lunes, 20 de mayo de 2013

GOZOS DE INQUISICIÓN Prólogo a un “pataki histórico” ante su estreno el 21 de junio de 2013 por Roberto Ramos-Perea




Notables y reputados antropólogos e historiadores de las más prestigiosas universidades europeas, africanas y estadounidenses han establecido con alguna claridad, los orígenes de las antigüedades yorubas.
Para probable decepción de muchos de los seguidores y estudiosos de las religiones afrocaribeñas practicadas en el Caribe, los fundamentos arqueológicos y documentales de estas antigüedades africanas, distan mucho de “las realidades” de los patakíes o leyendas y deidades de la Santería contemporánea.
Incluso el mismo origen de la “santería” se ha ubicado entrado ya en las Antillas el siglo XVIII, y su florecimiento a finales del XVIII y principios del XIX.
Por ello, tratar de ubicar “los orígenes de la Santería” en la vida y hechos de los primeros yorubas que llegaron en las primeras capturas y ventas de esclavizados por los portugueses en el siglo XVI, es forzado y probablemente equivocado.
Adentrarse en los “hechos históricos” de las antigüedades yorubas, no es menospreciar o invalidar de ningún modo la grandeza y belleza de los mitos de la Santería que de ellos se derivan, sino por el contrario, fundamentarlos en la historia y obsequiarles una buena dosis de humanidad.
Pero la historia, como interpretación en sí misma, se afianza también en relatos interpretados por los autores de los petroglifos, ánforas, esculturas, pinturas rupestres, códices, y por supuesto la traición oral. Tal es que la “certeza histórica” que proponen tales reliquias, no es ni por asomo más historia o menos interpretación que lo que el mismo tiempo determina como sobrevivido.
Sin embargo, de todo ello algunos “datos”  que permanecen, son guías de interpretaciones que aspiran a esa certeza. Tal es, que las tierras que bordearon el Río Níger, fueron conocidas en el siglo XV y XVI como las tierras de Ilé-Ifé.
Y en Ilé-Ifé, una nación desorganizada, hervidero de inmigrantes subsaharianos, de sangre árabe algunos (jelofes), mezclados con naturales nigerianos sin fronteras más allá del Congo o más acá del Atlántico este, comenzó a definirse una personalidad, una forma de convivir, un lenguaje y un culto a deidades sin nombre, construidas en el inconsciente colectivo por el fragor del miedo por las guerras tribales, o por la gratitud de las cosechas.
De este disperso y desarticulado mundo, un general de muchas batallas es proclamado “Oba”, o Rey. Su nombre era Oduduwá, hijo de otro militar de oscura historia llamado Lamurudu, de sangre árabe. Oduduwá, al parecer, fue general de gran estima entre las muchas naciones de la aún indivisa Ilé-Ifé. Emperador magno y magnánimo, enemigo de la guerra y amador de la civilización, el orden y el progreso. Aún así, El Rey Oduduwá enfrentará las ansias expansionistas del general “Oba” Talá, (con el tiempo, Obatalá) subsahariano con esencia árabe igual, que intentaba anexarse a sus conquistas las tierras de Ilé-Ifé.
Al mismo tiempo, el general Orunmila, rey de una nación pequeña que le obedecía, intenta lo propio en sus deseos imperialistas. Oduduwá enfrentará a ambos enemigos con astucia y con la menor pérdida posible de almas africanas. Las negociaciones se imponen, y así, Ilé-Ifé queda dividida, tanto entre los hijos de Oduduwá y los hijos de los generales en pugna dando origen a varios de las ciudades-estados que conformarían esta vasta civilización. Oduduwá dejó para sí y sus hijos, las tierras de Ilé-Ifé.
Oranmiyán, uno de los más fieros hijos de Oduduwá, decide continuar la obra organizativa de su padre, pero a su vez también prepara ejércitos y entrena a sus soldados en el arte de la guerra. Las guerras tribales entre las naciones han sido siempre destino humano. Producto de ellas, Oranmiyan abandonará a su primera esposa y a sus hijos y se adentrará al África Central en busca de nuevos territorios.
Con el paso del tiempo, su primera mujer y sus hijos desaparecen en esas guerras y Oranmiyán en la búsqueda de paz, se casará con Torosi, hermosa africana perteneciente a la más prominente familia de Nupe, una de las naciones enemigas de Oranmiyan. Es cuando Oranmiyan consolidará la ciudad estado de Oyo. Con Torosi, Oranmiyan tendrá dos hijos, cuyos nombres pasarán a la mitología yoruba rodeados de luces y truenos: Sangó y Ajaka.
Al parecer Oranmiyán no compartiría mucho tiempo con su nueva familia, pues regresará solo, a morir en Ilé-Ifé. Nada se sabe de la infancia de estos hijos (que se cree eran gemelos), y algunos historiadores presumen que Torosi, y uno de ellos, fueron capturados por las ordas de esclavistas portugueses que llegaron desde las costas de Ilé-Ifé hasta Oyo mismo, durante todo el siglo XV. Invasión que los Obas yorubas no pudieron contener, y que por otra parte, con el tiempo, hasta colaborarían con ella.
Del Sangó histórico sabremos poco; pero consistente con la tradición, Sangó seguiría los pasos de su padre en la consolidación de las ciudades estado del Imperio Yoruba. Sangó casó muchas veces y tuvo muchos hijos, algunos destacaron en la milicia. De su personalidad se sabrá que fue fiero, agresivo, violento y vengador, del que se decía que cuando hablaba, salía fuego de su nariz y su boca.
Ajaka, quien hereda el reinado de Oyo por sobre su hermano, fue un mal rey, violento y hasta díscolo, autoritario y tiránico, que se valió de curanderos y brujos para consolidar su poder, lo que le ganó el odio de su pueblo. Ajaka pierde el control de Oyo en varias batallas tribales que Sangó y sus soldados tienen que ganar por él. Ajaka, humillado, abdica a favor de su hermano y Sangó adviene al reinado de Oyo. El poder se le sube a la cabeza y Sangó se vuelve despótico, tiránico y disoluto. Arrepentido por su ineptitud, abandona a Oyo a su hermano Ajaka, quien ya sin fuerzas lo deja en manos de su hijo Agajú.
Pero de los entretelones de esta historia, nada sabemos de la infancia y adolescencia de estos gemelos. Y de ser cierta, como parece, la historia que relata el secuestro de Torosi con uno de sus hijos, solo podemos aventurar cómo fue el regreso como adolescente polizón, desde las Antillas a África.
Aquí las entrecerradas puertas de la historia se abren de par en par por el vendaval de la microhistoria, del arte, la mitología y la tradición.
Torosi debió haber sido secuestrada junto con su madre y uno de sus hijos, y puesta en un barco negrero portugués cerca del año 1583. Los puertos de venta de esclavos de los portugueses eran mayormente Cuba, Santo Domingo, San Juan (Puerto Rico) y Brasil, donde la mano de obra esclavizada negra, ya había sustituido la taína.
Conocemos con vastedad, los detalles de la trata negrera y no es difícil recrear los terroríficos relatos del más infame de los eventos humanos.
La Isla de San Juan Bautista debe haber recibido a Torosi, a su pequeño hijo y a su madre, junto con cerca de 5,000 otros esclavizados negros que se reportan para esas fechas. Muchos de ellos no soportaron los embates de la explotación y morían con su cara en el agua de las quebradas y sus espaldas desgarradas por el látigo español. Otros, como bravos cimarrones, huyeron a los montes donde se organizaron para combatir a sus amos, y mantener vivas sus tradiciones yorubas, perseguidas sin descanso por el Santo Oficio de la Inquisición que se instala en San Juan con la figura del déspota Obispo Alonso Manso en la década del 20 del siglo XVI.
Era común entonces que la Iglesia requería esclavizados para sus servicios. Pero al quejarse de que no tenía dinero para comprarlos, los alquilaba a los terratenientes, quienes en la búsqueda del favor eclesiástico, accedía a tales alquileres, dejando en manos de la Iglesia la vida de los esclavizados. Estos eran mayormente mujeres, pues los hombres estaban destinados a las minas de oro.
Torosi y el niño, junto a otras esclavizadas, deben haber sido entregadas en alquiler al Obispo Nicolás Ramos Santos, quien ocupa el Arzobispado de San Juan en el año 1588, sustituyendo al Obispo Salamanca, uno de los Obispos más tiránicos y ricos que tuvo la Isla.
El Obispo Nicolás Ramos Santos es recordado en el Teatro Eclesiástico como un aplicado estudiante de la Universidad Salmantina, quien se une a los franciscanos en la búsqueda de la expresión máxima de obediencia y humildad. Será notorio en su vida su faena persecutoria contra Fray Luis de León, monje agustino a quien envidiaba por su talento como poeta, y quien devendría con el tiempo como uno de los pilares de la mística española.
El fracaso de su faena, en la que por poco logra la condena inquisitorial de Fray Luis, lo lleva a alejarse del mundillo político metropolitano y pide sus bulas para venir a América como Inquisidor, lo que se le concede en la Isla de San Juan.
Es aquí donde purga su envidia, y comienza su terrible paranoia demencial. Ramos sentía pavor por los tambores africanos de los cimarrones en las noches, como si fuesen preámbulos musicales de su muerte.
En la “soledad de la Indias”, como solía decirse, Ramos da rienda suelta a su documentado carácter despótico, megalómano y hedonista. Presumimos, como ocurrió con muchísimos clérigos en San Juan, que su celibato debe haberse rebelado ante el brilloso sudor de los senos de las africanas alquiladas a su servicio.
Después de todo, era un inquisidor, y todo inquisidor era un potencial pervertido, o un preclaro sádico que usando como excusa la persecución de la herejía, satisfacía su “negro” placer.
Torosi por su parte debe haber sentido la extrema necesidad, visceral, entrañable, de que Olodumare diera a su hijo, como hijo de Rey, el nombre con que le correspondía enfrentar la existencia. Y para eso se necesitaba un ritual, un ritual muy antiguo de los orishas, en los que estos hablan en la sangre de un ebbó. Y al hablar dicen cosas, nombran personas, dan ideas, y protegen a los justos. Y este ritual jamás, que quede claro, ¡JAMÁS! podía interrumpirse, por ninguna razón del mundo. Torosi necesita que Olodumare identifique a su hijo, pues con ese nuevo nombre, regresará a Ilé-Ifé en el reclamo de lo que le pertenece, y con la misión de salvar a su pueblo. Botundé Ilé-Ifé, “¡regresa a Ilé-Ifé!”, será el ruego de las esclavizadas al adolescente Sangó.
Así, encontramos en un mismo lugar “histórico”, a Torosi y al Obispo Ramos, en los extremos más extremados de sus creencias.
La trama no tendrá un final generoso. Un documento del Archivo General de Indias, del estante 54, cajón 1, legajo 9, es una epístola del Obispo Nicolás Ramos Santos al Consejo General de la Inquisición en Madrid, en el que se relata con detalles jurídicos el Auto de Fe de tres esclavizadas negras en el quemadero de San Juan bajo cargos de hechicería, adoración a Satanás y blasfemia, entre otros.
Es este el único documento real que sobrevive de los Autos de Fe del Santo Oficio de la Inquisición en Puerto Rico. Pero es obvio que hubo muchos más cuyos documentos fueron expurgados. Historiadores de la Iglesia como Huerga, Murga, los hermanos Perea, Cuesta Mendoza, entre muchos otros, se rasgarán sus vestiduras negando que tales quemas ocurrieron en esta Nación nuestra. Uno de ellos admite en fanático menosprecio que si las hubo, debieron haber sido necesarias. Hoy nos sonreímos al leer sus apasionadas negaciones o exculpaciones. Porque, señores, estas hogueras aún arden.
Por ello, esta obra teatral que he escrito, busca razones, expone argumentos, desnuda intolerancias y desigualdades, y en el fondo –aunque tal misión no sea del arte- busca honrar el valor y la bravura de aquellos primeros yorubas “puertorriqueños” que nos legaron un mundo de entereza, de coraje, de valentía y fe contra el prejuicio, y el fanatismo católico.
Esta obra pretende volver a amarles y respetarles en su bellísima grandeza. Luz que ha dado fe a miles de hijos de esa hermosa religión llamada “Santería”, que aún sin practicarla, corre en nuestra sangre negra, y late en nuestro pasado colectivo en cientos de doctrinas, rituales y costumbres, que aunque diferentes muchas de otras, siempre van a la suma primigenia que es el amor.
Yo no pertenezco a esa religión, no la practico, pero honro muchos de sus rituales y sus patakíes me parecen soles de sabiduría y en mis días de pesar, llevo un pequeño collar de cuentas blancas que me protege a nombre de Obatalá. Los batás yorubas se me confunden a veces con mis latidos. Algo muy antiguo y muy mío me rinde a estos misterios, porque amo mis raíces negras y venero mi pasado.
Luego de haber escrito esta historia entendí el por qué en la religión yoruba, no había un orisha que representara el mal.

17 de mayo de 2013


jueves, 25 de abril de 2013

CARTA ABIERTA AL GOBERNADOR ALEJANDRO GARCÍA PADILLA:

Señor Gobernador:
 
Como socialista, siempre me he admirado del poder que tiene la cultura para provocar el desarrollo de la civilización.

Esta noche, mientras usted hablaba al país, yo tuve una singular experiencia en Humacao, cuando llevamos ante una audiencia de más de 500 personas, la obra LA CUARTERONA de ALEJANDRO TAPIA Y RIVERA escrita en 1867. La llevamos de manera GRATUITA para el público, gracias al programa teatral de la Productora Nacional de Teatro y la gentil y desinteresada cesión gratuita de la sala de la UPR de Humacao.

Comunidad, estudiantes, escolares, gentes de todos lugares y clases, ávidas de ver algo que no sospecharon ver jamás y que constituyera una lección sobre sí mismos.

El hacer teatro puertorriqueño GRATUITO por los teatros del país es una forma socialista, directa, y exitosa de la revolución de la educación de la que habló usted hoy en su mensaje.

Durante 40 años que llevo haciendo teatro en Puerto Rico, he enfrentado con decepción argumentos terribles sobre eso de hacer teatro GRATIS para el pueblo. Muchos productores y actores me han dicho estas frases: 

1) “cuando le das algo gratis al pueblo, no lo aprecia” y…
2) “hay que cobrar taquilla porque el teatro cuesta”
3) “cuando haces teatro gratis para el pueblo, le quitas el negocio a los que cobran”,
4) “la gente no quiere teatro que hable de cosas importantes, la gente quiere ir al teatro a joder, a pitarle a las actrices, a oír groserías y a pasarla bien. ¡Así que lo pague!”

            Que pena que esta carta tenga un radio de atención tan corto que no me permite contestar estos disparates capitalistas con la profundidad que quisiera. Pero es una VULGAR mentira eso de que el público no aprecia el teatro gratis.

Esta noche, mientras USTED repartía “esperanzas” al país,  el público de Humacao se mantuvo en expectante silencio la hora y media que dura la obra, y el aplauso de pie al final y los comentarios de la gente, fueron realmente halagadores para nuestro trabajo.

El público puertorriqueño aprecia y respeta su teatro cuando SIENTE QUE ES SUYO, (y no un producto de la avaricia comercial de algún empresario.)

¡SIENTE QUE ES SUYO!... Y no tiene que pagar por él para sentir que le pertenece.

             Yo me paro frente al público, hablo con autoridad y compromiso del privilegio de ver representada la primera obra teatral EN TODA AMÉRICA que habló valientemente sobre la esclavitud y de cómo el dramaturgo puertorriqueño Tapia y Rivera desafió el Decreto Real de 1865 que impedía y castigaba a todo escritor por mencionar o escribir siquiera la palabra “Esclavitud”.

Cuando el público ve que tú aprecias y valoras lo que haces, que lo haces NO POR DINERO, sino por pasión, él también lo hará. Porque el teatro gratuito no es un regalo, es un privilegio.

Y no hay que cobrar taquilla para recibir ese privilegio, porque ya el Gobierno pagó porque así fuera. Ya el Gobierno creó esos más de 300 empleos a través de la PNT, fundada en 1985. Pagó actores, directores, empresarios que estaban dispuestos a hacer un teatro nacional donde recibir dinero de taquilla no era la prioridad.

Donde no tenía que vulgarizar sus temas, o presentar la comedia vana y fácil del desnudo, el sexo y la jodedera para recuperar su dinero invertido. Esa es labor de un Gobierno que respeta a su pueblo y desea educarlo.

Durante 4 años, la dictadura de Fortuño impidió estos esfuerzos. La Corte determinó que se continuaran. Y continuarán.

Lo que sí me extraña, Gobernador, es que en el discurso al país que dio usted esta noche, apenas se mencionó la palabra “cultura”.

Ciertamente el país tiene asuntos más apremiantes que el teatro, pero la cultura define las actitudes del pueblo sobre lo que pasa. Un pueblo educado se queja mejor. Ofrece alternativas, ayuda a la solución de los problemas porque los hace suyos.

Yo no sé si de entre todas las promesas que usted hizo esta noche habrá espacio para crear empleos EN LA CULTURA, en el TEATRO, en el CINE, en la MUSICA, en las ARTESANIAS, en el BAILE FOLKLORICO, en el ARTE PLÁSTICO, en la LITERATURA, en las bandas municipales, en los ateneos, centros culturales y en los grupos de teatro popular de cada pueblo del país.

Recuerdo que yo me reuní con usted varias veces antes de que usted fuera gobernador, porque usted mismo me lo pidió –sabiendo como sabe, que soy socialista e independentista- y en aquella mesa de aquel café, le dije claramente que si quería hacer una revolución con la cultura y la educación, tenía que rescatar los principios SOCIALISTAS del joven MUÑOZ. No del viejo traidor y vendepatria, sino del joven esperanzado, rebelde y hasta atrevido que fue aquel mozuelo socialista que soñaba con ser “panfletista de Dios”. Sí, ¡vaya! (Tenía que hablarle en sus términos para que me entendiera, porque si le hablaba en los míos, la conversación hubiera durado dos minutos.)

No sé si ese mozo Muñoz (¡aquel nieto del revolucionario inmenso que fue Ramón Marín!), exista todavía en la memoria de alguien. Al menos sí en la mía, aunque lo recuerde con una sonrisa un poquillo cínica y a destiempo.

Y le dije a usted, que como Popular, tenía que mirar hacia ese joven. Porque la verdadera revolución era la educación y la cultura PARA TODOS. Una cultura SOCIALISTA. 
Claro, que a Calle 13 le quedó mejor dicho que a mi.

Ahora me permito recordarle que por los nombramientos que ha hecho y hará en la cultura, -los suyos y los de Carmen Yulín- usted parece haberse olvidado de esa sencilla verdad de que la cultura y la educación son un asunto SOCIALIZANTE y SOCIALISTA.

Pero, oiga amigo, por lo que yo he oído, por lo que ya YO SÉ, usted ha puesto y pondrá la cultura de su gobierno en conocidas y manchadas manos burguesas que ya pasaron como huracanes terribles por los escritorios de las instituciones culturales de nuestra patria.

Yo no abogo ni por mí ni por los míos. (Ya yo sirvo al país desde donde sirvo mejor.) Pero quisiera que usted no olvidara aquellas conversaciones conmigo en aquel café.  Y que entre su sempiterna letanía de promesas de hoy, la cultura conserve algún leve, pero presente latido.

Pero, ¡qué mierda!, soy un pendejo pesimista. Y no veo, no palpo, no siento ninguna esperanza para la cultura tras su mensaje de hoy. Apenas escuché promesas, como cuando estaba en campaña. Usted se ha tardado demasiado. No lo culpo, este país está demasiado jodido y ni siquiera su esperanza en usted mismo parece conformarle.

Tal vez por eso me acordé de Alejandro Tapia, y se me aguaron los ojos.

Cordialmente;

Roberto Ramos-Perea
Dramaturgo Puertorriqueño

lunes, 22 de octubre de 2012

22 de octubre de 2012
San Juan de Puerto Rico

A la partida de mi hermano Rodolfo Santana Salas, Dramaturgo del Mundo.

Mi querido hermano Rodolfo:
Enterarme de tu muerte por “facebook” es un chiste de mal gusto. No como los que tú siempre hacías, con ese humor tuyo tan visceral, tan caústico, tan certero. ¡Que te mueres de diabetes, joder!, tú que aún no habías encontrado cuál era el pecado de Gomorra.

Con tu muerte deja de latir uno de los pocos corazones que l

e quedan al teatro iberoamericano contemporáneo. Fiero león, que con su eterna ansia, construyó mucha de la unidad del teatro contemporáneo que aún pervive en esta América Latina. Obra construida y alimentada desde por allá en los bajos sesentas, en la que abriste puertas y ventanas a un imaginario novedoso, violento, integral. Rodolfo Santana, hermano, paisa, chamo, broder… ese inmenso hombre de teatro que fuiste tú, es y fue el armador de una de las obras teatrales más trascendentales y significativas de toda la historia de la dramaturgia mundial. Y hoy te mueres así, sin permiso y de improviso…. Justo cuando estábamos planeando otro Seminario Internacional de Dramaturgia como los que exitosamente hiciste en Guanare, en Caracas, o aquí en San Juan. Carajo, morirte así y dejar todo eso a mitad, ¡qué bolas!… Morirte tú, tú, que nos enseñaste con tus fieros cinismos que el camino a la dramaturgia era un continuo interrogarse. Tú que nos citaste tantas veces ante tu vaso de whisky a hablar de nosotros mismos, como un siquiatra demencial, mezcla de hierofante, médium y astrólogo. Tú que hiciste de la amistad un sacramento, que hiciste de tu vida privada una estupenda lección de cómo no hacer las cosas; tú que en tu imaginario pavoroso descubriste que todo tiene un contra y un después que siempre se voltea y hacen un antes y un pro. Que nos invitaste siempre a la unidad y a la amistad sin egos. Tú que nos enseñaste que no había mejor cosa que siete dramaturgos iberoamericanos reunidos en Caracas, Guadalajara, o en Cádiz, en Madrid o en Bogotá, hablando de mujeres, de whisky y de los dramas de Calderón. ¡Qué brillante amigo fuiste!

El Teatro Iberoamericano ha perdido a un monje ilustre, a un unificador, a un loco genial, a un anarquista violento y a un iluminado revolucionario. Yo perdí al amigo que amaba a Puerto Rico como su segunda patria, pues aquí tuviste intensos amores, aquí estrenamos muchas de tus obras como Baño de Damas, Encuentro en el parque peligroso, La empresa perdona un momento de locura, El triple asesinato de Pongo, Bongo y Mongo, Nuestro Padre Drácula, La muerte de Alfredo Gris, y tantas otras que marcaron pauta en la dramaturgia del mundo entero. Y aquí entre los dos las celebramos con hondos tragos de solidaridad y firme cariño de hermanos. Habías escrito doscientas obras de teatro, y como gritabas muy en serio, “¡todas buenas!” ¡Tú has sido el único dramaturgo en el mundo que ha escrito una obra especialmente para que la gente se durmiera viéndola! ¿No es eso el mejor ejemplo de esa fantástica, privilegiada y casi mítica imaginación? Compartimos tantas largas noches en los Congresos y Seminarios Internacionales en los que Venezuela siempre venía orgullosa tras tu nombre. ¡qué inmenso homenaje te debe América Latina! Aquí y allá hicimos larga unidad fraternal con los galantes caballeros del GEDI, que eran y son lo mejor de la dramaturgia iberoamericana: Rovner, Kartún, Schimdhuber, De la Parra, Cabal, y yo que anduve por allí. Tú uniste al teatro de nuestras naciones. Y todos estamos cabizbajos hoy. Porque todos hemos perdido a un hermano de esos… de esos del alma, que con el amor de su Nación, nos hizo de todas las naciones iberoamericanas.

Yo perdí al hermano que me llevó a ver a una bruja en Palo Verde a las tres de la mañana; yo perdí al que siempre me elogiaba en exceso y con generosos regaños; yo perdí al que soñó que lo mejor del teatro siempre estaba en el trabajo solidario y socialista; perdí al que se exiló en Isla Margarita; al que se deprimía y hablaba de aquella mujer (¡sí, aquella tan bella!), que te había roto el corazón y que no podías sacar de tu mente; al guerrero que puso su esperanza en el Comandante Chavez y me hablaba de esa maravillosa revolución con un entusiasmo casi juvenil. No hace un mes atrás planeábamos por teléfono el nuevo encuentro en Caracas, un nuevo taller a nuevos dramaturgos a los que siempre diste tu generosa mano. Sí, coño… Yo perdí a un hermano. Y estoy muy triste; es una tristeza tan grande, una jodida tristeza sin lágrimas que me apaga… ¡hasta siempre, Rodo! Desde Puerto Rico, tu segunda Patria, mi aplauso cerrado a tu vida y a tu obra, mi abrazo al hermano y sí, que se joda… también mi lágrima.

Tuyo siempre,
Roberto Ramos-Perea
Dramaturgo Puertorriqueño

jueves, 15 de marzo de 2012

Antonia… o si será inútil la rabia. Por Roberto Ramos-Perea Dramaturgo Puertorriqueño

Carta a Antonia Martínez Lagares, a los 42 años de su vil asesinato impune.


Queridísima Antonia:

Ayer andaba por Río Piedras y me detuve justo frente a tu hospedaje de hace 42 años. Miré largamente tu balcón, el del segundo piso de la Ponce de León, allí, por las librerías, y un amigo con quien siempre comparto cuando voy por ese barrio, me dice, “ahí mataron a Antonia”.

Yo no le había hablado del tema, pero salió de su boca con una brillosa certeza inesperada. Es que el trabaja por allí, y todos los días, cada vez que ve el balcón, se acuerda. Y yo por ende también. Es ese balcón, sí, justo allí. Deberían poner una placa o algo. Sé que hay murales en tu nombre, con tu bello rostro reluciente de juventud, que acompaña versos de poetas guerreros. Pero allí donde caíste, no hay nada que te recuerde.

Cerré los ojos un instante, pretendiendo, como hago a veces, reconstruir en mi oscuridad, las emociones de algún pasado importante que no haya vivido. Pretendo oír las voces de ese mismo pasado resucitando en el presente, como una vieja película que se torna de pronto reluciente, o una obra de teatro en la que me siento en primera fila. Y desde mis lecturas, mis imágenes, mis sentimientos más íntimos de puertorriqueño… escuché.

Escuché el calor pesado de aquellas 6:15 de la tarde, cuando las hordas policíacas perseguían a tiros a cientos de estudiantes que durante ese día, el 4 de marzo de 1970, se habían levantado en armas, gritos y furia contra el militarismo en la Universidad de Puerto Rico.

Escucho los disparos a lo lejos, las patadas en el suelo de los que corren y gritan, siento el picor agrio del gas lacrimógeno que me irrita y me enfurece. Siento también el sordo golpe de la macana en una espalda, el furioso ay, el coño, el cabrón… el grito salvaje del que oprime, del que mata.

Allí, en tu balcón, estás hablando furiosa con tus amigos, con Celestino, con las demás muchachas… Hay en tu dulce rostro transfigurado una rabia de siglos que se va retorciendo en tu gesto, como un espasmo cósmico de ira, como si fuese el estruendo de un astro en llamas, el grito de un semidios enbravecido por la injustica… porque allí justo frente a tus ojos, un bárbaro macanea sin piedad a un estudiante, en medio de la calle, otros más patean sus testículos, le gritan, le pegan duro con las macanas y las botas con puntas de acero… te agarras de la baranda del balcón, con aquellas delicadas manos, convertidas ahora en garras… te inclinas hacia el frente, como si tu mirada fuese una llamarada, y tu pequeñita voz estruendea en huracán de rabia… ¡ASESINOS!!! ¡ASESINOS!!!

Luego acompañaste esas dos saetas de fuego con otras frases rabiosas, para que no golpearan más al pobre compañero que yacía sangrante en medio de la calle.

El bárbaro mira rápido; es tan magna la fuerza de tu grito, tan magnificiente el estentóreo gemir de tu dolor de mujer y de patriota, que el salvaje no puede evitar en reflejo cobarde, llevarse la mano al cinto, sacar la pistola y disparar intencionalmente contra tí, como si el estruendo de aquella bala te pudiese haber callado.

La sucia bala atraviesa tu cabeza de un lado a otro, y también hiere en su cuello a Celestino Santiago Díaz, que estaba junto a ti. Los pétalos de sangre derramada, como dice El Topo… hicieron que este pueblo no perdonara.

Lo demás ya lo sabemos. Aunque yo no estuve allí, todavía lo escucho en mi cabeza. La gente que te llevó al Auxilio Mutuo, tu muerte decretada al filo de la medianoche. Tu entierro doloroso, acudido por miles que cantaban La Borinqueña. Escuché entre balbuceos el duelo de Florencio Merced, de Rubén Berríos y del Comandante Marí Brás. Tu paso a la inmortalidad. Y esas tantas canciones a ti… ¡debe ser lindo eso de que te canten!

Yo no sé cómo es el sitio donde tú estás ahora, pero hasta allá deben llegar esos versos tan luminosos que te ha escrito El Topo… ese que dice, “Antonia, tu nombre es una historia de un pueblo que se busca y se ha encontrado en ti”, uf, ¡me gusta tanto esa canción!, porque con ella sé quién eres; y cantándola te amamos, Antonia.

De cómo te convertiste en un signo de esperanza, podemos dar fe todos los que hemos participado en los movimientos estudiantiles universitarios. Aquel militante que no sepa quién tú eres, debe remediar esa carencia ahora mismo, punto. Todos los que saben de ti, saben lo que es el valor y la rabia. Y cuando acepté hablar de ti, pensé, ¿que decir de Antonia que no sepamos ya?

Los datos de tu vida, que naciste aquí en Arecibo en abril del año 1949; que cuando te mataron, apenas te faltaban dos meses para graduarte de Maestra. Que tu crimen quedó impune porque quisieron culpar a un policía de plantón, de nombre Marcos A. Ramos, para ocultar el envolvimiento de otras agencias represivas que laboraban con la Policía de Puerto Rico. Y esto se supo en medio de las Vistas de Maravilla. Que el Policía que haló el gatillo anda por las calles, y aunque ya hoy deba estar viejo, enfermo o muerto, sigue impune y la impunidad no prescribe.

Que los verdaderos responsables de tu muerte lo fueron el Superintendente de la Policía, Luis Torres Massa, que ordenó la entrada de la Policía en el Recinto y protegió a tu asesino; el Dr. Jaime Benítez, Rector de la UPR que pidió la entrada de la Polícía para macanear a los estudiantes y el Gobernador de entonces, el anexionista Luis Antonio Ferré Aguayo que condonó y permitó todo esto. Todos con sus manos tintas de tu sangre, Antonia.

Si fue la rabia la que llevó tu corazón a abrir tu pecho de redención, es a lo que quisiera dedicar la reflexión que me impongo hoy. Yo siempre he querido saber si la rabia es inútil.

Y para averiguarlo necesito tu rabia, Antonia. Resucitar la fuerza de tu voz, tu gesto, tu contrita ira embravecida de tus 21 años de ilusiones y utopías. El valor, el coraje, los ovarios bien puestos para que aún a costa de tu vida, apostaras a una extraña rabia que nos ofreció la crudeza de la injusticia en toda su vergüenza. Ah, descubro algo importante. Un hondo sentido de justicia puede provocar una rabia iluminada. ¿Que puede costarnos la vida la expresión de esa rabia, como te la costó a ti? Tu vida de 21 años…

Imaginemos tu vida entonces, si esa bala no hubiese atravesado tus sueños… los desórdenes de la Universidad se hubieran calmado, tu coraje indómito habría encontrado una pausa. Te hubieras graduado, hubieses encontrado un trabajo de maestra aquí en tu Arecibo natal. Hoy tendrías 63 años. Creo que siempre hubieras sido independentista, pipiola, hostosiana o socialista, eso a la larga importa poco. Los que son independentistas de verdad, no cambian su sentir por estar en esta o aquella izquierda. Descubro otra cosa… tu rabia, motivada por la injusticia, supera las pequeñas parcelas de nuestras ideas políticas.

¿Cómo fue tu rabia? ¿La habías reprimido en palabras y gestos hasta ese día? O como la de muchos, fue creciendo, echando raíces, y a veces flores, soltándose en las conversaciones de la cafetería, en el hospedaje, mientras lees el periódico, o vas a clase con tus amigos…

Se dice que marchabas y militabas y lo hacías con una profunda convicción de la necesidad de un Puerto Rico libre, de nuestra ansiada república.

La rabia es también sorpresiva; vemos algo que nos aprieta el alma, vemos el sin sentido, el abuso, la violencia y allí sale, llena de su natural color humano; una rabia, que de pequeña, en un trino se vuelve rayo… y estalla sobre las cosas, para que nunca más vuelvan a ser iguales. Esa rabia que nos cambia, que nos alerta, que nos agobia, rabia insomne que día a día nos despierta prestos a una nueva lucha.

De algún lado nació esa rabia tuya, Antonia. Del hastío de ver un mundo donde las cosas cambiaban tan lento, de ver tanto valor y coraje reprimido. En tu época, la república no era tan ilusa y elusiva como lo es ahora. En tu momento la república era algo tangible, real, algo que podía llegar mañana mismo. Hoy casi nadie usa esa palabra… República. Y a mi me place mucho como suena: la República de Puerto Rico. Porque es la frase sencilla, real y justa del destino de este pueblo nuestro y de todos los pueblos oprimidos y colonizados por un imperio.

Y esa frase, cuando se duerme en los intereses de unos pocos, cuando se mancha con la política sucia y electorera que vivimos, cuando las bravías acciones del pasado, se someten a la “revisión” de programas de partido y a “nuevas visiones” de la lucha… no sé; me da miedo pensar que tambien esa frase –República de Puerto Rico- pueda perder sentido, como me parece que a veces le quieren hacer perder el sentido a la rabia. Yo como buen anarquista, creo en ella. Me la cuestiono, pero creo en ella.

Mucha gente cuestiona la rabia y la indignación. No le ven posibilidades electoreras o de triunfo. La rabia no produce votos, porque todo el mundo ahora es muy mesurado, muy imparcial, muy balanceado y moderado, cosa de no ofender a nadie. Como si para la ofensa, el ataque, la disidencia… hubiese que pedir permiso. Tú no pediste permiso para gritarle al asesino, el no pidió permiso para matarte.

Tú, amada Antonia, que con tu rabia te jugaste la vida, si hicieras hoy lo que hiciste hace 42 años, te ganarías muchos epítetos de parte de esa caterva de cobardes que solo buscan la mínima oportunidad de aparentar que luchan. Incluso te ganarías que te llamaran a capítulo algunos compañeros de la izquierda –como si no fuera suficiente la jodedera de la derecha-, y te dirían, oye, baja el tono que te enajenas, que nos separamos del pueblo, que los que expresan su rabia son tomados por locos, desorganizados y anarquistas.

¿Cuál es el miedo de nuestro pueblo a expresar indignación como lo hiciste tú? ¿Qué cosa se rompió en nuestro corazón que nos volvió a todos cobardes medidores de cada palabra que decimos? Ahora no ofender al enemigo es casi una consigna. Entre la misma izquierda, ¡cuestionar una injusticia de algún compañero, o la irracional estrategia de algún partido, es un pecado supramortal!

Incluso somos tan educaditos y civilizados a la hora de hablar de la dictadura. Mira tú, la cantidad de gente que me pide que no use esa palabra cuando hable de este gobierno, porque les parece que estoy “exagerando”. Lo siento, soy anarquista, me fastidia que me den órdenes.

Y yo no hablo de tomar armas. Creo que esa discusión nos ha dividido más de lo que nos ha unido. Y el mismo Comandante Filiberto Ojeda Ríos, antes de lo mataran a tiros los salvajes del FBI, nos había pedido Unidad independentista. Y esa unidad no llega, y como van las cosas, creo que no llegará nunca.

Entonces me pregunto, ¿puede unirnos la rabia? ¿Puede volver a juntarnos la indignación contra la injusticia? Esa fuerza sobrehumana, sencilla y directa, que tú y tantos otros nos enseñaron, de gritarle asesino al que mata, corrupto al que roba, hipócrita al que condena lo que él mismo hace, buscón al que engaña… gritarlo, sí. Bien duro, señalarlo, directamente, sin temor, a riesgo de que te disparen o te golpeen, o te boten de algún programa de radio. Esto último lo digo con conocimiento de causa.

¿Es útil gritar la indignación si luego de ella serás un perseguido, un marcado, que puedes quedarte sin trabajo, sin el sustento de tus hijos, sin casa, sin nada…? Que incluso por gritar tu indignación pueden sencillamente matarte o desaparecerte? Porque si eso pasa, Antonia, es humano e inevitable preguntarse si valió la pena gritar la rabia para con ella perder todo lo que se había ganado.

Oye, pero tampoco podemos vivir una rabia “light”, “posmoderna”, esas rabias de café, a medias, sin calorías, edulcoradas con farragosa intelectualidad o pero aún llena de complicidades y eufemismos. Eso y el silencio, es casi lo mismo.

La pregunta es, antes de la rabia… ¿qué realmente hemos ganado con nuestro silencio? ¿Acaso no hemos aprendido que todo silencio es cómplice?

Oye este cuento: En junio de 1867, en la Hacienda El Cacao, Betances se reúne con los tres comisionados que habían estado en las Cortes de España pidiendo reformas para Ultramar. Con él y de su lado, Segundo Ruiz Belvis y muchos otros puertorriqueños deseosos de saber cuál era el verdadero panorama para una reforma en Puerto Rico. José Julián Acosta explica como puede, que las cosas no salieron bien, que había que buscar otras estrategias para que la reforma se pudiera negociar, pero que no había ambiente para ello. Betances, enfurecido, en rabia, irreductible, se levanta y pide que los que están reunidos allí, hagan el solemne compromiso de luchar por la independencia del país. Que ya bastaba, que era sufuciente eso de andar mendigando reformas a España y que era hora de que se trabajara por la República, antes de tener que seguir soportando impuestos, persecuciones, leyes omnímodas e injustas contra nuestro pueblo. Luego del violento exabrupto de su rabia, un silencio se apoderó de todos. José Julián Acosta toma la palabra y se distancia de Betances de medio a medio. La reunión se divide entre reformistas y separatistas: fue un momento complicadísimo en la historia de este pueblo nuestro. Los reformistas quieren negociar. Los separatistas quieren la revolución. Fue entonces que aprendimos de Betances que la libertad no se negocia, se toma. Y de Acosta aprendimos que no puedes confiar en lo que te promete quien te esclaviza. A los reformistas los metieron presos por el Motín de los Astilleros con el que nada tuvieron que ver. Betances y Segundo se lanzan al clandestinaje. Segundo a Chile y Betances a armar la revolución desde San Thomas.

¿Qué habría pasado si Betances no hubiese hablado desde su rabia?

La rabia tiene en su corazón de furia un sentido, una dirección y sobretodo una causa. Mira, Antonia, otra palabra limpia: causa. ¿Tienen una justa causa todas las rabias que nos aguantamos hoy? El joven por quien gritaste… ¿qué fue de él? ¿Acaso cambió su segura muerte por la tuya? ¿Fue tu intención y tu causa de justicia y libertad, tan grande y suficiente para que tu hermosa vida valiera tanto como la hermosa de él, abatido y sangrante en medio de la calle? O acaso… y esto me conmueve mucho pensarlo…. ¡Ambos dolores se hicieron uno en el dolor de la patria!

Tú, oprimida, gritaste para salvar a otro oprimido. A ti te mataron, pero tu muerte le salvó la vida a ese estudiante que no conocemos, cuyo nombre es cualquiera, cuyo nombre es pueblo. Ah, ¿ves Antonia? ¿Cómo empieza a ser útil la rabia?

Y tras perderte, al perder la tersa mano tuya que les daba cariño, la mirada tierna y amorosa de una hija sacrificada y dedicada… qué ganó tu familia? Y alguien me contó que tenías un novio. No sé si es cierto ni pude saber como se llamaba, ni cuánto lo querías… pero ¿qué ganó él? ¿Le fue útil tu rabia? Tal vez, en la limpieza del amor, se preguntaron, ¿por qué le gritaste a ese maldito policía? ¿Por qué no te metiste dentro del hospedaje a esperar que pasaran los tiros… ¿por qué a ti, si con tu muerte se perdieron tantas esperanzas? ¿Qué ganó tu familia con tu muerte?

Yo no lo sé. Pero son preguntas tan dolorosas, tan directas… pero tan necesarias para calmar el alma. Considerar y aceptar que el ser amado tiene su propias elecciones, sus propios rumbos, sus propias rabias que lo llevan a hacer esto o aquello, es una tarea de desapego enorme, pero aún más, de respeto por lo que cada quien decide hacer con su vida.

Yo tengo historias de éstas. Mi tío, Ulpiano Perea, desobedeciendo la orden seca de mi abuelo- se fue a Ponce el 21 de marzo de 1937. Se puso su uniforme de Cadete de la República y allí lo sorprendió la muerte a manos de un vengativo policía puertorriqueño que lo partió en dos con una metralla. Desde ese día, a mi familia materna le dio mucho trabajo levantarse de su miseria –Ulpiano era el único sostén económico- y con su muerte se instaló para siempre en nuestra casa una continua evaluación del patriotismo.

No es consuelo tampoco decir que tu familia te perdió, pero que nosotros te ganamos. No me parecería noble ni justo, sino utilitario. El héroe de la Patria es útil, ante todo, a los que le aman.

Estas preguntas podría contestarlas con poesía… a veces la poesía es mucho mejor que cualquier argumento de último minuto.

Concluyo que tu rabia fue útil. Es la rabia que marca las bofetadas de la historia, la que mueve las montañas, la que preña los vientres de la revolución.

Es difícil pensarte solo como una jovencita de 21 años, que fue asesinada por el tiro de un vil. Que estaba en el sitio equivocado a la hora equivocada, allí, sin responsabilidad alguna… o que te mataron por inocente.

No, Antonia, gritaste aquel día porque eras mujer, porque eras puertorriqueña, porque eras maestra, porque habías venido al mundo a construir y a mejorar, porque eras libertaria y justa, gritaste porque no hay espacio en la bondad del ser para la vileza. Gritaste Antonia, porque en tu voz, gritó tu pueblo.

Y además, ¡basta ya de eufemismos cobardes! Gritaste por que la rabia no es inocente. Y tú, Antonia Martínez Lagares, tú con tu acto nos enseñaste que la rabia que sale de la entraña de la Patria SIEMPRE ES JUSTA y SIEMPRE ES ÚTIL.

La pregunta es ahora para nosotros, puertorriqueños que vemos el carnaval de asesinos de la justicia gobernándonos. La pregunta es para los que nos encogemos de hombros cada vez que sale una nueva noticia del robo de millones del pueblo, del chantaje de las religiones, del maldito chisme político banal, de las atrocidades de nuestra actual dictadura… ante todo este desastre, ¿qué hacemos con nuestra rabia?

¿Podemos desde nuestros balcones gritar ASESINOS!!!, como gritaste tú? Y los que lo hemos hecho ya, ¿de qué nos ha servido?

Entonces nos piden que nos organicemos, que hagamos partidos y movimientos para dar canal a esa rabia diaria que nos agobia… pero nuestros partidos también tienen que moderar sus lenguajes para no enajenar. Las organizaciones políticas tienen que hacer estrategias, conseciones, alimentar líderes que den guía y dirección a esta rabia alocada y anarquista. No sé… entre tanta condición impuesta, la rabia se congela en mueca triste y vacía.

A mi, mi querida Antonia, déjame tu rabia útil y pura. Déjame tu rostro en los murales, déjame tu pequeña pero vital hazaña en los libros… abrázame con ella, enséñame a deletrear esa palabra- ¡¡¡ASESINOS!!!- para poder decirla siempre en furia vengadora. Haz mi rabia útil como la tuya. Porque la tuya fue útil. No solo te sembró frondosa en la historia de esta Nación nuestra, no solo te ganó el merecido espacio de mártir de la República soñada, me dió a mi, a los míos, a los niños del futuro, esa dulce y susurrada pregunta… “¿Quién fue Antonia?”

Antonia fue la que nos enseñó a gritar la rabia, Antonia nos enseñó que los pueblos no perdonan ni olvidan, Antonia es una historia de un pueblo que busca y se haya en su finos labios que nos besan en huracán. Antonia es tantas cosas del alma ungida de revolución, que recordarla todos los años, más que una obligación, será un privilegio para el alma. Bella mujer puertorriqueña, patriota entera, ovario fuerte y generoso, que da a luz al retoño de la esperanza, tu, querida amiga y compañera, me quedo con tu imagen reluciente, me quedo con tu grito, me quedo con tu savia, porque sí, tu rabia es útil. Ha sido útil porque nos trae aquí a recordarte. A recordarte la falta que nos hacen puertorriqueños como tú.

Por favor, guerrera, renace en los vientres de nuestra nación, sigue gritando tan alto como pueda tu memoria, porque esa rabia, querida mía, es santa!

Y si la República ha de vivir en el corazón del grito, que sea tuyo el grito en furia la que la proclame. ¡Viva la República, abajo los asesinos!

Quedo de ti, siempre tuyo.

lunes, 16 de enero de 2012

Contestación a Edgardo Rodríguez Juliá sobre el tema de Calle 13 y el Ateneo.

Por Roberto Ramos-Perea.

Dramaturgo Puertorriqueño

Asombrosa la columna “La calle al revés” del día 15 de enero de este año en El Nuevo Día, del escritor Edgardo Rodríguez Juliá. La discuto.

Calificar “el arte contemporáneo” como “mierda”, es prueba suficiente de que el compañero tiene algún resentimiento en el que se incluye con beneplácito en el oloroso apelativo, pues sus novelas ciertamente son parte de eso que llamamos “arte contemporáneo”.

Señala este novelista que “basta que a alguien se le ocurra una idea, o un “concepto” y, ¡eureka!, se trata de una obra de arte y un artista”. Bueno… ¿y no se supone que sea así? Todas las grandes reacciones a lo establecido como arte se han regido por ese sencillo principio. Así nació el renacimiento, la ilustración, el barroco, el neoclásico, el romanticismo, el realismo, las vanguardias y el arte posmoderno. Es decir, que este notable escritor elimina de un plumazo la naturaleza misma de la evolución artística. Desafortunada aseveración de un profesor universitario.

Para sostener su argumento exige que todo artista deba acudir a las aulas a educarse en los principios de su arte, -cosa a la que nadie podría oponerse- y sentencia que “quizá, algún día” ese hipotético artista pueda convertirse en genio. Vaya, ¡tan largo me lo fiáis! El artista según Rodríguez Juliá tiene que complacer los criterios y el gusto de los que dominan el oficio, pasar su censura, cedazo y gusto, para merecer llamarse artista. ¿Quiénes son esos y quién les dio la autoridad para decidir cosa tan trascendental a la evolución del arte? ¿Se considera él, uno de ellos? El, que concibió e intentó, como un ¡eureka! un arte de novelar testimonial que si bien agradó a muchos, también puso a desproticar a otros que consideraron que El entierro de Cortijo era “una mierda” de novela. Decir tamaña cosa sobre la necesidad del estudio para quedar autorizado a la expresión artística nos llevaría a quemar las obras de Van Gogh, por ejemplo, porque nunca tomó un curso de dibujo o la misma música de Cortijo, Maelo, y tantos soneros de los que el escritor es fanático, simplemente porque no estudiaron en el Conservatorio de Música.

Dice este novelista que Puerto Rico “es un país a medio hacer” (juicio de Puerto Rico que es remedo del de Jacinto de Salas y Quiroga, poeta español “Puerto Rico es el cadáver de una sociedad que no ha nacido”. 1839.). Bueno, muchos creen con más asertividad que este es un país “a medio gobernar”. Si el compañero confunde los despóticos gobiernos que hemos tenido con las insuficiencias que el pueblo ha padecido por esa misma causa, entonces el compañero no conoce lo que es resistencia, nacionalidad, identidad y producción cultural a la que él mismo ha contribuido con su quehacer. Si es el país y no su gobierno el que está “a medio hacer”, él mismo tiene buena parte de la culpa por apoyar a gobiernos que han “medio hecho” al país.

Se lamenta que “los puertorriqueños inventamos el reguetón”. Si busca en el mismo Google a donde él nos ha mandado, se dará cuenta de que no es una invención del todo nuestra, sino una fusión de muchos intentos y ritmos de otras latitudes que en el proceso dinámico de influencias e intercambios, crea una singularidad que algunos han llamado “nuestra” y que tiene todo el derecho de ser “machacona cantaleta” y a quien debe concedérsele, en aras de la “democracia” creativa, “la rabia lumpen”. Hace tiempo que los intelectuales debieron dejar de usar la palabra “lumpen” porque en su despreciable relatividad, dice más de nosotros, que de lo que realmente queremos cualificar. Sería bueno que Rodríguez Juliá tuviese la pública oportunidad de definir ese “lumpen”. Sobretodo desde una óptica socialista e igualitaria, y ante todo justa. Llamar lumpen al títere de la calle, al tecato, al asesino, al drogo, es ante todo un reduccionismo capitalista –e infantilista de izquierda- que desconoce las razones políticas, sociales y culturales de nuestra miseria moral. Pero esa frase ante todo, es un desprecio de blancos.

Al llamar al reguetón “horrible música”, no deja mucho espacio a la valoración justa de un género que puede ganarse todo nuestro disgusto, pero no podemos, en respeto a la inteligencia negarle su originalidad y su misión como vocero de realidades que no se conocen en Guaynabo City donde vive Rodríguez Juliá. ¿Por qué negarle el mérito de ser expresión genuina de la violencia de nuestras calles, de nuestros bajos fondos, de corrupción moral, de miserias y también, ¿por qué no?, de nuestras esperanzas, sueños, sexualidad, anhelos, amores y afectos? ¿No es eso lo que hace el arte de la novela que practica el colega, y que practico yo en el teatro? Sí, obvio, pero no andamos por ahí, en respeto a nuestra inteligencia y nuestra capacidad crítica, vomitando lo “horrible” que es la literatura puertorriqueña. ¿Por qué? Porque se trataría de meros y baratos gustos y opiniones y los años nos han enseñado que de gustos y opiniones no se discute.

El colega escritor remata con refinísima blancura aristocrática que “la popularidad global de Calle 13 sólo es prueba de que el gusto actual está en el mero “anus mundi”. ¿Dónde realmente queda el “anus mundi”? ¿En la antípoda del “anus blancus”?

Comparar las penurias y sacrificios de los jóvenes que componen la Sinfónica Juvenil de Venezuela “que dominaron el solfeo”, con “chamacos frescos de la clase media puertorriqueña, versión Trujillo Alto, que asaltaron la fama de los nueve Grammys latinos”, es una símil traída por los pelos, pues hablamos de espacios sociales diferenciados e intervenidos por elementos foráneos que a su vez crean productos culturales propios de su contexto, ¿por qué omitir esto tan obvio para marronear un argumento? Si no le gusta la canción Latinoamérica de Calle 13, derecho tiene. Pero no me haga pasar su opinión como un criterio de excelencia.

Llamar “autócrata” a Chávez nos obligaría a preguntar si el colega tiene algún otro autócrata en mente que haya influenciado a Calle 13, el país donde nació y la música que canta. Nos parece caprichosa y colorida la designación de un político que puede no ser simpático a mucha gente, pero ¡qué curioso!, mira de dónde viene el reaccionario apelativo, de un escritor en un país donde ¿no manda también un autócrata, que no tendrá petróleo, pero ha sido todo un experto en el robo de fondos federales y en la explotación de su pueblo?

El ataque al escritor Eduardo Galeano nos suena a sangrado personal. Llamar simplista a una de las voces más potentes en el análisis de lo que es y ha sido la resistencia latinoamericana –cosa que él mismo no podría negar si realmente la conociera y la juzgara con sencillos principios y valores socializantes-, es harto simplista. Digo, yo me imagino que Rodríguez Juliá como intelectual y escritor ostenta en su escala de valores, valores socializantes y democráticos, me parece. Si no es así, que aclare a qué valores sirve su obra. Digo, para estar claros de con quién hablamos, ¿no?

Si para este escritor puertorriqueño el imperio yanqui no es maligno, entonces enmudecemos por asombro… ¡nada más que hablar!, desde 1898, según él, hemos vivido en las papas. Y entonces, ¡ya apareció el peine! Y lo justifica con la atroz generalidad de señalar que los latinoamericanos prefieren ir a Estados Undios a ser esclavos, que luchar por sus países. Coño… esto es afrentoso, no solo contra los emigrantes a quienes ha llamado menos que mierda, sino contra los millones de muertos caídos en las luchas antiimperialistas latinoamericanas y puertorriqueñas, a quienes ha llamado en palabras “finas”, cobardes y pendejos.

Entonces su simplismo se pone necio al señalar que tal lucha es una cursilería izquierdizante que convenció a los “sabios del Ateneo” y a “Luis Gutiérrez”. Y luego de este derechismo fascista tan apabullante podría acabar nuestra discusión con una buena andanada de insultos. Pero prefiero recordar que este escritor fue el que un día entró al Ateneo y admirando la Galería de Puertorriqueños Ilustres entre los que se encontraba Betances, Albizu, Segundo, Tapia, Hostos, Julia de Burgos, De Diego, dijo con desparpajo insolente, “¿quienes son todos esos viejos chivús y qué habían hecho para estar allí?” Y que no lo niegue porque soy testigo. Tal vez desde allá vienen los resentimientos de este escritor con el Ateneo. Pues le informo que sí, que en el Ateneo hay sabios. Los ha habido, los hay y los habrá, si sabiduría es la iluminada presencia de la combinación entre la inteligencia y la sensibilidad, el respeto por el pasado, la comprensión del presente, la compasión por el futuro y el compromiso de mejorarlo y sobre todo la madurez de la tolerancia. De esta sabiduría, Rodríguez Juliá no tiene y el Ateneo tiene 138 años de lucha y logro por la identidad de la Nación puertorriqueña.

Dice además que “René y Calle 13, quien cuenta entre sus grandes virtudes patrióticas haber insultado a Fortuño e insinuado la afición al dulce de coco por el alcalde Santini”… bueno, tal vez entre las grandes virtudes patrióticas debería estar la expresión de la indignación y el ridículo para el que ostenta el poder “autocráticamente”. Que bien estaría si todos expresáramos la reacción fuerte, vigorosa, insultante y clara contra el que nos ofende y nos ultraja… y no la petulancia de creerse estar por encima de la indignación con una herramienta tan pueril como la soberbia intelectualoide, la indiferencia y la indolencia. ¡Ojalá y todos pudiéramos insultar y ridiculizar al Gobernador en el espacio público que él lo hace todos los días!, y aún haciéndolo, no igualaríamos jamás al insulto, ultraje y desvergüenza que Fortuño y Santini han derramado sobre su pueblo en todos sus años de desgobierno.

Sobre si Oscar López merece más la medalla que Calle 13, bueno, sobre eso no hay discusión sino una aclaración. Oscar López ha dado su vida por esta patria, y por esa razón, el Día de la Bandera, la máxima actividad de afirmación identataria que hace el Ateneo, se le dedicó a Oscar López Rivera. En su nombre se izó una bandera que es la bandera de todos los puertorriqueños, -puede ser que no sea la de Rodríguez Juliá-, pero sí es la de todos. No hay medalla –llámese como se llame- que supere ese honor que el Ateneo otorga. Y ese honor lo recibió ese inmenso patriota que es Oscar López Rivera, a quien el Ateneo ha honrado, no solo ese día, sino en varias otras ocasiones que Rodríguez Juliá desconoce por su encierro en su finísima torre de marfil.

El izamiento de la enseña nacional se le ha dedicado al Movimiento Estudiantil de la UPR, a muchos otros patriotas y a la bandera misma. El que el Ateneo acuñe una medalla con el rostro del Padre de la Patria, es precisamente un símbolo de que quienes la reciben, viven y luchan por las mismas cosas que Betances luchó. Calle 13 ha integrado a Puerto Rico al alma latinoamericana a través de su canciones y su insobornable compromiso con las luchas igualitarias de nuestro continente latinoamericano. Esto ha sido reconocido, no solo por el Ateneo sino por todas las hermanas repúblicas latinoamericanas. Aquí, este “gobierno” a medio hacer, no le permite un concierto.

¿Ganó notoriedad el Ateneo por esta acción? Después de 138 años de lucha por la identidad nacional, después de izar la bandera sola en los jardines del Ateneo, después de sobreponernos a gobiernos tiránicos como el de Roselló y Fortuño, y ahora a las sabidurías inamibles de Liza Fernández, ¿necesita el Ateneo “la notoriedad y celebridad de los nueve Grammys”? No creo.

En el ejercicio de su libertad, (o mejor decir: porque le dio la realísima gana), el Ateneo ha hecho este merecido homenaje a Calle 13 y se refirma en él. Aunque yo no puedo hablar en su nombre porque soy solo uno en una Junta de 17 personas de criterios diferentes –como institución de tribuna libre y democrática-, sentencio desde mi criterio, que esto es así.

Tras años de status quo con respecto al rol del Ateneo ante la sociedad, el nuevo Ateneo ha decidido que se debe a su pueblo más que sus intelectuales. Ha decidido democratizar su labor a la gente a la quien sirve. Esto no se pudo hacer por mucho tiempo, pues presidió el Ateneo una forma de pensar muy blanca y elitista, para quien Calle 13 representaría lumpen, incultura y poca finura. Ahora, con la nueva Junta, el pueblo puertorriqueño recibe al Ateneo como lo que siempre debió ser, la Casa de la Patria, no una égida de intelectuales blancos, temerosos del gobierno, dedicados a escucharse entre ellos mismos. El Homenaje a Calle 13, al prisionero político Oscar López y la colocación de la estatua del proscrito Betances, ratifican ese compromiso inalienable del Ateneo con su pueblo.

Creo que el frívolo es Rodríguez Juliá, el que necesita revisar sus nociones de puertorriqueñidad es él, ya que sus ideas políticas han hablado con inmensa claridad sobre el olímpico salto que acaba de dar. Es una pena. Por esta misma razón, las futuras generaciones tendrán que buscar a Rodríguez Juliá, no en sus obras, sino en el “Rincón del vago”, en Google.