TEATRO PUERTORRIQUEÑO
TEATRO PUERTORRIQUEÑO • Discusión, confrontación y análisis desde la Revista INTERMEDIO DE PUERTO RICO editada por ROBERTO RAMOS-PEREA
lunes, 20 de mayo de 2013
GOZOS DE INQUISICIÓN Prólogo a un “pataki histórico” ante su estreno el 21 de junio de 2013 por Roberto Ramos-Perea
jueves, 25 de abril de 2013
CARTA ABIERTA AL GOBERNADOR ALEJANDRO GARCÍA PADILLA:
lunes, 22 de octubre de 2012
San Juan de Puerto Rico
A la partida de mi hermano Rodolfo Santana Salas, Dramaturgo del Mundo.
Mi querido hermano Rodolfo:
Enterarme de tu muerte por “facebook” es un chiste de mal gusto. No como los que tú siempre hacías, con ese humor tuyo tan visceral, tan caústico, tan certero. ¡Que te mueres de diabetes, joder!, tú que aún no habías encontrado cuál era el pecado de Gomorra.
Con tu muerte deja de latir uno de los pocos corazones que l
El Teatro Iberoamericano ha perdido a un monje ilustre, a un unificador, a un loco genial, a un anarquista violento y a un iluminado revolucionario. Yo perdí al amigo que amaba a Puerto Rico como su segunda patria, pues aquí tuviste intensos amores, aquí estrenamos muchas de tus obras como Baño de Damas, Encuentro en el parque peligroso, La empresa perdona un momento de locura, El triple asesinato de Pongo, Bongo y Mongo, Nuestro Padre Drácula, La muerte de Alfredo Gris, y tantas otras que marcaron pauta en la dramaturgia del mundo entero. Y aquí entre los dos las celebramos con hondos tragos de solidaridad y firme cariño de hermanos. Habías escrito doscientas obras de teatro, y como gritabas muy en serio, “¡todas buenas!” ¡Tú has sido el único dramaturgo en el mundo que ha escrito una obra especialmente para que la gente se durmiera viéndola! ¿No es eso el mejor ejemplo de esa fantástica, privilegiada y casi mítica imaginación? Compartimos tantas largas noches en los Congresos y Seminarios Internacionales en los que Venezuela siempre venía orgullosa tras tu nombre. ¡qué inmenso homenaje te debe América Latina! Aquí y allá hicimos larga unidad fraternal con los galantes caballeros del GEDI, que eran y son lo mejor de la dramaturgia iberoamericana: Rovner, Kartún, Schimdhuber, De la Parra, Cabal, y yo que anduve por allí. Tú uniste al teatro de nuestras naciones. Y todos estamos cabizbajos hoy. Porque todos hemos perdido a un hermano de esos… de esos del alma, que con el amor de su Nación, nos hizo de todas las naciones iberoamericanas.
Yo perdí al hermano que me llevó a ver a una bruja en Palo Verde a las tres de la mañana; yo perdí al que siempre me elogiaba en exceso y con generosos regaños; yo perdí al que soñó que lo mejor del teatro siempre estaba en el trabajo solidario y socialista; perdí al que se exiló en Isla Margarita; al que se deprimía y hablaba de aquella mujer (¡sí, aquella tan bella!), que te había roto el corazón y que no podías sacar de tu mente; al guerrero que puso su esperanza en el Comandante Chavez y me hablaba de esa maravillosa revolución con un entusiasmo casi juvenil. No hace un mes atrás planeábamos por teléfono el nuevo encuentro en Caracas, un nuevo taller a nuevos dramaturgos a los que siempre diste tu generosa mano. Sí, coño… Yo perdí a un hermano. Y estoy muy triste; es una tristeza tan grande, una jodida tristeza sin lágrimas que me apaga… ¡hasta siempre, Rodo! Desde Puerto Rico, tu segunda Patria, mi aplauso cerrado a tu vida y a tu obra, mi abrazo al hermano y sí, que se joda… también mi lágrima.
Tuyo siempre,
Roberto Ramos-Perea
Dramaturgo Puertorriqueño
jueves, 15 de marzo de 2012
Antonia… o si será inútil la rabia. Por Roberto Ramos-Perea Dramaturgo Puertorriqueño
Carta a Antonia Martínez Lagares, a los 42 años de su vil asesinato impune.
Queridísima Antonia:
Ayer andaba por Río Piedras y me detuve justo frente a tu hospedaje de hace 42 años. Miré largamente tu balcón, el del segundo piso de la Ponce de León, allí, por las librerías, y un amigo con quien siempre comparto cuando voy por ese barrio, me dice, “ahí mataron a Antonia”.
Yo no le había hablado del tema, pero salió de su boca con una brillosa certeza inesperada. Es que el trabaja por allí, y todos los días, cada vez que ve el balcón, se acuerda. Y yo por ende también. Es ese balcón, sí, justo allí. Deberían poner una placa o algo. Sé que hay murales en tu nombre, con tu bello rostro reluciente de juventud, que acompaña versos de poetas guerreros. Pero allí donde caíste, no hay nada que te recuerde.
Cerré los ojos un instante, pretendiendo, como hago a veces, reconstruir en mi oscuridad, las emociones de algún pasado importante que no haya vivido. Pretendo oír las voces de ese mismo pasado resucitando en el presente, como una vieja película que se torna de pronto reluciente, o una obra de teatro en la que me siento en primera fila. Y desde mis lecturas, mis imágenes, mis sentimientos más íntimos de puertorriqueño… escuché.
Escuché el calor pesado de aquellas 6:15 de la tarde, cuando las hordas policíacas perseguían a tiros a cientos de estudiantes que durante ese día, el 4 de marzo de 1970, se habían levantado en armas, gritos y furia contra el militarismo en la Universidad de Puerto Rico.
Escucho los disparos a lo lejos, las patadas en el suelo de los que corren y gritan, siento el picor agrio del gas lacrimógeno que me irrita y me enfurece. Siento también el sordo golpe de la macana en una espalda, el furioso ay, el coño, el cabrón… el grito salvaje del que oprime, del que mata.
Allí, en tu balcón, estás hablando furiosa con tus amigos, con Celestino, con las demás muchachas… Hay en tu dulce rostro transfigurado una rabia de siglos que se va retorciendo en tu gesto, como un espasmo cósmico de ira, como si fuese el estruendo de un astro en llamas, el grito de un semidios enbravecido por la injustica… porque allí justo frente a tus ojos, un bárbaro macanea sin piedad a un estudiante, en medio de la calle, otros más patean sus testículos, le gritan, le pegan duro con las macanas y las botas con puntas de acero… te agarras de la baranda del balcón, con aquellas delicadas manos, convertidas ahora en garras… te inclinas hacia el frente, como si tu mirada fuese una llamarada, y tu pequeñita voz estruendea en huracán de rabia… ¡ASESINOS!!! ¡ASESINOS!!!
Luego acompañaste esas dos saetas de fuego con otras frases rabiosas, para que no golpearan más al pobre compañero que yacía sangrante en medio de la calle.
El bárbaro mira rápido; es tan magna la fuerza de tu grito, tan magnificiente el estentóreo gemir de tu dolor de mujer y de patriota, que el salvaje no puede evitar en reflejo cobarde, llevarse la mano al cinto, sacar la pistola y disparar intencionalmente contra tí, como si el estruendo de aquella bala te pudiese haber callado.
La sucia bala atraviesa tu cabeza de un lado a otro, y también hiere en su cuello a Celestino Santiago Díaz, que estaba junto a ti. Los pétalos de sangre derramada, como dice El Topo… hicieron que este pueblo no perdonara.
Lo demás ya lo sabemos. Aunque yo no estuve allí, todavía lo escucho en mi cabeza. La gente que te llevó al Auxilio Mutuo, tu muerte decretada al filo de la medianoche. Tu entierro doloroso, acudido por miles que cantaban La Borinqueña. Escuché entre balbuceos el duelo de Florencio Merced, de Rubén Berríos y del Comandante Marí Brás. Tu paso a la inmortalidad. Y esas tantas canciones a ti… ¡debe ser lindo eso de que te canten!
Yo no sé cómo es el sitio donde tú estás ahora, pero hasta allá deben llegar esos versos tan luminosos que te ha escrito El Topo… ese que dice, “Antonia, tu nombre es una historia de un pueblo que se busca y se ha encontrado en ti”, uf, ¡me gusta tanto esa canción!, porque con ella sé quién eres; y cantándola te amamos, Antonia.
De cómo te convertiste en un signo de esperanza, podemos dar fe todos los que hemos participado en los movimientos estudiantiles universitarios. Aquel militante que no sepa quién tú eres, debe remediar esa carencia ahora mismo, punto. Todos los que saben de ti, saben lo que es el valor y la rabia. Y cuando acepté hablar de ti, pensé, ¿que decir de Antonia que no sepamos ya?
Los datos de tu vida, que naciste aquí en Arecibo en abril del año 1949; que cuando te mataron, apenas te faltaban dos meses para graduarte de Maestra. Que tu crimen quedó impune porque quisieron culpar a un policía de plantón, de nombre Marcos A. Ramos, para ocultar el envolvimiento de otras agencias represivas que laboraban con la Policía de Puerto Rico. Y esto se supo en medio de las Vistas de Maravilla. Que el Policía que haló el gatillo anda por las calles, y aunque ya hoy deba estar viejo, enfermo o muerto, sigue impune y la impunidad no prescribe.
Que los verdaderos responsables de tu muerte lo fueron el Superintendente de la Policía, Luis Torres Massa, que ordenó la entrada de la Policía en el Recinto y protegió a tu asesino; el Dr. Jaime Benítez, Rector de la UPR que pidió la entrada de la Polícía para macanear a los estudiantes y el Gobernador de entonces, el anexionista Luis Antonio Ferré Aguayo que condonó y permitó todo esto. Todos con sus manos tintas de tu sangre, Antonia.
Si fue la rabia la que llevó tu corazón a abrir tu pecho de redención, es a lo que quisiera dedicar la reflexión que me impongo hoy. Yo siempre he querido saber si la rabia es inútil.
Y para averiguarlo necesito tu rabia, Antonia. Resucitar la fuerza de tu voz, tu gesto, tu contrita ira embravecida de tus 21 años de ilusiones y utopías. El valor, el coraje, los ovarios bien puestos para que aún a costa de tu vida, apostaras a una extraña rabia que nos ofreció la crudeza de la injusticia en toda su vergüenza. Ah, descubro algo importante. Un hondo sentido de justicia puede provocar una rabia iluminada. ¿Que puede costarnos la vida la expresión de esa rabia, como te la costó a ti? Tu vida de 21 años…
Imaginemos tu vida entonces, si esa bala no hubiese atravesado tus sueños… los desórdenes de la Universidad se hubieran calmado, tu coraje indómito habría encontrado una pausa. Te hubieras graduado, hubieses encontrado un trabajo de maestra aquí en tu Arecibo natal. Hoy tendrías 63 años. Creo que siempre hubieras sido independentista, pipiola, hostosiana o socialista, eso a la larga importa poco. Los que son independentistas de verdad, no cambian su sentir por estar en esta o aquella izquierda. Descubro otra cosa… tu rabia, motivada por la injusticia, supera las pequeñas parcelas de nuestras ideas políticas.
¿Cómo fue tu rabia? ¿La habías reprimido en palabras y gestos hasta ese día? O como la de muchos, fue creciendo, echando raíces, y a veces flores, soltándose en las conversaciones de la cafetería, en el hospedaje, mientras lees el periódico, o vas a clase con tus amigos…
Se dice que marchabas y militabas y lo hacías con una profunda convicción de la necesidad de un Puerto Rico libre, de nuestra ansiada república.
La rabia es también sorpresiva; vemos algo que nos aprieta el alma, vemos el sin sentido, el abuso, la violencia y allí sale, llena de su natural color humano; una rabia, que de pequeña, en un trino se vuelve rayo… y estalla sobre las cosas, para que nunca más vuelvan a ser iguales. Esa rabia que nos cambia, que nos alerta, que nos agobia, rabia insomne que día a día nos despierta prestos a una nueva lucha.
De algún lado nació esa rabia tuya, Antonia. Del hastío de ver un mundo donde las cosas cambiaban tan lento, de ver tanto valor y coraje reprimido. En tu época, la república no era tan ilusa y elusiva como lo es ahora. En tu momento la república era algo tangible, real, algo que podía llegar mañana mismo. Hoy casi nadie usa esa palabra… República. Y a mi me place mucho como suena: la República de Puerto Rico. Porque es la frase sencilla, real y justa del destino de este pueblo nuestro y de todos los pueblos oprimidos y colonizados por un imperio.
Y esa frase, cuando se duerme en los intereses de unos pocos, cuando se mancha con la política sucia y electorera que vivimos, cuando las bravías acciones del pasado, se someten a la “revisión” de programas de partido y a “nuevas visiones” de la lucha… no sé; me da miedo pensar que tambien esa frase –República de Puerto Rico- pueda perder sentido, como me parece que a veces le quieren hacer perder el sentido a la rabia. Yo como buen anarquista, creo en ella. Me la cuestiono, pero creo en ella.
Mucha gente cuestiona la rabia y la indignación. No le ven posibilidades electoreras o de triunfo. La rabia no produce votos, porque todo el mundo ahora es muy mesurado, muy imparcial, muy balanceado y moderado, cosa de no ofender a nadie. Como si para la ofensa, el ataque, la disidencia… hubiese que pedir permiso. Tú no pediste permiso para gritarle al asesino, el no pidió permiso para matarte.
Tú, amada Antonia, que con tu rabia te jugaste la vida, si hicieras hoy lo que hiciste hace 42 años, te ganarías muchos epítetos de parte de esa caterva de cobardes que solo buscan la mínima oportunidad de aparentar que luchan. Incluso te ganarías que te llamaran a capítulo algunos compañeros de la izquierda –como si no fuera suficiente la jodedera de la derecha-, y te dirían, oye, baja el tono que te enajenas, que nos separamos del pueblo, que los que expresan su rabia son tomados por locos, desorganizados y anarquistas.
¿Cuál es el miedo de nuestro pueblo a expresar indignación como lo hiciste tú? ¿Qué cosa se rompió en nuestro corazón que nos volvió a todos cobardes medidores de cada palabra que decimos? Ahora no ofender al enemigo es casi una consigna. Entre la misma izquierda, ¡cuestionar una injusticia de algún compañero, o la irracional estrategia de algún partido, es un pecado supramortal!
Incluso somos tan educaditos y civilizados a la hora de hablar de la dictadura. Mira tú, la cantidad de gente que me pide que no use esa palabra cuando hable de este gobierno, porque les parece que estoy “exagerando”. Lo siento, soy anarquista, me fastidia que me den órdenes.
Y yo no hablo de tomar armas. Creo que esa discusión nos ha dividido más de lo que nos ha unido. Y el mismo Comandante Filiberto Ojeda Ríos, antes de lo mataran a tiros los salvajes del FBI, nos había pedido Unidad independentista. Y esa unidad no llega, y como van las cosas, creo que no llegará nunca.
Entonces me pregunto, ¿puede unirnos la rabia? ¿Puede volver a juntarnos la indignación contra la injusticia? Esa fuerza sobrehumana, sencilla y directa, que tú y tantos otros nos enseñaron, de gritarle asesino al que mata, corrupto al que roba, hipócrita al que condena lo que él mismo hace, buscón al que engaña… gritarlo, sí. Bien duro, señalarlo, directamente, sin temor, a riesgo de que te disparen o te golpeen, o te boten de algún programa de radio. Esto último lo digo con conocimiento de causa.
¿Es útil gritar la indignación si luego de ella serás un perseguido, un marcado, que puedes quedarte sin trabajo, sin el sustento de tus hijos, sin casa, sin nada…? Que incluso por gritar tu indignación pueden sencillamente matarte o desaparecerte? Porque si eso pasa, Antonia, es humano e inevitable preguntarse si valió la pena gritar la rabia para con ella perder todo lo que se había ganado.
Oye, pero tampoco podemos vivir una rabia “light”, “posmoderna”, esas rabias de café, a medias, sin calorías, edulcoradas con farragosa intelectualidad o pero aún llena de complicidades y eufemismos. Eso y el silencio, es casi lo mismo.
La pregunta es, antes de la rabia… ¿qué realmente hemos ganado con nuestro silencio? ¿Acaso no hemos aprendido que todo silencio es cómplice?
Oye este cuento: En junio de 1867, en la Hacienda El Cacao, Betances se reúne con los tres comisionados que habían estado en las Cortes de España pidiendo reformas para Ultramar. Con él y de su lado, Segundo Ruiz Belvis y muchos otros puertorriqueños deseosos de saber cuál era el verdadero panorama para una reforma en Puerto Rico. José Julián Acosta explica como puede, que las cosas no salieron bien, que había que buscar otras estrategias para que la reforma se pudiera negociar, pero que no había ambiente para ello. Betances, enfurecido, en rabia, irreductible, se levanta y pide que los que están reunidos allí, hagan el solemne compromiso de luchar por la independencia del país. Que ya bastaba, que era sufuciente eso de andar mendigando reformas a España y que era hora de que se trabajara por la República, antes de tener que seguir soportando impuestos, persecuciones, leyes omnímodas e injustas contra nuestro pueblo. Luego del violento exabrupto de su rabia, un silencio se apoderó de todos. José Julián Acosta toma la palabra y se distancia de Betances de medio a medio. La reunión se divide entre reformistas y separatistas: fue un momento complicadísimo en la historia de este pueblo nuestro. Los reformistas quieren negociar. Los separatistas quieren la revolución. Fue entonces que aprendimos de Betances que la libertad no se negocia, se toma. Y de Acosta aprendimos que no puedes confiar en lo que te promete quien te esclaviza. A los reformistas los metieron presos por el Motín de los Astilleros con el que nada tuvieron que ver. Betances y Segundo se lanzan al clandestinaje. Segundo a Chile y Betances a armar la revolución desde San Thomas.
¿Qué habría pasado si Betances no hubiese hablado desde su rabia?
La rabia tiene en su corazón de furia un sentido, una dirección y sobretodo una causa. Mira, Antonia, otra palabra limpia: causa. ¿Tienen una justa causa todas las rabias que nos aguantamos hoy? El joven por quien gritaste… ¿qué fue de él? ¿Acaso cambió su segura muerte por la tuya? ¿Fue tu intención y tu causa de justicia y libertad, tan grande y suficiente para que tu hermosa vida valiera tanto como la hermosa de él, abatido y sangrante en medio de la calle? O acaso… y esto me conmueve mucho pensarlo…. ¡Ambos dolores se hicieron uno en el dolor de la patria!
Tú, oprimida, gritaste para salvar a otro oprimido. A ti te mataron, pero tu muerte le salvó la vida a ese estudiante que no conocemos, cuyo nombre es cualquiera, cuyo nombre es pueblo. Ah, ¿ves Antonia? ¿Cómo empieza a ser útil la rabia?
Y tras perderte, al perder la tersa mano tuya que les daba cariño, la mirada tierna y amorosa de una hija sacrificada y dedicada… qué ganó tu familia? Y alguien me contó que tenías un novio. No sé si es cierto ni pude saber como se llamaba, ni cuánto lo querías… pero ¿qué ganó él? ¿Le fue útil tu rabia? Tal vez, en la limpieza del amor, se preguntaron, ¿por qué le gritaste a ese maldito policía? ¿Por qué no te metiste dentro del hospedaje a esperar que pasaran los tiros… ¿por qué a ti, si con tu muerte se perdieron tantas esperanzas? ¿Qué ganó tu familia con tu muerte?
Yo no lo sé. Pero son preguntas tan dolorosas, tan directas… pero tan necesarias para calmar el alma. Considerar y aceptar que el ser amado tiene su propias elecciones, sus propios rumbos, sus propias rabias que lo llevan a hacer esto o aquello, es una tarea de desapego enorme, pero aún más, de respeto por lo que cada quien decide hacer con su vida.
Yo tengo historias de éstas. Mi tío, Ulpiano Perea, desobedeciendo la orden seca de mi abuelo- se fue a Ponce el 21 de marzo de 1937. Se puso su uniforme de Cadete de la República y allí lo sorprendió la muerte a manos de un vengativo policía puertorriqueño que lo partió en dos con una metralla. Desde ese día, a mi familia materna le dio mucho trabajo levantarse de su miseria –Ulpiano era el único sostén económico- y con su muerte se instaló para siempre en nuestra casa una continua evaluación del patriotismo.
No es consuelo tampoco decir que tu familia te perdió, pero que nosotros te ganamos. No me parecería noble ni justo, sino utilitario. El héroe de la Patria es útil, ante todo, a los que le aman.
Estas preguntas podría contestarlas con poesía… a veces la poesía es mucho mejor que cualquier argumento de último minuto.
Concluyo que tu rabia fue útil. Es la rabia que marca las bofetadas de la historia, la que mueve las montañas, la que preña los vientres de la revolución.
Es difícil pensarte solo como una jovencita de 21 años, que fue asesinada por el tiro de un vil. Que estaba en el sitio equivocado a la hora equivocada, allí, sin responsabilidad alguna… o que te mataron por inocente.
No, Antonia, gritaste aquel día porque eras mujer, porque eras puertorriqueña, porque eras maestra, porque habías venido al mundo a construir y a mejorar, porque eras libertaria y justa, gritaste porque no hay espacio en la bondad del ser para la vileza. Gritaste Antonia, porque en tu voz, gritó tu pueblo.
Y además, ¡basta ya de eufemismos cobardes! Gritaste por que la rabia no es inocente. Y tú, Antonia Martínez Lagares, tú con tu acto nos enseñaste que la rabia que sale de la entraña de la Patria SIEMPRE ES JUSTA y SIEMPRE ES ÚTIL.
La pregunta es ahora para nosotros, puertorriqueños que vemos el carnaval de asesinos de la justicia gobernándonos. La pregunta es para los que nos encogemos de hombros cada vez que sale una nueva noticia del robo de millones del pueblo, del chantaje de las religiones, del maldito chisme político banal, de las atrocidades de nuestra actual dictadura… ante todo este desastre, ¿qué hacemos con nuestra rabia?
¿Podemos desde nuestros balcones gritar ASESINOS!!!, como gritaste tú? Y los que lo hemos hecho ya, ¿de qué nos ha servido?
Entonces nos piden que nos organicemos, que hagamos partidos y movimientos para dar canal a esa rabia diaria que nos agobia… pero nuestros partidos también tienen que moderar sus lenguajes para no enajenar. Las organizaciones políticas tienen que hacer estrategias, conseciones, alimentar líderes que den guía y dirección a esta rabia alocada y anarquista. No sé… entre tanta condición impuesta, la rabia se congela en mueca triste y vacía.
A mi, mi querida Antonia, déjame tu rabia útil y pura. Déjame tu rostro en los murales, déjame tu pequeña pero vital hazaña en los libros… abrázame con ella, enséñame a deletrear esa palabra- ¡¡¡ASESINOS!!!- para poder decirla siempre en furia vengadora. Haz mi rabia útil como la tuya. Porque la tuya fue útil. No solo te sembró frondosa en la historia de esta Nación nuestra, no solo te ganó el merecido espacio de mártir de la República soñada, me dió a mi, a los míos, a los niños del futuro, esa dulce y susurrada pregunta… “¿Quién fue Antonia?”
Antonia fue la que nos enseñó a gritar la rabia, Antonia nos enseñó que los pueblos no perdonan ni olvidan, Antonia es una historia de un pueblo que busca y se haya en su finos labios que nos besan en huracán. Antonia es tantas cosas del alma ungida de revolución, que recordarla todos los años, más que una obligación, será un privilegio para el alma. Bella mujer puertorriqueña, patriota entera, ovario fuerte y generoso, que da a luz al retoño de la esperanza, tu, querida amiga y compañera, me quedo con tu imagen reluciente, me quedo con tu grito, me quedo con tu savia, porque sí, tu rabia es útil. Ha sido útil porque nos trae aquí a recordarte. A recordarte la falta que nos hacen puertorriqueños como tú.
Por favor, guerrera, renace en los vientres de nuestra nación, sigue gritando tan alto como pueda tu memoria, porque esa rabia, querida mía, es santa!
Y si la República ha de vivir en el corazón del grito, que sea tuyo el grito en furia la que la proclame. ¡Viva la República, abajo los asesinos!
Quedo de ti, siempre tuyo.
lunes, 16 de enero de 2012
Contestación a Edgardo Rodríguez Juliá sobre el tema de Calle 13 y el Ateneo.
Por Roberto Ramos-Perea.
Dramaturgo Puertorriqueño
Asombrosa la columna “La calle al revés” del día 15 de enero de este año en El Nuevo Día, del escritor Edgardo Rodríguez Juliá. La discuto.
Calificar “el arte contemporáneo” como “mierda”, es prueba suficiente de que el compañero tiene algún resentimiento en el que se incluye con beneplácito en el oloroso apelativo, pues sus novelas ciertamente son parte de eso que llamamos “arte contemporáneo”.
Señala este novelista que “basta que a alguien se le ocurra una idea, o un “concepto” y, ¡eureka!, se trata de una obra de arte y un artista”. Bueno… ¿y no se supone que sea así? Todas las grandes reacciones a lo establecido como arte se han regido por ese sencillo principio. Así nació el renacimiento, la ilustración, el barroco, el neoclásico, el romanticismo, el realismo, las vanguardias y el arte posmoderno. Es decir, que este notable escritor elimina de un plumazo la naturaleza misma de la evolución artística. Desafortunada aseveración de un profesor universitario.
Para sostener su argumento exige que todo artista deba acudir a las aulas a educarse en los principios de su arte, -cosa a la que nadie podría oponerse- y sentencia que “quizá, algún día” ese hipotético artista pueda convertirse en genio. Vaya, ¡tan largo me lo fiáis! El artista según Rodríguez Juliá tiene que complacer los criterios y el gusto de los que dominan el oficio, pasar su censura, cedazo y gusto, para merecer llamarse artista. ¿Quiénes son esos y quién les dio la autoridad para decidir cosa tan trascendental a la evolución del arte? ¿Se considera él, uno de ellos? El, que concibió e intentó, como un ¡eureka! un arte de novelar testimonial que si bien agradó a muchos, también puso a desproticar a otros que consideraron que El entierro de Cortijo era “una mierda” de novela. Decir tamaña cosa sobre la necesidad del estudio para quedar autorizado a la expresión artística nos llevaría a quemar las obras de Van Gogh, por ejemplo, porque nunca tomó un curso de dibujo o la misma música de Cortijo, Maelo, y tantos soneros de los que el escritor es fanático, simplemente porque no estudiaron en el Conservatorio de Música.
Dice este novelista que Puerto Rico “es un país a medio hacer” (juicio de Puerto Rico que es remedo del de Jacinto de Salas y Quiroga, poeta español “Puerto Rico es el cadáver de una sociedad que no ha nacido”. 1839.). Bueno, muchos creen con más asertividad que este es un país “a medio gobernar”. Si el compañero confunde los despóticos gobiernos que hemos tenido con las insuficiencias que el pueblo ha padecido por esa misma causa, entonces el compañero no conoce lo que es resistencia, nacionalidad, identidad y producción cultural a la que él mismo ha contribuido con su quehacer. Si es el país y no su gobierno el que está “a medio hacer”, él mismo tiene buena parte de la culpa por apoyar a gobiernos que han “medio hecho” al país.
Se lamenta que “los puertorriqueños inventamos el reguetón”. Si busca en el mismo Google a donde él nos ha mandado, se dará cuenta de que no es una invención del todo nuestra, sino una fusión de muchos intentos y ritmos de otras latitudes que en el proceso dinámico de influencias e intercambios, crea una singularidad que algunos han llamado “nuestra” y que tiene todo el derecho de ser “machacona cantaleta” y a quien debe concedérsele, en aras de la “democracia” creativa, “la rabia lumpen”. Hace tiempo que los intelectuales debieron dejar de usar la palabra “lumpen” porque en su despreciable relatividad, dice más de nosotros, que de lo que realmente queremos cualificar. Sería bueno que Rodríguez Juliá tuviese la pública oportunidad de definir ese “lumpen”. Sobretodo desde una óptica socialista e igualitaria, y ante todo justa. Llamar lumpen al títere de la calle, al tecato, al asesino, al drogo, es ante todo un reduccionismo capitalista –e infantilista de izquierda- que desconoce las razones políticas, sociales y culturales de nuestra miseria moral. Pero esa frase ante todo, es un desprecio de blancos.
Al llamar al reguetón “horrible música”, no deja mucho espacio a la valoración justa de un género que puede ganarse todo nuestro disgusto, pero no podemos, en respeto a la inteligencia negarle su originalidad y su misión como vocero de realidades que no se conocen en Guaynabo City donde vive Rodríguez Juliá. ¿Por qué negarle el mérito de ser expresión genuina de la violencia de nuestras calles, de nuestros bajos fondos, de corrupción moral, de miserias y también, ¿por qué no?, de nuestras esperanzas, sueños, sexualidad, anhelos, amores y afectos? ¿No es eso lo que hace el arte de la novela que practica el colega, y que practico yo en el teatro? Sí, obvio, pero no andamos por ahí, en respeto a nuestra inteligencia y nuestra capacidad crítica, vomitando lo “horrible” que es la literatura puertorriqueña. ¿Por qué? Porque se trataría de meros y baratos gustos y opiniones y los años nos han enseñado que de gustos y opiniones no se discute.
El colega escritor remata con refinísima blancura aristocrática que “la popularidad global de Calle 13 sólo es prueba de que el gusto actual está en el mero “anus mundi”. ¿Dónde realmente queda el “anus mundi”? ¿En la antípoda del “anus blancus”?
Comparar las penurias y sacrificios de los jóvenes que componen la Sinfónica Juvenil de Venezuela “que dominaron el solfeo”, con “chamacos frescos de la clase media puertorriqueña, versión Trujillo Alto, que asaltaron la fama de los nueve Grammys latinos”, es una símil traída por los pelos, pues hablamos de espacios sociales diferenciados e intervenidos por elementos foráneos que a su vez crean productos culturales propios de su contexto, ¿por qué omitir esto tan obvio para marronear un argumento? Si no le gusta la canción Latinoamérica de Calle 13, derecho tiene. Pero no me haga pasar su opinión como un criterio de excelencia.
Llamar “autócrata” a Chávez nos obligaría a preguntar si el colega tiene algún otro autócrata en mente que haya influenciado a Calle 13, el país donde nació y la música que canta. Nos parece caprichosa y colorida la designación de un político que puede no ser simpático a mucha gente, pero ¡qué curioso!, mira de dónde viene el reaccionario apelativo, de un escritor en un país donde ¿no manda también un autócrata, que no tendrá petróleo, pero ha sido todo un experto en el robo de fondos federales y en la explotación de su pueblo?
El ataque al escritor Eduardo Galeano nos suena a sangrado personal. Llamar simplista a una de las voces más potentes en el análisis de lo que es y ha sido la resistencia latinoamericana –cosa que él mismo no podría negar si realmente la conociera y la juzgara con sencillos principios y valores socializantes-, es harto simplista. Digo, yo me imagino que Rodríguez Juliá como intelectual y escritor ostenta en su escala de valores, valores socializantes y democráticos, me parece. Si no es así, que aclare a qué valores sirve su obra. Digo, para estar claros de con quién hablamos, ¿no?
Si para este escritor puertorriqueño el imperio yanqui no es maligno, entonces enmudecemos por asombro… ¡nada más que hablar!, desde 1898, según él, hemos vivido en las papas. Y entonces, ¡ya apareció el peine! Y lo justifica con la atroz generalidad de señalar que los latinoamericanos prefieren ir a Estados Undios a ser esclavos, que luchar por sus países. Coño… esto es afrentoso, no solo contra los emigrantes a quienes ha llamado menos que mierda, sino contra los millones de muertos caídos en las luchas antiimperialistas latinoamericanas y puertorriqueñas, a quienes ha llamado en palabras “finas”, cobardes y pendejos.
Entonces su simplismo se pone necio al señalar que tal lucha es una cursilería izquierdizante que convenció a los “sabios del Ateneo” y a “Luis Gutiérrez”. Y luego de este derechismo fascista tan apabullante podría acabar nuestra discusión con una buena andanada de insultos. Pero prefiero recordar que este escritor fue el que un día entró al Ateneo y admirando la Galería de Puertorriqueños Ilustres entre los que se encontraba Betances, Albizu, Segundo, Tapia, Hostos, Julia de Burgos, De Diego, dijo con desparpajo insolente, “¿quienes son todos esos viejos chivús y qué habían hecho para estar allí?” Y que no lo niegue porque soy testigo. Tal vez desde allá vienen los resentimientos de este escritor con el Ateneo. Pues le informo que sí, que en el Ateneo hay sabios. Los ha habido, los hay y los habrá, si sabiduría es la iluminada presencia de la combinación entre la inteligencia y la sensibilidad, el respeto por el pasado, la comprensión del presente, la compasión por el futuro y el compromiso de mejorarlo y sobre todo la madurez de la tolerancia. De esta sabiduría, Rodríguez Juliá no tiene y el Ateneo tiene 138 años de lucha y logro por la identidad de la Nación puertorriqueña.
Dice además que “René y Calle 13, quien cuenta entre sus grandes virtudes patrióticas haber insultado a Fortuño e insinuado la afición al dulce de coco por el alcalde Santini”… bueno, tal vez entre las grandes virtudes patrióticas debería estar la expresión de la indignación y el ridículo para el que ostenta el poder “autocráticamente”. Que bien estaría si todos expresáramos la reacción fuerte, vigorosa, insultante y clara contra el que nos ofende y nos ultraja… y no la petulancia de creerse estar por encima de la indignación con una herramienta tan pueril como la soberbia intelectualoide, la indiferencia y la indolencia. ¡Ojalá y todos pudiéramos insultar y ridiculizar al Gobernador en el espacio público que él lo hace todos los días!, y aún haciéndolo, no igualaríamos jamás al insulto, ultraje y desvergüenza que Fortuño y Santini han derramado sobre su pueblo en todos sus años de desgobierno.
Sobre si Oscar López merece más la medalla que Calle 13, bueno, sobre eso no hay discusión sino una aclaración. Oscar López ha dado su vida por esta patria, y por esa razón, el Día de la Bandera, la máxima actividad de afirmación identataria que hace el Ateneo, se le dedicó a Oscar López Rivera. En su nombre se izó una bandera que es la bandera de todos los puertorriqueños, -puede ser que no sea la de Rodríguez Juliá-, pero sí es la de todos. No hay medalla –llámese como se llame- que supere ese honor que el Ateneo otorga. Y ese honor lo recibió ese inmenso patriota que es Oscar López Rivera, a quien el Ateneo ha honrado, no solo ese día, sino en varias otras ocasiones que Rodríguez Juliá desconoce por su encierro en su finísima torre de marfil.
El izamiento de la enseña nacional se le ha dedicado al Movimiento Estudiantil de la UPR, a muchos otros patriotas y a la bandera misma. El que el Ateneo acuñe una medalla con el rostro del Padre de la Patria, es precisamente un símbolo de que quienes la reciben, viven y luchan por las mismas cosas que Betances luchó. Calle 13 ha integrado a Puerto Rico al alma latinoamericana a través de su canciones y su insobornable compromiso con las luchas igualitarias de nuestro continente latinoamericano. Esto ha sido reconocido, no solo por el Ateneo sino por todas las hermanas repúblicas latinoamericanas. Aquí, este “gobierno” a medio hacer, no le permite un concierto.
¿Ganó notoriedad el Ateneo por esta acción? Después de 138 años de lucha por la identidad nacional, después de izar la bandera sola en los jardines del Ateneo, después de sobreponernos a gobiernos tiránicos como el de Roselló y Fortuño, y ahora a las sabidurías inamibles de Liza Fernández, ¿necesita el Ateneo “la notoriedad y celebridad de los nueve Grammys”? No creo.
En el ejercicio de su libertad, (o mejor decir: porque le dio la realísima gana), el Ateneo ha hecho este merecido homenaje a Calle 13 y se refirma en él. Aunque yo no puedo hablar en su nombre porque soy solo uno en una Junta de 17 personas de criterios diferentes –como institución de tribuna libre y democrática-, sentencio desde mi criterio, que esto es así.
Tras años de status quo con respecto al rol del Ateneo ante la sociedad, el nuevo Ateneo ha decidido que se debe a su pueblo más que sus intelectuales. Ha decidido democratizar su labor a la gente a la quien sirve. Esto no se pudo hacer por mucho tiempo, pues presidió el Ateneo una forma de pensar muy blanca y elitista, para quien Calle 13 representaría lumpen, incultura y poca finura. Ahora, con la nueva Junta, el pueblo puertorriqueño recibe al Ateneo como lo que siempre debió ser, la Casa de la Patria, no una égida de intelectuales blancos, temerosos del gobierno, dedicados a escucharse entre ellos mismos. El Homenaje a Calle 13, al prisionero político Oscar López y la colocación de la estatua del proscrito Betances, ratifican ese compromiso inalienable del Ateneo con su pueblo.
Creo que el frívolo es Rodríguez Juliá, el que necesita revisar sus nociones de puertorriqueñidad es él, ya que sus ideas políticas han hablado con inmensa claridad sobre el olímpico salto que acaba de dar. Es una pena. Por esta misma razón, las futuras generaciones tendrán que buscar a Rodríguez Juliá, no en sus obras, sino en el “Rincón del vago”, en Google.

