jesús?
DANTE: No hay que hacer un milagro para saberlo.
REVERENDO: ¡No puedo soportar mi castigo!
DANTE: ¿Y ese cuál es? Porque te veo muy tranquilo. No hay demonios pinchándote, ni llamas de fuego quemándote el culo. ¡Te han permitido hasta tu puta! (Julia ríe. Dante la mira.) ¿De qué se queja este patán? Esto es un cielo para tí.
REVERENDO: Necesito que me ayudes.
DANTE: ¿A qué?
REVERENDO: (Silencio largo.) No puedo orar. (Silencio largo.) Trato, pero no puedo... cuando siento que mi alma va a estallar de desesperación, trato de orar... pero la realidad no desaparece. No digo ya las letanías porque esas se me hacen vinagre en la boca, yo hablo de orar... hablar con Dios, de tú a tú... trato. Mira. (Trata, en efecto, no puede.) Preferiría los diablos pinchándome, las llamas en el culo... el dolor cualquiera... pero esto. ¡No puedo! No me sale. Ayúdame. Ora conmigo.
DANTE: Tú no te mereces a Dios.
REVERENDO: ¿Y tú sí?
DANTE: Yo no lo busco. Ya lo tengo en el recuerdo de mi amada.
REVERENDO: ¿Y tú crees que Dios está en tu Amor tan miserable?
DANTE: ¿Y acaso está en tus fornicaciones?
REVERENDO: ¡Por lo menos yo sí creo en Dios! (Abre las piernas, ella lo agarra en azarosa pasión.) ¡Aquí yo no podré orar, pero voy a enseñarte la manera que me queda de adorarle! ¡Es tiempo de orar, maldita puta! (Se la acomoda entre su piernas, busca penetrarla, viene y va.) ¡Señor... enseñame a llegar a ti... quiero... quiero amarte, Dios... ¡Aleluya! ¡Estoy viéndote, Dios! ¡Estoy llegando a tí! ¡Ayúdame, Dante! ¡Quiero que Dante me ayude a orar, señor... ! Su voz me hará llegar a tí, ¡a ti Beatriz! ¡Aleluya! ¡Beatriz! ¡Beatriz!
DANTE: Saca ese santo nombre de tu sucia boca antes de que... (Julia lo detiene en su furia.)
REVERENDO: ¡Beatriz! ¡Te imploro! ¡Quiero orar... ¡oremos!, ¡oremos! ¡Oh, Beatriz nuestra que te tengo bien clavada... danos hoy nuestro sexo caliente de cada día...
DANTE: ¡Beatriz no tiene nada que ver con tus malditas mezquindades!
REVERENDO: ¡Ni Dios tiene nada que ver con las tuyas, imbécil! Beatriz no es Dios. Es una puta, fornicadora y pervertida como todas...
Este es mi Dios, Dante... este es... míralo como ora... ¡Qué santo me siento! ¡Aleluya! (Julia detiene a Dante)
DANTE: ¡Beatriz, mi vida, mi cielo...
REVERENDO: ¡Enséñate, Beatriz! (Como un clímax) ¡Enséñate, AHORA! (Beatriz detiene su fornicación y se voltea. Su rostro es una horrenda calavera. Se le acerca a Dante amenazante. Dante vira el rostro, se refugia en el seno de Julia, atormentado. Beatriz se quita la máscara.)
BEATRIZ: ¡Fuck and forget! Tú sabes esa frase. La usaste muchas veces en tu vida. ¿Por qué no la usaste conmigo? ¡Nos hubiéramos ahorrado tanto dolor!
DANTE: ¡Eras mi adoración!
BEATRIZ: Ningún mezquino Amor humano se hace legítimo en Dios. Tú no entiendes a Dios, Dante. Dios es el silencio del deseo y ese silencio ¡tú no lo tienes! (Sale furiosa. Pausa)
REVERENDO: ¡Aleluya! ¡Gloria al señor Dios, todopoderoso! Pasa, te estaba esperando. Dios me dijo que vendrías hoy. Dios todo lo puede. Acércate. ¡Aleluya! Bienvenido.
(La breve luz se apaga sobre él. Dante y Julia caminan despacio hacia la nada. Se escucha música de reaggetón.)
MARIDO: (Se escucha su voz.) ¡Le dije a ella que estaba en la casa! Cuando fue a buscarlo... se lo dije.
BICHOTE: Ella me juró que no lo tenía.
MARIDO: ¡Estaba en la casa! En una maleta. Si La Beba no lo cogió, pues no sé...
BICHOTE: ¿Quién fue, cabrón? Deja el nebuleo y dime que me estoy encabronando.
MARIDO: Mire, señor... es cierto que yo no pude hacer lo que usted me pidió. Hay cosas que en la política no son tan fáciles, hay senadores que no es fácil comprarlos.
BICHOTE: Ustedes son mierda. Ninguno de ustedes vale ná. ¿Dónde están los chavos?
MARIDO: Si la Beba no fue, entonces tiene que haber sido mi mujer... y yo no sé donde está ella... La Beba me contó todas esas cosas Yo, no puede... no quise entender lo que ella me estaba diciendo... yo estaba confundido, la Beba me dijo que mi mujer... ¡estaba preñada de otro hombre!
BICHOTE: ¿Qué me importan a mi tus cuernos?
MARIDO: ¡Yo traté de complacerlo, señor! Pero mi vida personal era... ¿Podría quitar esa maldita música, señor? ¡Me enloquece!
BICHOTE: ¡Es medio millón de pesos lo que se perdió, loco! Por mucho menos que eso, se manda a matar al cabrón del Gobernador en esta mierda de país.
DANTE: ¿Por qué tengo que escucharlo? Yo no quiero ver a ese hombre. No me hagas que lo mire más por que puedo perder el juicio.
JULIA: Míralo, por compasión.
BICHOTE: ¿Sabes qué? A mi me encojona esa manera tan maricona que tú tienes de hablar.
MARIDO: Soy un senador, señor, soy graduado de Harvard.
BICHOTE: Así, esa finura, esa, cosa de hablar correctamente, como si fueras mejor que yo. ¿Quién es el mejor aquí? ¿Ah? ¿Quién es, pai? ¿Ah?
MARIDO: Si me permite, me voy... ya todo está claro...
BICHOTE: ¡No hay un carajo claro!
MARIDO: Yo no pude hacerlo, el dinero se extravió... su ayudante, la Beba, ella hizo su parte, pero yo desconf...
BICHOTE: ¡Yo te estaba pagando! Te pagué con MI BEBA. Mi Beba. La mujer que yo... (Pausa.) Y tú te la tiraste cuantas veces te dió la gana, tenías la carne fresca cuando querías, te la puse entre las patas pa' que te la lambieras, pendejo... y mira como me pagaste.
MARIDO: Sí, bien, ella me satisfizo plenamente en algunas cosas... pero ella... ¡es ella la ambiciosa aquí!
BICHOTE: ¡Devuélveme el dinero o te mato!
MARIDO: Señor, esa amenaza es un poco extemporánea, ¿no cree?
BICHOTE: Me cago en la puta madre que te parió y tus malditas palabruchas de mierda...
DANTE: ¿Por cuanto tiempo más siguen así?
JULIA: Hasta que la ambición entienda la mesura.
MARIDO: Lo siento... me marcho, buenas noches... lo siento mucho, no pudo hacerse nada, el dinero... se perdió... lo siento. Yo no sé donde está. Si la Beba no lo sabe, mi esposa debe saber... Búsquela y pregúntele. (Inicia mutis por frente de Dante. Lo mira un momento. Se turba. Vuelve a salir. La Beba aparece. Mira al Bichote y mira a Dante. Sale huyendo.)
JULIA: ¿Que tiene que enseñarte este hombre?
DANTE: ¿A mi? Nada.
JULIA: Dime, poeta. Si este lugar se tratase sólo de castigos físicos, de fuego, de frío, de azotes, como en la primera Divina Comedia, ¿la recuerdas?
DANTE: Sí, es uno de mis libros favoritos.
JULIA: Si el infierno fuera ese lugar demencial que describió el vate florentino... ¿qué sentido tendría el arrepentimiento, el perdón, la retribución?
DANTE: ¿Pero es que puede pensarse en esas palabras cuando ya se está aquí? ¡El infierno se trata de castigos!
JULIA: ¿Y por qué la sabia naturaleza castiga? ¿Para enmendar el espíritu o por venganza?
DANTE: Por ambas cosas, supongo.
JULIA: ¿Recuerdas cuando te dije que el Infierno es el lugar que algunos se merecen?
DANTE: Sí.
JULIA: ¿Y cuál es el merecimiento mayor de un alma atormentada?
DANTE: No lo sé. Nunca he sido justo.
JULIA: Tampoco quieres intentarlo; es un síntoma de tu rancio romanticismo. (Sonríe.)
BICHOTE: (Camina hasta él.) Esta noche hay cacería... óyela. (Se escuchan sirenas, tiros y gritos.) Métanse en la cueva que esta noche vabel un tiroteo. (Inicia mutis, camina unos pasos.) No tengo fulete... ¿Por qué me quitaron el fulete? (Se confunde, va a seguir, pero se voltea.) ¡Beba! Beba, cabrona, ¿dónde te metiste, puta? (El Bichote camina hasta un lugar donde se pueda sentar. Miedoso.) Aquí hay muchas moscas. (Pausa.) Este blin blin se lo quité a un tipo que me debía... se lo arranqué del cuello lleno de sangre... la mai vino a pedirme por su vida. Era gente que se veía bien, ¿vihte? Y yo me encojoné, porque cuando yo me encojono, se jode el mundo... y la exploté a ella también... les vacié el fulete completo pa' verlos como brincan y se le explotan los sesos, así como en las películas... a mi no se me pué encojonar, yo tengo los cascos bien flojos, ¿vihte? Yo soy el rey de los locos. Cuando yo me encojono, júm..
JULIA: Cada vez que te enfureces aumenta tu deuda.
BICHOTE: ¡Sin cojones me tiene! ¡La vida solo es una! ¡Una! Y es ésta...
DANTE: ¿Es que no sabes dónde estás?
BICHOTE: (Silencio.) No me gusta el nebuleo de ustedes. ¿Quién tú eres?
DANTE: ¿Quién eres tú?
BICHOTE: Yo soy... yo soy... esa música. (Pausa.) Al que se resbale me lo llevo por el medio... Mira, pai, yo muevo como... ¡mucho!... yo muevo mucha teca, coca. El punto mío le ronca. (Suave, mirando lejos.) El miedo lo dejamos en la gaveta... a lloral pa' maternidá... (Mira a Dante.) Tengo sangre aquí, mira. ¿La ves? Yo no sé de qué es. Me corté o algo...
DANTE: ¿No te das cuenta de quién eres ahora?
BICHOTE: ¡Me deben chavos, puñeta! Tengo que ir al punto. (Pausa.) El corte ese que tiraron, ese, óyelo... yo lo pagué, ese flow es mío... hicieron billetes con cojones, esos anormales... ¡no hay pa' nadie! ¡Súbelo coño! ¡Búscame las yales! (Trata de bailar. Como ido, vuelve en sí. Pausa.) Salte pál carajo... ¡malditas moscas, se me meten en la boca, puñeta! (Pausa.) Esa jodía rampletera... de mula se me quiso trepar a las más bichota. Cabrona. (A Dante.) ¿Me oíste o tú me estás pichando, loco? Tengo un aka esperando. Me importa un carajo... ¡Me los llevo, al que sea! ¡Me llevo a Dios, coño! ¡La vida solo es una! ¡Y es ésta!
JULIA: La sangre...
BICHOTE: ¿Qué sangre?
DANTE: Las moscas...
BICHOTE: (Pausa.) Se llama Beatriz. Esta sangre tiene que ver con la Beatriz esa. Que no se lamba. Estoy buscando a esa pelleja. La voy a explotar. Ella sabe donde está lo mío. Ella tenía un amante, que la preñó. Se iba a fugar con él. Era un tipo quemao, así como tú. ¿Eres tú? ¡Beba, tráeme el aka! ¡Mis chavos, cabrón! (El Bichote se tira sobre Dante, quien trata de protegerse, y con habilidad, tira al Bichote al suelo. Julia previene un nuevo ataque de Dante al ahora indefenso maleante, en el suelo, que trata de levantarse como puede. Al tratar de hacerlo, La Beba aparece junto a él, mirándolo. La Beba trae la pistola en la mano.)
LA BEBA: A la una, a las dos...
BICHOTE: ¡Beba!
LA BEBA: ¡A las tres! (Le dispara en la barriga, la Beba se acerca a Dante.) El próximo, eres tú. (Luego corre a la oscuridad.)
BICHOTE: Beba... ¿qué hiciste? ¿Por qué se repite, Beba? No puedo con las moscas... (Comienza a llorar muy quedo.) No me dejes solo, yo te quiero, mai.. (Tal vez ahora empieza a darse cuenta.) Beba, ¿qué hiciste Beba?¿Qué esto? No veo, Bebita... ¡sacame de aquí! Estas jodías moscas... hay que ir a chequear el Punto... ¡tanta gente que me debe! ¡Tanta gente que me debe!
DANTE: (Comienza a alejarse de él.) Tantos a quienes debes tú...
BICHOTE: (Llora, profundamente.) Beba... Beba... ¡Tanta sangre, puñeta! ¡sácame de aquí, por favor! Las moscas... quítame las moscas de encima, negro tú... ¡Ayúdame, por favor!...¡Me asfixian las moscas! ¡Negro! ¡No me dejen solo aquí! No me dejen solo...
(La luz se apaga sobre él, en un frenesí de llanto infantil, perdido, miedoso. La música cambia a un largueto doloroso, con ecos de voces femeninas que cantan monótonos coros a los lejos.)
JULIA: Hay un pequeño lugar en nuestro corazón para la pena. No debería haberlo, pero está ahí. Nadie sabe como quitárselo... las penitas van amarradas a las culpas, poeta. Hay tantas penitas sueltas en la memoria. Penitas que son cadenas...
DANTE: ¿Por qué me cuentas eso?
JULIA: Porque vas a enfrentar una.
(Se ilumina el Marido, sentado en una silla. Cabecea de sueño.)
DANTE: Te dije que no quería ver a ese hombre.
JULIA: El perdón es ante todo, sabio. ¿Sabes por qué? Porque nos iguala a nuestros enemigos. Cuando nos igualamos a nuestros enemigos, entonces dejan de serlo.
DANTE: ¡Él la mató!
JULIA: Sí, Dante. Igual que tú. (Julia se aleja un tanto.)
DANTE: ¿Cómo pude matarla si yo la idolatraba? ¡Julia! ¡Julia!
MARIDO: (Despierta.) ¡Le dije que no tengo su dinero! (Pausa.) Perdón. ¿Quién es usted?
DANTE: Usted no me conoce.
MARIDO: Su vibración es... diferente. Usted no es de aquí. ¿Cómo lo dejaron entrar? ¿Viene de afuera?
DANTE: ¿Qué le hace pensar que hay un afuera?
MARIDO: (Contento, por tener alguien con quien hablar. Tratando de apurar todas las ideas de un golpe.) Pase, siéntese... hábleme de quién es usted. Yo me paso todo el tiempo hablando solo, y con ese otro que está allá... y esa maldita música. ¿Lo vio al pasar? Una bestia de lo peor. Gentuza así deberían... ¡No sé qué hago cerca de él! No hace más que hostigarme, día y noche... (Ríe.) aunque aquí no sabemos cuándo es de día. Es todo una ilusión. Trato de pensar que todo es una ilusión y que despertaré en los brazos de Beatriz y que me perdonaré todo lo que le hice, y que la querré, la querré siempre.
DANTE: No siga, por favor.
MARIDO: ¡Yo la idolatro! Sépalo bien. Hay hombres que sabemos idolatrar a una mujer, por muchas razones, razones felices, razones del alma. ¡Beatriz me ama! En las noches, se acerca a mi cuerpo buscando mi calor, yo me volteo a verla, ella me mira intensamente, como una niñita perdida. Yo soy mayor que ella, sabe usted... y hay veces en que las mujeres jóvenes se enAmoran de nosotros los viejos buscando a ese padre que alguna vez les faltó, ¡yo soy ese padre! ¡Y me siento feliz con eso, créame! (Un golpe de llanto le vine a los ojos, una congoja inesperada.)
DANTE: No llore, por favor.
MARIDO: (Recomponiéndose, como si su imagen, más que su emoción, fuera en extremo importante.) Lo siento. Yo soy un senador puertorriqueño. ¿Es usted puertorriqueño?
DANTE: Sí.
MARIDO: Pues usted comprenderá que lo mejor para nuestra Isla es la estadidad. Es decir, nuestra anexión permanente como el estado 51 de la gran nación estadounidense. Los americanos nos quieren. Nos hemos ganado ese derecho, la igualdad. ¡Dejaremos de ser colonia!
DANTE: Con permiso... (Se levanta.)
MARIDO: Ah, ya se ve que usted es un maldito machetero comunista. ¡Deberían fusilarlos a todos! ¡Sucio nacionalista!
DANTE: A mucha honra señor. (Inicia mutis.)
MARIDO: ¡No se vaya! No le he contado sobre Beatriz. (Dante regresa.) Disculpe si tuve un exabrupto ideológico. Es que usted sabe que este país está al borde de la guerra civil y es difícil contenerse. Además Beatriz me regaña mucho.
DANTE: ¿Por qué?
MARIDO: Dice que soy ambicioso. Pero cuando uno es senador, uno debe vivir con grandes ambiciones, ¿no cree?
DANTE: ¿Y ella, es tan ambiciosa como usted?
MARIDO: ¿Ella, ambiciosa? No, para nada. Es una jippie conformista. No le gusta usar prendas, se viste muy mal, muy provocadora. ¡Le encanta andar desnuda por la casa! No me acompaña a las fiestas del Partido ni quiere que busque subir en el gob... (Silencio largo. Se escucha a Julia recitar muy dulcemente sus versos.) Me parece que la oigo. Se encierra en el cuarto a recitar poesía. A Julia de Burgos. Sólo lee a Julia de Burgos. No sé por qué le gustan los poemas de esa puta perdida... Murió vomitando ¡borracha! en una calle de Nueva York, ¿lo sabía? Era una sucia puta, tuvo muchos hombres.
DANTE: Señor... (Finalmente, por encima de sí mismo, pregunta.) ¿Qué pasó con Beatriz?
MARIDO: Espero encontrarla aquí... pero no viene. Me siento aquí largas horas esperando a que regrese, como cuando me sentaba en el balcón de la casa a esperar que ella llegara de noche de su cita con... con las amigas.
DANTE: Salía mucho de noche... con las amigas.
MARIDO: (En negación.) ¡Con las amigas! (Pausa.) Yo estaba... desesperado con el asunto de ese dinero... medio millón, imagínese. Me lo habían dado para comprar algunos votos, algunos jueces, sobre... quién sabe que ley, no sé... esa maldita mafia necesita tanto de nosotros, nosotros que somos esa otra mafia que hay en todo este asqueroso Gobierno... (Enfurecido, para que alguien lejos lo oiga.) ¡TODA ILUSIÓN TIENE UN PRECIO! ¿Quieren la ilusión del poder, pues páguenla, carajo! Páguenla porque vale muy cara, cabrones. (Rápido, a Dante, bajito.) Yo lo había guardado en una maleta en el closet del cuarto. La Beba fue a buscarlo... yo se lo iba a entregar. Pero no lo encontré. La maleta no estaba. (Aparece Beatriz y Julia, a lo lejos.)
BEATRIZ Y EL MARIDO A UN TIEMPO: Ella la vio, estoy seguro. Es una jovencita inteligente, sabe atar cabos.... Senador, maleta de dinero, me había sorprendido con la Beba en asuntos poco cristianos y este maldito traficante gordo, llamando a mi casa todo el tiempo...
BEATRIZ: (Sola, el senador mueve los labios.) Estoy seguro de que vio el dinero, pensó guardárselo para luego huir, y entonces la Beba me lo dijo todo. Que ella tenía un amante, un hombre negro, un profesor de la Universidad, un poeta... ¡Un maldito negro que se la tiraba gustosamente todas las noches mientras yo la esperaba en la casa!
MARIDO: Tal vez eso de que fuera negro no me hubiera dolido tanto, como el espanto de saber que... ¡que estaba preñada de él!... que su engaño fue mucho mayor que el mío... yo sé atar cabos, yo soy un senador puertorriqueño, ¡yo sé lo que es el desastre! Y la exigencia del dinero, estoy seguro que se lo dió al negro ese, ¡que se iban a fugar juntos con mi dinero!.. ¡Se iban a fugar! Yo estaba como loco... (Ríe y luego llora de pronto.) Algún demonio puso aquella pistola en mi mano. Ella acababa de salir del baño, de lavarse sus besos, de lavarse el manoseo de esas asquerosas manos negras... ella le había dado a ese negro mi dinero, ella se había preñado de él... ¿Qué hubiera hecho usted en mi lugar? ¿Por qué las mujeres traicionan así a los hombres? Dígame usted.
DANTE: Porque aprendieron de nosotros.
MARIDO: (Sin oírlo.) Yo la tomé por el pelo, la tiré al piso, la miré a los ojos, sí, a aquellos ojos verdes y brillantes ¡donde encontró cobijo la mentira...! (Muy suave.) Ella levantó las manos indefensa, como entregándose, como si fuera a recibirme para hacerle el Amor... el libro de Julia de Burgos cayó al suelo.... las lágrimas no me dejaban ver bien... y entonces... (Va a llorar de nuevo pero se contiene.) Dígame, señor, usted que parece entender mi dolor, dígame por favor... (Suave.) ¿Estoy muerto? (Dante baja la cabeza. Su angustia es insoportable. Se levanta despacio y camina hacia Julia. Beatriz se ha marchado.)
DANTE: Sácame de aquí, por lo que más quieras.
(Julia lo toma del brazo y se lo lleva. La luz sobre el Marido va cayendo mientras él va durmiéndose sobre la silla. Beatriz se acerca tras de él y le mira con gran compasión.)

FIN DEL ACTO PRIMERO



INFERNO
de Roberto Ramos-Perea

ACTO SEGUNDO

Una extraña música despierta la oscuridad. Julia camina despacio, por entre un mar de cuerpos que se quejan tenuemente, lloran, se retuercen de dolor. Cuerpos cansados de batallas, de pugnas, de odio. Julia camina entre ellos con gran dignidad, mientras recita su poema “Yo misma fui mi ruta”.
JULIA: “Yo quise ser como los hombres quisieron que yo fuese: un intento de vida; un juego al escondite con mi ser. Pero yo estaba hecha de presentes, y mis pies planos sobre la tierra promisora no resistían caminar hacia atrás, y seguían adelante, adelante, burlando las cenizas para alcanzar el beso de los senderos nuevos. A cada paso adelantado en mi ruta hacia el frente rasgaba mis espaldas el aleteo desesperado de los troncos viejos. Pero la rama estaba desprendida para siempre, y a cada nuevo azote la mirada mía se separaba más y más y más de los lejanos horizontes aprendidos: y mi rostro iba tomando la expresión que le venía de adentro, la expresión definida que asomaba un sentimiento de liberación íntima; un sentimiento que surgía del equilibrio sostenido entre mi vida y la verdad del beso de los senderos nuevos.”
DANTE: (Mirándola caminar.) Julia... ¿qué quieres decirme?
JULIA: Toda existencia que nos regalan, es un viaje hacia una liberación. La libertad no es sólo vencer el hastío, es también comprenderlo. (Continúa su recitación.) “Ya definido mi rumbo en el presente, me sentí brote de todos los suelos de la tierra, de los suelos sin historia, de los suelos sin porvenir, del suelo siempre suelo sin orilla de todos los hombres y de todas las épocas. Y fui toda en mí como fue en mí la vida... Yo quise ser como los hombres quisieron que yo fuese: un intento de vida; un juego al escondite con mi ser. Pero yo estaba hecha de presentes, cuando ya los heraldos me anunciaban en el regio desfile de los troncos viejos se me torció el deseo de seguir a los hombres, y el homenaje se quedó esperándome.”
(A Dante.) ¿Aún sigues la angustia inútil de los hombres, Dante? ¿Aún necesitas los homenajes de la pena?
Almaperdida 6: Mujer... ¡mujer como yo!... dime si alguna vez volveré a ver a mi hijo.
JULIA: (La mira muy seria.) ¿Qué hiciste para dejarlo de ver?
Almaperdida 6: Trataba de buscar trabajo...
JULIA: ¿Te divertiste alguna vez? ¿Salías de noche con hombres mientras él lloraba de hambre?
Almaperdida 6: Hice todo lo posible porque nada le faltase.
JULIA: Pero algo siempre le faltó. Tú. Por eso estás aquí, ¡extrañándolo! (Se mueve de su lado.)
Almaperdida 6: ¡Quiero ver a mi hijo! (Llora.) ¡Quiero abrazarlo!
DANTE: (Ya junto a Julia.) ¿Por qué están así? Debe ser un dolor enorme, esas quejas, esos cuerpos que se retuercen de rencor, este mar de lágrimas...
JULIA: El filoso cuchillo de la culpa que atraviesa el corazón más duro.
DANTE: La culpa nos recuerda que somos humanos.
JULIA: ¿Tan humanos como para pensar que la culpa nos excusará de nuestras catástrofes?
Almaperdida 8: (Sostiene la pierna de Dante con furia.) ¿Y qué recibo yo? ¿Ah? ¿Qué recibo yo?
Almaperdida 1: Los demás, siempre son los demás... ¿por qué los que me hicieron daño no están aquí conmigo? ¿Por qué estoy yo y no ellos? (Llora.) ¿Por qué a mi?
JULIA: ¿Alguna vez despreciaste la vida, Dante?
DANTE: Si es vida lo que he tenido... no hay en ella mucho que apreciar.
JULIA: ¡Ah!, (Cínica.) Ahora el reproche nos justifica. (Pausa.) Somos tan predecibles, Dante.
Almaperdida 4: ¡Nunca pude decidir nada! ¡Todo lo decidieron ellos por mi! Mis padres, mis hermanos, mis Amores... ¿por qué no los maté a todos? ¿Por qué no maté a los que me trataron como basura?
Almaperdida 2: Estoy muy cansado, ya no quiero seguir.
Almaperdida 4: ¡Estoy harta de que me mientan! ¿Por qué me mienten?
Almaperdida 3: ¿Una miserable sortija de diamantes? ¿Después de todo lo que me hizo? ¿Quién se cree que soy?
Almaperdida 5: ¡Me engañó! No quiero verlo más... ¡y lo único que hago es verlo en mi cabeza una y otra vez!
DANTE: ¿A dónde me llevas, Julia? Presiento que voy a ser testigo de un dolor intenso, más intenso que ningún otro.
JULIA: ¿Qué le pedirías a la vida para dejar de llamarla injusta?
DANTE: La vida me quitó el Amor.
JULIA: ¡El Amor! ¡Ja! Empiezo a molestarme contigo, Dante.
DANTE: ¡Te hablo con mi corazón!
JULIA: Pues tu corazón está podrido de egoísmo.
DANTE: Julia, sólo conozco el mundo por lo que...
JULIA: ¡Por lo que necesitas! ¿Es que no te basta lo que has visto? ¿Cuánto más necesitas para entender el propósito de este viaje?
DANTE: ¡Necesito un por qué!
JULIA: ¡Porque te lo mereces, por eso!
DANTE: ¿Merezco volver a sufrir?
JULIA: ¡Tienes que soltar la carga o serás uno de ellos, Dante! Y qué maravillosa es la vida que te da la oportunidad de llegar vivo hasta aquí para que veas cuán pesada y cuán inútil es.
DANTE: ¿Cuánto más van a quitarme para hacermelo entender?
JULIA: La vida no te quitó nada, Dante. La vida te dio... ¡y no te diste cuenta porque andabas muy ocupado pidiéndole más! (Pausa.) Amo las palabras, Dante... la vida nos dio palabras para explicar la voracidad de los deseos y también para escapar de ellos... para ser razonables con ellos... palabras como perdón, olvido, futuro, paz, silencio... ¡esperanza!
DANTE: Estoy en el Infierno, Julia, ¡aquí no hay esperanza!
JULIA: No, en el Infierno, no la hay. Pero en tu corazón sí. (Intensa.) ¡Y también podría haberla si hubiera corazón en cada uno de estos que hoy arden y se congelan en este inmundo lugar! Pero aquí se asesina al corazón... al más pobre corazón. (Pausa.) Bienvenido al Balcón de los Suicidas, Dante. (Se ilumina lentamente Mariposa. Sentada en un sillón muy cómodo. Viste una bata ligera blanca, que esconde sus piezas íntimas. Trae el pelo mojado. Una botella en la mano y su inseparable banda roja, como pulsera, que luego pondrá sobre su pelo.)
MARIPOSA: ¿Por qué vienes aquí si todavía no es tu hora?
JULIA: ¿Y acaso fue la tuya?
MARIPOSA: ¿Y a ti qué te importa? ¡No necesito tu puñetera piedad! (Sin mirar a Julia.) ¿Qué quieres?
DANTE: ¿Cómo estás?
MARIPOSA: ¿Por qué quieres saber?
DANTE: Yo no estoy bien.
MARIPOSA: ¿Tenemos algo que decirnos tú y yo?
DANTE: Aquella noche, en el bar... (Mira a Julia.) ¿Era ella, verdá? (Julia asiente.) Te vi por poco tiempo, pero me sentí hermanado contigo, colega. ¿Por qué llorabas?
MARIPOSA: (Simple.) Yo no estaba llorando.
DANTE: Te vi...
MARIPOSA: ¡Otro con su puñetera pena! Yo no estaba llorando. Simplemente el cabrón bartender no me quiso servir otro trago y eso encojona a cualquiera. ¿Qué quieres? Avanza... me están llamando. (Se pone la banda roja en el pelo mojado.)
JULIA: ¿Quién te llama?
MARIPOSA: No te importa. (A Dante.) Mira, poeta... no tengo ganas de hablar; si te escucho es porque...
DANTE: Tú eres poeta.
MARIPOSA: Sí. Pero tuve hijos que atender, una maldita tesis doctoral que nunca terminé. Es una mierda tener que complacer las expectativas de otro antes que las tuyas.
DANTE: Amor siempre cobra su precio.
MARIPOSA: ¿Por qué tengo yo que hacer feliz a otro? ¿Qué querían de mi? ¿Sabes lo que me hicieron? (Dante niega.) Te obligan a la máscara. Te lanzan el chantaje. Te exigen tu carita de nena buena, tu silencio. Maridos, padres, hijos. (Pausa.) Yo tuve estudiantes que me querían mucho, me admiraban. Les enseñé a no venderse.
JULIA: Enseñabas lo que no sabías hacer.
MARIPOSA: ¡Ya me estoy hartando de ti, puta! Eres mujer... ¿no te da vergüenza? (A Dante.) Yo había sido para ellos una solución. Los jóvenes necesitan soluciones.
DANTE: ¿Y nosotros?
MARIPOSA: Nosotros, los viejos de mierda, los que vinimos a la vida a matarnos... ¿Qué crees tú que necesitamos?
DANTE: Preguntas.
MARIPOSA: Inteligente. Pero no lo suficiente. Hay cosas que no te dejan preguntar. (Se levanta. camina por entre los muertos del suelo.) ¿Quién los trajo aquí? ¿Por qué están ellos aquí y no sus verdugos? ¿Por qué les negaron respeto? ¿A ésta por ser mujer? ¿A ti porque eres negro? ¿Al otro porque es gay, o porque está a punto de explotar de SIDA? ¿Por qué humillan lo que no entienden?
DANTE: Estamos de acuerdo.
MARIPOSA: Los demás te hacen odiar la vida. Por eso me separo, me olvido, me dejo.... ¡debí haberlo hecho mucho antes! (Levanta a uno de ellos por el pelo para mirarlo a los ojos.) Pero... los cadáveres... no son bonitos. (Lo suelta.) En los momentos de crisis, me doy perfecta cuenta de que no tengo la culpa. Y no la tengo porque no me conformé... (A Julia) Como tú. Ahora que estás aquí, ahora que ya sabes... claro... ahora es fácil, porque ya sabes el misterio y no tienes miedo. (Se le acerca mucho.) ¡Pero tú también trataste de matarte muchas veces!
JULIA: Pero nunca lo hice.
MARIPOSA: ¡Cobarde! ¡Yo sí! Es de las cosas más limpias y puras a las que tuve derecho.
DANTE: ¿Y el dolor de los que te amaron?
MARIPOSA: ¿Los que me amaron? “Pobrecita, está esquizofrénica, bipolar”, -qué sé yo que mierda nueva de la siquiatría-, “dale litio, o una xanax para su cabecita loca”. “Te estás saboteando tu vida con tanto odio, aprende a tolerar, confórmate”. ¡No, puñeta, no y NO! ¿Estoy enferma? ¿Estoy enferma por exigir lo me corresponde?
DANTE: ¿Qué te corresponde, poeta?
MARIPOSA: ¡Mi jodida libertad!
DANTE: ¡Pero tu libertad esclaviza a los demás!
MARIPOSA: Los golpes que me dieron me justifican.
DANTE: De veras que no te entiendo.
MARIPOSA: Sube a mi altura, no pretendas que yo me rebaje a tu simplona entendedera. Acabemos con esto. ¡Fuera!
DANTE: Háblame de Amor.
MARIPOSA: (Pausa. Su odio se vuelve corrosivo, casi loco.) Amor trae la mentira. No sé cuántas mujeres le conté. Llegaba muy sonreídito en las noches, compartíamos un trago como buenos esposos intelectuales del siglo XXI, él preguntaba indiferente por los niños... pero él la traía a ella colgando en la comisura de la boca. La traía en su lengua, en la arruga de la camisa, en la escoria de su ropa interior, ¡ahí la traía a ella todos los días a mi casa, a mi cama!
JULIA: ¿Traías tú algún hombre a su cama? ¿Algún hombre en tus senos, en tu pelo, en tus labios duros de tanto maldecir?
MARIPOSA: ¡Por supuesto!
JULIA: ¿Entonces?
MARIPOSA: Encontré dignidad en la contradicción.
JULIA: ¿Cuán amada tenías que sentirte para sentirte amada?
(Se escucha el “Vals de Muzzeta” de La Boheme de Puccini.)
MARIPOSA: Ellos, ¡todos!, me castigaron por mi agria malicia. Siempre tenía que contestar alguna cosa con tal de no recibir el azote de la palabra ajena. Todos los años pensaba en matarme. ¡Ya no tengo veinte años! El sólo se fijaba en las pendejitas que se afeitan allá abajo... (En una congoja.) Y yo ya no soy la misma. Él... se me iba de las manos como las cositas imposibles. (Pausa.) Yo solo quería descansar. (Saca del bolsillo de su bata un pequeño frasco.) Diez, veinte, treinta pastillas, una botella de ron. (Suave, los mira.) Yo no estaba hecha de presentes como tú, Julia; ¡sino harta de pasados! (Se toma las pastillas, algunas se caen al suelo cuando se las lleva a la boca, ella las mira en el piso y sonríe. Luego los vuelve a mirar y entonces bebe el ron despacio.) Entonces voy a la bañera, me acuesto en ella con el agua hasta el cuello, agua tibia, grande y Amorosa como manos de hombre que te quiere... Entonces... (Camina despacio hacia Beatriz que aparece en el fondo de la senda.) Entonces pienso Amor... allí pienso en él. Pienso en la pena loca de mi madre, en la soledad de mis hijos, en él y su duro rostro, en mi padre destrozándose de angustia mientras esparcía mis cenizas en el mar. ¡Y los amé tanto a todos! Es allí donde mejor se siente Amor, justo cuando sé que ya no voy a tenerlo más. (Mira a Beatriz a los ojos fijamente.) Y entonces, Amor está allí, mirándote, maltrecho y conmovido por lo que acabas de hacer, y entonces Amor se va quedando dormido, rindiéndose al agua que te llama... entonces Amor... (La besa muy tenuemente en los labios.) Amor... que es siempre Amor.
BEATRIZ: (La abraza, Mariposa se deja ir en sus brazos.) ¡Con este beso sientes cuánto extrañas la vida!, sientes cuánto hiciste para morirla día a día, para que ahora, ella misma te dijera lo mucho que se necesitan. Ahora el deseo de la vida y tú, están juntos para siempre.
DANTE: Entonces, la inmortalidad y el Amor son uno.
MARIPOSA: Si esta es la inmortalidad, entonces no es gran cosa. ¿Por qué tengo que conocerla?
DANTE: Porque acabas de ganártela. (Busca a Beatriz, sin verla.) ¡Beatriz! Amor es inmortal... ¿por qué lo vivo como si se me fuera a acabar mañana? ¿Por qué tengo que suicidarme, día tras día, porque Amor no me deja poseerlo? (A Mariposa, que se ha sentado en la butaca a mirar la vacío.) ¿Sabes cuánto deseo de vivir me has dado con tu muerte? ¡Somos inmortales, mujer! No podemos matarnos por exceso de Amor propio o por falta de él... mucho menos terminar con nuestras manos lo que la vida misma tiene que terminar a fuerza de lecciones. ¡Escúchame! (Le toma las manos con gran angustia alegre.) Mujer...
MARIPOSA: (Mira a Dante, suave.) ¿Puedo fumar? Un café negro me haría tanto bien... algún pájaro cantando en el parque y un cuadernito blanco, lleno de líneas nuevecitas, una pluma fuente suave y generosa... ¿Puedo fumar?
JULIA: Vamos, Dante. Aquí ya todo está dicho.
DANTE: (Mira a Mariposa muy intensamente.) ¡Te amo! ¡Te recordaré siempre! (Dante trata de contener una profunda e intensa congoja. Mariposa le sonríe, esta vez de verdad.)
JULIA: Vamos.
(Dante camina despacio hasta Julia, quien le da la mano para sostener su maltrecho espíritu. Dante da una última mirada a Mariposa mientras se eleva el volumen del Aria, y la luz se extingue sobre la suicida que recostándose de su butaca, disfruta la música con su hermosa sonrisa. Julia y Dante desaparecen en la oscuridad.)
BEATRIZ: (Se ilumina suavemente, mientras habla con el DVD Man que lo escucha molesto.) Lo primero de lo que una se enAmora son las piernitas... las que nunca hemos sido madres, imaginamos las piernitas de los niños como extensiones de nuestros anhelos. Son graciosas, tiernas, regorditas... son piernitas que crecerán anchas y fuertes, y llevarán el recuerdo de sus mamás por caminos largos y difíciles. (Su cara parece brillar.) Luego sus ojos. Mientras mueven las piernitas, los ojos se abren alegres, como solecitos brillantes. Ojos que te miran, llenitos de estrellas, ojos que te piden... ¡toda la verdad! (Pausa.) Luego los labios, la boquita suave y gentil que te besará para despedirse en las mañanas, y al regreso, ese abrazo que te estalla de gusto por la vida. Abrazar a un niño es lanzarse a una cascada tibia. Besar a un niño es... ¡sembrar! ¿Tienes hijos?
DVDMan: Ya estuvo bueno, señora... usted sabe quién soy yo y por qué estoy aquí. ¿Qué más quiere de mi?
BEATRIZ: Yo iba a tener un hijo. Un hijo que yo quería.
DVDMan: ¡Otro hijo'e puta más al mundo! Mire, yo no entiendo de poesía ni palabras muy complicadas. Me da igual lo que usted piense de los niños... le juro que me da igual.
BEATRIZ: Era un bebito negro, negro y fuerte como la bondad.
DVDMan: La felicito, maestra. Ahora, ¿podría irse al carajo y dejarme solo aquí? Estoy esperando a alguien, a alguien que me entienda.
BEATRIZ: ¿Por qué lo hiciste? ¿Quieres eliminar del corazón de los hombres el único Amor honesto que nos queda?
DVDMan: (Se levanta y trata de huir.) Yo no sé de qué me habla usted.
(Julia entra, seguida de Dante.)
JULIA: Que sea nuestra voz, mujer, la que dé castigo a este hombre que huye y que su reencarnación sea siempre dolorosa, y que ningún perdón sobre la tierra dé alivio a su alma sucia.
DVDMan: (Le grita desde lejos, enfurecido.) ¡Yo no estoy pidiendo perdón, ni me interesa! (Para él.) Malditas putas. Después que chichan y gozan, ¡se preñan! y entonces las cabronas se ponen sentimentales. Maldita sean todas, carajo.
DANTE: ¿No eras tú la que hablabas de esperanza, de perdón?
JULIA: ¿Perdón para éste? ¿Cuánto eres capaz de perdonar para que tu alma viva en paz?
DANTE: ¡Tú dijiste que todo! ¡Beatriz quiere que yo me perdone todo! Que perdone mi desenfreno, que perdone mi culpa, mi idolatría... ¿Quieres que perdone, que la olvide, que no persista y ahora dices que no puedo perdonar a éste?
JULIA: ¡Se trata de tu hijo!
DVDMan: ¡Estas tipas están locas, macho! Por fin llegaste... ven, ven a mi Balcón. Escúchame...
BEATRIZ: ¡No vayas con él!
JULIA: Dante, ¡regresa aquí!
DVDMan: Las mujeres, mano, están locas pa'l carajo... las mujeres te embotan el juicio, no las oigas. ven...
BEATRIZ: No, Dante. Lo lamentarás.
DANTE: ¡Debo hacerlo si se trata de nuestro hijo, Beatriz!
BEATRIZ: Se trata de todos los hijos del mundo, Dante. ¡De lo que tienen que enseñarte todos los niños del mundo! ¡Dante! (La luz sobre ellas se oscurece, sin que dejemos de verlas a las dos, lejanas pero expectantes.)
DVDMan: ¿Se fueron?
DANTE: ¡Habla de una vez!
DVDMan: Tranquilo, Maestro. Mire... esto es bien fácil. Pero tiene que abrir su mente a lo nuevo, maestro.
DANTE: ¿Qué es lo nuevo?
DVDMan: ¡Amor... con poder! (Saca los DVD de la chaqueta de su gabardina.) Tener poder en el Amor, es lo último, es el high más cabrón que existe.
DANTE: ¿Poder? ¿Qué clase de poder?
DVDMan: Poder infinito, poder y placer sin remordimientos, sin escrúpulos. Este es un espacio reservado a unos pocos. (La caravana de almasperdidas en procesión, trae una muñeca muy bien vestidita y peinada. Cantan lúgubremente como una procesión satánica.) Confíe en lo que le digo, si el poder... escúcheme bien, ya horita tendrá tiempo de ver lo que traen mi amigos... ¡oigame!
DANTE: ¿Qué es esto?
DVDMan: Los hombres tenemos que asumir el poder sobre el Amor, porque es una mierda cuando el Amor te lleva, cuando haces lo que la jodía mujer te dice, cuando le respondes a cada coquetería barata que lo que quiere hacer es aprisionarte y manipularte.
DANTE: Amor siempre hace eso.
DVDMan: ¡Pero hay un Amor que no, maestro! Hay un Amor que no remilga, que no reprocha. Un Amor diferente, silencioso, complaciente, generoso...
DANTE: ¿Qué Amor puede ser tan inocente?
DVDMan: ¡Ja! Usted entiende por donde voy. Si las mujeres exigen tanto a cambio de sus... cosas. Abandónelas, maestro. Déjelas ir y vamos a alguien que no exija. ¡Vamos a ellos! (La caravana deja al muñeco en medio de la senda.) Ellos tienen esa llavecita de libertad que lleva a los hombres a olvidar lo que los demás le exigen. (Se va acercando al muñeco, con sutil delectación.)
DANTE: ¿Qué miseria me estás diciendo?
DVDMan: Piénselo, maestro. La miseria es a veces muy inteligente. Voy a decírselo otra vez. ¡Ellos no exigen! Son tuyos, te pertenecen, tienes poder sobre ellos.
DANTE: ¿Poder?
DVDMan: ¡Sí! Y yo a veces, los grabo en estos discos... los vendo, porque es un pasaje, una puerta. Cuando los hombres ven estos discos, ¡su vida cambia!
DANTE: Esta muñeca...
DVDMan: Y como ellos saben obedecer, se acercan.
DANTE: Se acercan, ¿a dónde?
DVDMan: Se acercan a ti para que puedas ¡tocarlos! ¡Tocarlos! (Pausa.) Se les maneja fácil, con un poco de miedo, un dulce, una fantasía... ¡y vienen!
DANTE: ¿A dónde?
DVDMan: Al ojo de la cámara. (Una de las almasperdidas le proporciona una cámara al DVDMan y éste se prepara.) Ahora.... ven con tu papi... te acuestas en la camita... (Se acerca al muñeco y le quita muy despacio la ropita a la muñeca.) Vamos a jugar un juego, pero es un juego sin ropita, porque la ropita da calor... ¿Te da cosquillas? A mi también... ¿Esta cámara? ¡Esta es una máquina de la felicidad! Tú te ríes y gozas cuando yo la apunto a tu carita. A ver, una sonrisita... vamos... (A Dante, extasiado.) ¿Ves el poder, Maestro? Mira cómo se ríe. No te pide nada, sólo te obedece. No te reprocha, no te jode, no te pelea ni te cuestiona... ah, maestro... mira qué fácil es, qué suave, qué tierno y blando... ¿Tienes frío, mi linda? Ahora, yo también me voy a quitar mi ropita para calentarte... y los dos, en la camita, vamos a jugar Tú vas a jugar conmigo... tú me tocarás aquí, yo te tocaré por aquí... y sonríe, sonríe como si fueras feliz...
JULIA: (Corre a un lugar alto, llorosa, destrozada.) ¡Toda mi vida soñé con tener un niño! Una tromba marina feliz en mi vientre, que llegara como llegan los reyes vengadores del mundo. Mi hijo no nacido, que nacería luego en todos los vientres de la tierra. Mi hijo, mi hijo que sería un soldado de fuego ¡que lucha por lo que aún queda de belleza en el mundo! (Destrozada.) Yo sólo quería uno... uno pequeño y terso como el viento... un niño, de tantos que se pierden en el mundo, ¡Yo solo quería uno! ¡Y tú... tantos que mataste! ¡Cada niño que tocaste con tus inmundas manos era mi hijo! ¿Cómo puedes perdonar esto, Dante? ¿Cómo? Si un día cualquiera, tu propio hijo, nacido del dolor y de la mentira, ¡pudo ir a parar a las manos de ese!
DVDMan: (Ante la fija mirada de Dante.) Vamos, Maestro, eso es sólo un muñeco, los buenos están aquí... DVD a $20 maestro.. a $20... tengo miles en casa, te doy la dirección, los vendes... los vendes y... son tuyos. Todos ellos, todos los que grabé... hay de todas las edades, hay blancos negros, chinos... maestro, a $20. (Dante se ha ido acercando amenazante hasta que un durísimo golpe de su mano va caer en el rostro del viejo que cae al suelo.) Maestro... ¿qué le pasa. ¿No es usté hombre? (Refiriéndose a Julia.) ¿O es usted una gallina cobarde que le conmueven los gritos histéricos de una machorra sentimental como esa... o vamos... después de todo, su hijo... ¡ese bebito negro y fuerte!... ¿no se lo iba a sacar ella en cualquier clínica por un par de pesos? ¿De qué mierda estamos hablando, entonces?
DANTE: ¡Cierra tu asquerosa boca, maldito espíritu! Tú estas muerto, imbécil y estás aquí! ¡Ya tienes el castigo que te mereces!
DVDMan: No, maestro... si estuviera tan muerto, no hubiera podido decirle la verdad. De que ustedes, tú y Beatriz, ya lo habían matado antes de que naciera.
DANTE: ¿Qué dices?
DVDMan: Ah, maestro... pero no me estrujes la camisa solo porque le digo la verdad. ¿Quién es más asesino de niños? ¿Tú o yo?
DANTE: ¡Yo la amo!
DVDMan: ¡Yo también los amo a ellos!
DANTE: ¡No quiero oírte más!
DVDMan: ¿Dónde está el hijo de Beatriz?
DANTE: ¡Cállate, maldito monstruo!
DVDMan: ¿Por qué no me lo entregas y le hacemos un videíto, maestro?
DANTE: (En un grito feroz, levanta el puño para dejarlo caer sobre él cuando un trueno espantoso cae sobre el ámbito. y vemos a Beatriz, embarazada, acariciando su panza recrecida.)
BEATRIZ: Es un bebito hermoso, negro y fuerte como la bondad... tuyo y mío, Dante... ¿Qué haremos con él? Porque mi marido aún no sabe nada, lo sabrá cuando nazca... el jura que es suyo. Si vieras a ese pobre hombre todo emocionado con el parto; le ha adornado su cuarto con muñequitos de Disney. Le ha comprado la cuna que tiene una musiquita para dormirlo, y muchos juguetes... ¿Sabes? Mi marido, el Senador... quiere a estar presente en el parto, dice que va a grabarlo con su cámara... dice que un momento así, es muy importante guardarlo en la memoria. Mira, Dante, tu hijo, tu hijo no nacido, ¡tu hijo que será hijo de otro hombre!
DVDMan: (El DVDMan se levanta, las almasperdidas se lo llevan para protegerlo. Antes de irse dice Dante, que yace destrozado en el suelo.) ¡Dale gracias a Dios que está muerto! Porque si hubiera nacido, maestro, si hubiera nacido... ¡lo hubieras visto en uno de mis discos! A $20, maestro... a $20... (Se lo llevan. Dante queda solo, mirando la muñeca desnuda, llorando desconsoladamente, mientras se apaga toda luz.)
JULIA: (Se ilumina despacio, sola.) Los balcones de este lugar, se cierran en un espiral. Mientras más bajamos, el hedor a carne putrefacta que sale de ellos se acrecienta... la vibración es densa e insoportable y el frío y la eterna lluvia muerden los huesos. Ya casi no podemos caminar sobre tierra firme, sino sobre una miasma oscura y pegajosa, que se desborda hasta nuestra orilla desde un inmenso río de apestosa brea. En ese río se ven, de vez en cuando, los cuerpos de gentes que se debaten entre su roja sangre y el excremento que transporta este torrente. (Dante llega a ella, muy despacio, cubriéndose del frío.)
DANTE: ¿Cómo pudo construirse semejante lugar?
JULIA: Con el alma de muchos. Ven, ya casi llegamos al final. (Salen.)
(Varias almasperdidas se iluminan en torno a La Beba)
Almaperdida 1: ¿Cuánto dijiste?
LA BEBA: Medio millón.
Almaperdida 2: Hay que ser bien pendejo pa' dejar ir medio millón.
Almaperdida 3: Los escondió para quedarse con ellos.
LA BEBA: El tiempo se acaba.
Almaperdida 8: Tiempo... eso es lo que más tienes aquí.
LA BEBA: No, baby... (Saca su pistola. Las almasperdidas se acercan a ella como si vieran algo de otro mundo.) Ah, ah... sin tocar.
Almaperdida 8: Pero ¿cómo...
LA BEBA: ¿Cómo que cómo?
Almaperdida 5: Pero es que tú no sabes que aquí...
LA BEBA: ¿Que aquí no qué?¿De qué aquí me estás hablando?
Almaperdida 3: Sólo ellos tienen...
Almaperdida 6: Ella no sabe.
LA BEBA: ¿No sé qué, puñeta?
Almaperdida 6: Yo me voy. No quiero problemas.
Almaperdida 7: Yo también.
(Salen almasperdidas 6 y 7. Almaperdida 1 se le queda mirando el arma fijamente.)
Almaperdida 1: A veces, cuando uno piensa mucho en las cosas que a uno le gustaban... ¡se pueden ver!
Almaperdida 4: Yo he sentido el olor del ron, y del cigarrillo...
Almaperdida 2: Yo el de la pólvora.
Almaperdida 8: Y el de las mujeres, ese olor me vuelve loco... (Se le acerca a la Beba.) Ven, dame un poquito, tú te ves bien buena...
LA BEBA: (Se aleja de ellos.) ¡Vete al carajo!
Almaperdida 1: Ven con nosotros, chula... ¡te hacemos reina!
Almaperdida 8: Sí... si ella tiene una de esas, ¡es porque algo tiene que no tenemos nosotros!
LA BEBA: Cualquiera puede tener una si quiere. Yo la tenía aquí...
Almaperdida 4: Ella, de verdá, no sabe.
Almaperdida 8: ¿Pero de dónde la sacó?
Almaperdida 4: ¡Y de buena cosa va a servir eso aquí!
Almaperdida 1: Pero por eso es que la vamos a hacer Reina, ven. ¡Viva mi reina! (Todos celebran. La levantan en bruces, ella se ríe.)
LA BEBA: No sean cabrones, suéltenme. ¿Pa' qué... (Ríe.) ¡Dejen!
Almaperdida 8: Ella es livianita... lo que pesa es la pistola.
Almaperdida 5: ¡Viva la Reina!
Almaperdida 1: ¡Qué viva mi Reina, la caballota!
Almaperdida 8: Ella tiene el fulete, y si tiene el fulete, tiene el poder...
Almaperdida 5: Dispáralo coño, dispáralo...
LA BEBA: ¡No! Que se me gastan las balas... (Ríe.) ¡Bájenme, coño, que yo no soy ninguna reina!
Almaperdida 4, 1, 8 (alter): Esta es mi reina, dispara, coño, ¡dispara!
(En un histérico aquelarre, las almasperdidas, siguen gritando, mientras La Beba mira su arma con delectación, La tienen en andas, como si fuese una Reina que viene de una gran batalla. Le instan a que dispare, La Beba dispara y justo en ese momento una luz cae sobre Beatriz, mirándola. La bajan despacio, y las almasperdidas se van temerosas.)
LA BEBA: ¿Qué tú haces aquí? Tú estás muerta.
BEATRIZ: Sí.
LA BEBA: ¡Ah! Cabrona... ¡Lo que pasa es que él no te mató de verdá! Me hizo creer que te mataba para después llevarse los chavos... A tu Marido yo lo vi. Él está aquí... y el negro, el negro también está aquí... Ustedes me feiquiaron los tiros pa` después joderme...(Se confunde.)
BEATRIZ: Ya toda esa historia terminó para mí y quiero que de alguna manera también termine para ti.
LA BEBA: ¿Terminar qué? ¿Qué carajo hay que terminar? (Le apunta con la pistola.) Si él no te mató una vez, entonces te mató yo, dime donde están los chavos. ¡Esos son mis chavos!
BEATRIZ: Tienes que darnos la paz a todos.
LA BEBA: ¿Dónde está?
BEATRIZ: Especialmente a él.
LA BEBA: Para él tengo la mejor bala...
BEATRIZ: (Se le acerca.) Yo cogí el dinero. Lo vi en una maleta, en el closet del cuarto. No sabía de que era, pero me lo supuse. Entonces...
LA BEBA: Necesito ese dinero... ¡Ese dinero es mío! Yo mato por él.
BEATRIZ: ¿Cuántos años tienes?
LA BEBA: No te importa. Dame...
BEATRIZ: Tienes 15 años.
LA BEBA: (Confundida por el giro de la conversación.) ¿Y qué?
BEATRIZ: ¡Cuánto odio se puede guardar a los 15 años!
LA BEBA: Suficiente para saber matar y vengarse.
BEATRIZ: Has matado mucho.
LA BEBA: ¡Y voy a seguirlo haciendo como no me digas donde está!
BEATRIZ: Hazlo. Vamos, dispara... disparale a la mujer del senador que te robó medio millón de pesos.
LA BEBA: Lo hago...
BEATRIZ: Y entonces, me matarás.
LA BEBA: Sí.
BEATRIZ: Me matarás porque crees que estoy viva.
LA BEBA: ¡Estás viva, puñeta!
BEATRIZ: Dispara... vamos, dispara...
(Las almasperdidas llegan a mirar la escena.)
LA BEBA: (Comienza a llorar.) ¿Dónde están mis chavos? Yo soy la caballota... soy la Reina, ellos me tienen miedo...
BEATRIZ: 15 años matando. ¿Uno, cinco, mil años más no importan?
LA BEBA: ¡Lo voy a hacer una vez más, hija de puta, si no me lo das.
BEATRIZ: ¡Hazlo! ¡Hazlo ya!
LA BEBA: Lo voy a... (Ya no soporta más lo que es ya obvio y dispara contra Beatriz. El sonido es largo, en un eco terrorífico que se disuelve en una pequeña luz.)
BEATRIZ: ¿Estoy muerta? Dime... ¿me ves muerta? ¿No serás tú la que estás...
LA BEBA: (Furiosa.) ¡No! ¡No! (Mira a todas partes, cuando vuelve a mirar a Beatriz ya no está, y en su lugar, aparecen Dante y Julia.)¿Dónde está...? Tú. (Pausa.) ¿Por qué juegan así conmigo? Yo he matado muchas veces. Hay maleantes que se divierten. Yo no. Yo soy seria, ¿vihte?. Yo mato porque... ¡porque... puñeta, hay que matar a alguna gente siempre! Yo no lo pienso. Es así. Yo no pienso muchas cosas, yo las hago y ya. Pero aquí hay medio millón que yo necesito y en esta pistola hay una bala pa' ti.
DANTE: ¿Crees que matando se logra lo que se quiere?
JULIA: Almaperdida, ¿qué cosa tan importante quieres tú que tengas que matar para conseguirla?
LA BEBA: ¿Sabes cuánto se consigue con medio millón pesos, puta? Todo... ¡Yo lo quiero todo!
DANTE: ¿Qué es todo?
LA BEBA: (Pausa. La Beba baja la pistola, su voz es intensa, aunque sobresale algo de la niña que es en el fondo.) ¡Todo! (Pausa.) Todo. Las nubes color chinita en un cielo violeta y el sol cayéndose en el mar. (No puede contener el llanto y levanta la pistola, otra vez, rabiosa.) Tengo 15 años, soy maleante, puta y asesina. ¡Y te juro por Dios que esta pistola es de verdá, coño! (Pausa.) ¡Todo! (Su cara se ilumina.) Voy en un carro sin capota... por allí por el Faro de Cabo Rojo, en ese sitio grande que hay allí, que se puede correr a toda velocidad por la orilla del mar, son como las seis y media, y el sol está cayendo entre un cielo violeta con nubes color chinita... (Las almasperdidas se van acercando despacio mientras ella habla, y poco a poco, en el momento justo, la levantan en andas.) ... estoy con mis tetas al aire (Ríe.), y el corillo está cantando y bebiendo, y yo me paro en el asiento, y la música está bien alta, tan alta... y el carro que va a las millas y entonces... el viento me da bien duro en la cara, y el pelo... y abro los ojos, grandes, ¡bien grandes! para que todito el sol se meta en la cabeza... y abro los brazos, como si estuviera agarrando al mundo y grito... grito bien duro, grito con toda mi alma... ¡como si fuera libre! (Grita.) ¡Libre!
(Súbitamente, tras el grupo que ha levantado a La Beba, aparecen cuatro agentes de gabán con las caras cubiertas y uno de ellos dispara contra La Beba que cae despacio en el suelo, bajado por las almasperdidas, casi en los brazos de Dante. Al acercarse los agentes, las almasperdidas huyen.)
LA BEBA: (A Dante.) ¿Tú sabes lo que quiere decir “libre”?
DANTE: No, chiquita. Si lo supiera, te juro que hace tiempo hubiera buscado un atardecer así como el tuyo.
(El agente se acerca y le quita la pistola a La BEBA. Los demás agentes se la llevan. El Agente se acerca a Dante, su hedor es insoportable para Dante y Julia, tanto que se retiran un poco.)
AGENTE: Okey. Lo voy a preguntar una sola vez. ¿Dónde está el dinero?
DANTE: ¿Y con qué autoridad me hablas tú?
AGENTE: Acércate.
DANTE: Tu olor no me deja acercarme.
AGENTE: Te acostumbrarás.
JULIA: (Al Agente.) ¿Qué asunto tienes tú con este hombre?
AGENTE: ¿Usted es su abogado? ¿No?, ¡pues cállese! (A Dante.) Tienes derecho a permanecer callado, todo lo que digas puede ser usado en tu contra... ¡Voltéate para ponerte las esposas!
DANTE: (Riendo.) ¿De verdad lo creen con esa fuerza?
JULIA: Tanta fuerza Dante, que sus armas se sienten de duro metal.
DANTE: ¿Por qué me persigues? ¿De qué me acusas?
AGENTE: El dinero de la droga, en la casa del Senador. Te estuvimos vigilando más de dos meses. Eras el amante de su mujer, que la preñaste... sabemos hasta lo que lees. Tus cátedras de independencia y nacionalismo. Tu poesía. Eres un tipo peligroso, Dante. Además no me gusta tu nombre, me recuerda algo despreciable. (Continúa.) Tienes derecho a tener un abogado. Si te declaras indigente la corte te proveerá uno.
DANTE: ¿Y a dónde me llevas?
AGENTE: Te vas a pudrir en la cárcel, maldito negro, por ser cómplice de unos traficantes que estamos persiguiendo hace años. Ahora dime dónde está el dinero.
DANTE: (Sigue el juego.) Si supiera dónde está, ¿de qué te iba a servir?
AGENTE: Este lugar está lleno de locos. Gente que no entiende el orden, la disciplina. Aquí hace falta control, justicia... (A Julia.) ¿Cómo te llamas? ¿Por qué andas con él?
JULIA: Tanto que te precias del orden y del control... ¿no puedes ver de qué está hecho quién está delante de ti?
AGENTE: (Mira a Dante con intensidad.) ¡Llévenselo para interrogarlo! (Los agentes llegan y corren hasta Dante.) ¿Qué esperan? (Los agentes se miran unos a otros. No se mueven.)
AGENTE 1: Jefe, no podemos...
AGENTE: ¿Cómo que no pueden?
AGENTE 2: Pesa, señor.
AGENTE: ¡Claro que pesa!
AGENTE 3; Pero señor, no podemos...
AGENTE: ¡Es un maldito machetero nacionalista, que se ha robado medio millón del narcotráfico! ¿Qué carajo les pasa? ¡Es un asesino de niños! Pone bombas y es musulmán. ¿No lo ven? Y encima, ¡es un maldito negro! (Los agentes se encogen de hombros y se retiran despacio, pero no se van.) ¿A dónde van, cobardes? (Se voltea a Dante. Muy cortés.) ¿Podrían acompañarme, por favor? No quiero usar la fuerza. (Dante y Julia se miran y se sonríen, pero le acompañan. Llegan a una silla es iluminada por una breve luz.)
DANTE: No soy musulmán.
AGENTE: Los informantes dicen que sí. Siéntate. (Dante mira a Julia, ella hace una señal para que obedezca sin temor y se aleja un poco.)
DANTE: Si lo fuera no tendría por qué negarlo. Es una hermosa religión.
AGENTE: Eso es un crimen aquí.
DANTE: ¿Cree que me preocupan “mis crímenes” ante un juez como tú?
AGENTE: Los musulmanes son la peste de la humanidad. ¿Es que no te acuerdas del 11 de septiembre? ¡Más de 3 mil muertos!
DANTE: ¿Y tú no recuerdas las dos bombas atómicas que ustedes lanzaron sobre Hiroshima y Nagasaki? Si es cuestión de sumar muertos, yo creo que la peste de la Humanidad son ustedes.
AGENTE: (Sin oírlo.) Ese dinero, el que estaba en la maleta, estaba destinado a comprar armas para el grupo terrorista llamado Los Macheteros. Y tú eres parte de ellos.
DANTE: Ojalá tuviese yo la mitad de su valor.
AGENTE: ¿Todavía crees que la lucha armada es posible en un país tan boca abajo como este?
JULIA: Siempre es posible la lucha, armada o no. ¿Qué crees que hacemos aquí si no es luchar?
AGENTE: No quiero que hables. Aquí hablamos los hombres. Te callas.
JULIA: Eres puertorriqueño, ¿verdá?
AGENTE: Soy ciudadano de los Estados Unidos.
DANTE: MIra, no sé de qué dinero hablas. Sí, es cierto que sabes cosas de mi, pero no sé qué daño podrían hacerte aquí.
AGENTE: A ver si nos entendemos...
JULIA: A ver si te entendemos a ti.
AGENTE: ¡Te callas! O quieres que te interrogue desnudita... (La toca.)
DANTE: ¡No te atrevas!
AGENTE: ¡Yo doy las órdenes aquí!
DANTE: Ya me cansé de ti.
AGENTE: Pues apenas empiezo, pendejo.
JULIA: ¿Podrías aprender algo de quien ha cometido una de las peores faltas humanas?
AGENTE: Todo lo que hice lo hice por mi patria.
JULIA: ¿Cuál es tu patria?
AGENTE: Los Estados Unidos de América. Ahora tú siéntate y no me jodas más. (Va a obligarlo.)
DANTE: ¡No me toques con tus sucias manos, maldito cerdo!
AGENTE: Pues aquí nos jodemos, hijo de put... (Se lanza encima de Dante y éste, hábil, lo toma por las manos y de un giro poderoso lo sienta en la silla, a ser ahora él, el interrogado.)
DANTE: Si quieres podemos golpearnos toda la vida. ¡Pero ahora hablaras tú, y si no lo haces, pediré que el balcón del infierno que me toque sea éste, ¡solo por el placer de joderte todos los malditos días que nos queden a los dos! Tú decides. Y decide bien porque no vendré solo.
AGENTE: No pienso contestarte nada. Mi patria me protege.
DANTE: (Dante le quita la pistola. La pesa, la siente.) Es real.
JULIA: No... pero lo parece mucho. (Dante se la entrega.) No importa que me deshaga de ella. Cuando nos vayamos, hará otra.
AGENTE: Acaba con esto, tengo otra misión que me espera.
DANTE: Tú te vas sólo si yo quiero, maldita rata.
AGENTE: ¡Avanza!
DANTE: Tú eres puertorriqueño. No eres negro como gran parte de nosotros, pero eres mulato, criollo, debes haber nacido en el Interior de la Isla, de padres pobres, mirando películas de espías en la televisión, creyéndote el cuento de que los policías siempre son los buenos... hasta que un día, en tu escuela superior, alguien se te acerca y te recluta para que delates a tus compañeros. ¿Te suena conocida esta historia?
AGENTE: Esto es un país en guerra.
DANTE: ¿Por qué te vendiste?
AGENTE: Eso no te importa.
DANTE: ¿Necesitabas dinero? (Lo rodea.)
AGENTE: Mi familia era pobre.
DANTE: ¿Pobre de dinero o pobre de espíritu?
AGENTE: ¡Termina con esto de una vez!
DANTE: ¡Termínalo tú! ¿Qué hiciste?¿Quién eres y por qué estás aquí?
AGENTE: ¿Puedo quitarme la chaqueta?
JULIA: Hazlo. Si no te mueres de vergüenza, te morirás de frío. (El agente se voltea para quitarse la chaqueta, los tres agentes lo hacen al mismo tiempo que él y sacan de algún lugar algunas escopetas. La camiseta en sus espaldas, dice las letras F.B.I. Dante comprende.)
AGENTE: Debí haber disparado otra vez ese día. (Le pide a Julia la pistola. Esta se la entrega.)
DANTE: ¿Qué día? (Se comienzan a escuchar los perros, luego helicópteros y la ráfaga de disparos.)
AGENTE: ¡Aquel glorioso día! (Pausa.) Unos policías mayagüezanos lo habían delatado. (Ríe.) Los cabrones cobraron el millón de recompensa y sus mujeres deben estar cogiendo sol con las tetas al aire en alguna playa quién sabe dónde. (Pausa.) Los perros del barrio comenzaron a ladrar, él ya sabía que estábamos allí. Lanzamos el carro contra el portón... eso y sacar los rifles fue una sola cosa. Sin esperar, sin un segundo de pausa, acribillamos la casa por todas sus esquinas. El gritaba como un demente... su mujer salió y se la llevaron, y luego una ráfaga más, y otra... quince, quizá veinte escopetas y pistolas disparando sin tregua contra la casa de madera. Él apenas disparaba una que otra bala. Entonces ... (Se acerca a uno de los agentes y le quita la escopeta.) Soy un francotirador... tengo medallas... veo su reflejo, una sombra rápida, hago mi cálculo... y en medio del silencio del monte... (Se escucha un disparo en largo eco.) Esperamos... luego de un par de horas, no se oye nada más y entramos a la casa. El está sentado en el suelo recostado de la pared... todo el piso está lleno de sangre, su ropa, todo, como una cascada que le salía por la vena del hombro... había sido mi disparo, nadie tenía duda. Lo rodeamos.... el famoso Comandante Machetero levanta los ojos, me mira... me mira.... jamás olvidaré aquella rabia.
AGENTE 1: (Suave, como una incitación muy intensa.) Dale el tiro de gracia, dáselo... shoot the bastard. Shoot him again...
AGENTE 2: En medio de los ojos. Acaba con este maldito terrorista.
AGENTE 3: Dáselo... tú eres puertorriqueño, este comunista quería joder a tu país, dáselo. Apunta bien, en medio de los ojos...
AGENTE: (El agente levanta el rifle y apunta. Luego lo baja despacio.) No. Para asar a un cerdo en Navidad, hay que dejarlo desangrar. Déjenlo desangrar... (Los agentes se retiran despacio.) Entonces me senté frente a él, a mirarlo morir. Lo único que hacía era mirarme, no podía hablar ni respirar bien, la sangre lo ahogaba. (Pausa.) No le quité los ojos de encima hasta que su cuerpo cayó sobre su propia sangre... nunca voy a olvidar ese rostro. Nunca voy a olvidarlo porque te juro, cabrón, que cuando regrese a la vida... lo voy a volver a hacer, una y otra vez, con cada uno de ustedes.
JULIA: Entonces te volverán a matar, una y otra vez, igual que ahora.
AGENTE: No es mi culpa que el odio no tenga fin. ¿Y por qué él no está aquí conmigo?
DANTE: Porque el no deseó para sí mismo, sino para los demás. Y ese deseo lo llevó a ocupar el espacio de entrega, de compromiso y de bondad que su pueblo le pedía..., un espacio que ni tú, ni los tuyos... ¡ocuparán jamás!. (A Julia.) Ya no puedo soportar la peste. ¿Tengo algo más que hacer aquí? (Julia niega. Dante se retira y ella lo sigue. La luz sobre el agente se va apagando lentamente, mientras una música perturbadora se retuerce en el aire.)
JULIA: Hemos llegado al final, Dante. Ahora tienes que calmarte porque entramos al peor lugar de todos: al alma del deseo. (Camina con ella.) Escondámonos aquí. El ritual empieza.
DANTE: Me muero de frío.
JULIA: Este es el frío de la muerte.
(Una gran parada de todas las almas comienza a llegarse entre el público, vienen ansiosas, pero nada dicen. Esperan, miran hacia adelante sin detenerse sobre nada. Del fondo del espacio, llegan cuatro cargando una enorme silla sobre la que se sienta ella, vestida de cueros, con el pelo encendido y la cara maquillada como un cantante de rock. Un látigo en la mano.)
DANTE: ¿Quién es?
JULIA: Es una suma. En la literatura se ha representado como un noble caballero galante, como un mounstruo de dos cabezas, y en el cine como una mujer fatal. Pero en el fondo, “ese” está en nuestra cabeza de la manera en que nosotros lo construimos. Esa imagen no es la mía, ni la de otros, es la tuya sola, tu imagen... de él.
EL: (Una voz gruesa, de hombre, probablemente de Dante mismo, sale de los labios carnosos de la mujer.) ¡Yo... quiero tener! (Los hombres la colocan en el suelo y se arrojan a sus pies.) ¿A quién esperabas, Dante? A veces, cuando te pones triste, ves finales. (La pantalla comienzan a moverse imágenes difusas.) Siempre deseamos que todo termine, pero no queremos que termine lo que deseamos. Desde que entraste a este lugar te preguntaste ¿a quién encontrarías en lo más profundo? ¿Por qué esta mujer vestida así, con el deseo en la carne, el caos en el alma... ¿Lo imaginaste? Esta mujer eres tú y es ellos. (La mujer se voltea a la pantalla y en ella vemos las imágenes más horrendas de la historia contemporánea, presidentes actuales, gobernantes puertorriqueños, la policía en violencia, protestas masivas, el Papa, terroristas, explosiones, ejecuciones, todo en una rápida sucesión que Dante y Julia miran aterrorizados. Mientras las almas pedidas van acercándose entre el público, vestidas de negro, encapuchadas, cubriéndose de frío. Una luz azul densa se apodera del ámbito.) ¿Los ves? ¿Quién hizo que toda este gente deseara tanto? ¿Por qué Dante, si el deseo es el corazón del dolor? (Las imagenes se detienen abruptamente. Aparece la imagen de Dante, mirando a cámara, llorando, diciendo como un susurro. Mientras habla las imágenes continúan en el trasfondo.)
DANTE EN LA IMAGEN: ¡Estoy vivo! ¡Late! Siéntelo... se agita violento. ¡Mi respiración... un poco más y es huracán! Mi mirada de fuego... mi piel caliente... mi boca es un mar de ti... Beatriz, ¡te deseo más que a la vida! ¡No eres mi piedad! Eres mi maldición, mi bendita maldición que acepto como el regalo más glorioso que haya podido darme la existencia. ¡No me pidas que deje de ser humano! Eres mía, Beatriz, ¡mía, por siempre!
EL: ¿Cuánto más humano quieres ser, para sentirte humano? Políticos, asesinos, lujuriosos, suicidas, pornógrafos, traidores... todos humanos, y de todos ellos hay un poco en tí. Porque todos ellos -humanos- te desean en ti, y tú -humano- te deseas en ellos. Tal es, Dante... que el peor enemigo que tendrás, es el propio corazón de tu deseo. Sal ya de aquí, que aún no es tu hora. Cumple la profecía de una vida humana llena de ambición, de dolor y de culpa. Yo estaré aquí... esperando por tu corazón.
ALMASPERDIDAS: (Las almasperdidas se arrancan el corazón en tormentoso gritos y ayesmientras gritan: ) ¡Yo quiero tener! ¡Te deseo! ¡Quiero! ¡Quiero mi deseo! (Caminan hacia EL para entregárselo.)
JULIA: (Al ver a Dante absorto en la visión.) ¡Dante!, vámonos de aquí ahora! ¡Dante! (Julia es forzada a tomarlo del brazo y prácticamente empujarlo del lugar, todo se oscurece en medio de un trueno voraz. Beatriz aparece en la esquina contraria. Una suave música se deja caer sobre ella. Ella mira hacia la luz de ”afuera”.)
BEATRIZ: Afuera cae el sol, Dante...en unos minutos, la noche caerá con su lagrimeo de estrellas...
DANTE: (Llega con Julia.) Aún no puedo verte.
BEATRIZ: No, ni lo harás. ¿Para qué? Soy un recuerdo pertubador en tu vida. Soy un balcón más de tantos como viste en tu infierno.
DANTE: Beatriz, fuiste mi consuelo.
BEATRIZ: ¿Consuelo? A mi me queda el consuelo de haber tomado ese dinero sucio, sí... de haberlo repartido a quien lo necesitaba. Eso es un consuelo bueno.
DANTE: Quieres quitármelo todo, quieres que empiece de nuevo.
BEATRIZ: ¡Yo atravesé este infierno antes que tú!
DANTE: ¿Y no deseaste tú también?
BEATRIZ: A veces deseo la bondad porque no me siento feliz con mi egoísmo. Pienso que debí haberte amado sin poseerte, que mi cariño hacia tí lo justificara tu ser bueno y generoso...
DANTE: ¿Puede justificarse el Amor?
BEATRIZ: Pienso que debí haber tenido tu hijo para que fuese una extensión viva de nuestras buenas cosas... Pero sólo latía en mi el terrible deseo de escapar de una vida complicada y de atarme contigo en los tortuosos vínculos del deseo, que te hicieras tu responsable de mis carencias y que yo me sentase cómodamente a ver como te destrozabas por mi. ¡Pero me libre la vida de eso siempre! Las relaciones son maestras, Dante, y yo todavía tengo tanto que aprender!
DANTE: Siempre serás... en mi vida... lo más...
BEATRIZ: ¡Las cosas tendrán el valor que tú les das! Te atarás a las cosas cuánto más las desees y la muerte no detendrá ese torbellino, por el contrario, ¡lucha contra la inmortalidad de tus deseos y busca la inmortalidad del Amor! Te darán muchas vidas para hacerlo, pero no las malgastes. (Inicia mutis. Pausa.) Una última cosa... hay fotos mías en tu casa, llevas una en la cartera y otra entre las páginas de tu libros favorito. Quémalas todas. Yo no soy una foto. Adiós Dante... ahora vete y advierte a todos de este grave peligro, para eso eres escritor. (La luz sobre Beatriz desaparece despacio con la música. Un manto hermoso de estrellas se proyecta en la pantalla. Dante y Julia caminan hacia él.)
DANTE: ¿Cómo puede haber poesía si no hay deseo?
JULIA: Tampoco tienes que ser tan duro contigo mismo. Hay cosas que aún se pueden desear, un Amor limpio y callado, algo de paz, de silencio... inmensas palabras que aún signifiquen lo mismo para todos. Sí, hay cosas, que aún pueden desearse sin perder el corazón. Y también Dante, amado... hay una hermosa poesía en el olvido, búscala... porque es la poesía del perdón. Ahora me voy, yo también soy poeta y tengo como tú, un grave asunto que advertir.
DANTE: Gracias, Almamarina.
JULIA: (Julia lo besa en los labios con dulzura mientras su luz se desvanece.) Hasta luego, Amor... poeta.
DANTE: (Camina hasta las estrellas.) Entonces, empezar el olvido, como un camino que va de un pavoroso infierno hacia un extraño pero iluminado paraíso... un camino sin tí. Está bien. ¡Pero voy a extrañarte! (Pausa.) Te extraño. Te extraño tanto.
(La luz con suave música cae sobre él suave, llevándose su melancólica sonrisa.)


Fin de INFERNO
5 de mayo de 2006
Palomar, San Juan